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Los recortes como señal

12 Jul, 2012 - - @egocrata

Los recortes que ayer anunció Mariano Rajoy son una criatura curiosa. Por un lado están relativamente bien diseñados e incluyen buenas ideas: subir el IVA y bajar las cotizaciones sociales, crear impuestos sobre contaminación, intentar arreglar el galimatías del déficit tarifario en las eléctricas y eliminar la deducción a la vivienda son todo medidas necesarias que deberíamos haber implementado hace años.

Por otro lado… bueno, es una enorme contracción fiscal en medio de una depresión económica. Por mucho que el estado necesite dinero desesperadamente (y haya aprobado una serie de medidas bastante razonables para aumentar la recaudación) esta clase de ajustes hacen un daño descomunal al crecimiento económico de un país. España no tiene dinero para pagar sus facturas ahora mismo, y no tiene tiempo ni recursos para generar suficiente crecimiento a corto plazo para salir del pozo. Mientras los líderes europeos sigan obsesionados con vivir en Austeria, el país está prácticamente metido en un callejón sin salida. Podemos realizar todos los ajustes fiscales que queramos, incluso con planes bien diseñados, pero cada euro que ahorramos disminuye la actividad económica lo suficiente como para reducir la recaudación. Es muy probable que un ajuste de 65.000 millones acabe ahorrando 32.000, con el resto simplemente desvaneciéndose en la recesión.

¿Por qué estamos haciendo esta clase de ajuste canibal, entonces? Como comentaban por el Economist ayer, este ajuste no es sólo una medida de política doméstica, sino una señal hacia al exterior. Más concretamente, es un mensaje al BCE y Alemania diciendo que el gobierno español está dispuesto a hacer su parte en el trato que debería acabar por solucionar la crisis: nosotros aceptamos una disciplina fiscal draconiana con una fuerte supervisión europea a cambio de crear un mecanismo de ajuste (en este caso, una unión bancaria) que nos permita salir del pozo. No es una solución ideal (como menciona este estudio de ING, la opción más viable es la más simple -inflación- pero el BCE no quiere hacerlo), especialmente porque incluye condenar a millones de familias a años de pobreza y sufrimiento, pero nadie se fía de nosotros.

Esta, de hecho, es la gran tragedia de estos últimos meses: Mariano Rajoy y su gobierno, que llegaron al poder como una página en blanco, consiguieron con sus astracanadas, medidas populistas, retrasos y total falta de planificación que nadie en Europa confiara en ellos. Este ajuste podría haber sido mucho menor, y la agonía de los consejos europeos y la prima de riesgo mucho menos dolorosa, si Rajoy hubiera tenido un plan de actuación racional, decente y sensato cuando llegó a Moncloa y los europeos no hubieran tenido que imponernos uno. No fue así, sin embargo, y hemos acabado con medidas desesperadas.

Lo que debemos tener en mente, sin embargo, es que los ajustes son sólo parte de la solución: España debe aprobar todas esas reformas estructurales que nos exige el MOU, como mínimo, y probablemente un buen carro más. No tenemos margen fiscal para políticas de demanda (y en una economía tan abierta, gran parte del efecto de estas se iría a importaciones), pero hay un montón de reformas estructurales del lado de la oferta (competencia, liberalizaciones, mercado laboral, horarios comerciales, colegios profesionales, burocracia, favorecer crecimiento de las empresas –este artículo es imprescindible, por cierto-, reforma institucional, financiación autonómica…) que son igual de urgentes y llevamos años dejando de lado.

Mucho me temo que Rajoy va a creer que ya ha hecho los deberes. Ni de broma. Queda muchísimo por hacer.

Nota al margen: no, no sube impuestos a los ricos. Sobre este tema me remito al artículo de hace unos días sobre el IVA; este ajuste hace que nuestro sistema fiscal se parezca más al de los países nórdicos, no menos.