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¿Son los recortes la única opción?

18 Jul, 2012 - - @egocrata

Vaya por delante: los recortes del gobierno de Rajoy son una mala idea. Es algo de lo que hablamos largo y tendido en la tertulia del domingo, y no quiero repetirme demasiado. Sí, una contracción fiscal afecta negativamente la tasa de crecimiento de una economía, y sí, los recortes de Rajoy van a meter el país en otra recesión. Hay escenarios en que una subida de impuestos y recorte de gastos ayuda al crecimiento económico (léase: Estados Unidos, 1992-1993, por ejemplo); este no es el caso de España.

El problema estos días, sin embargo, es que no estoy seguro que España tenga otra alternativa. Aunque el recorte fiscal que ha presentado el gobierno es una idea atroz, el resto de opciones son o igual de malas o incluso peores.

Empecemos por lo fácil: la posibilidad de otros ajustes o recortes «de izquierdas». En teoría el ajuste fiscal podría haber sido diseñado para ser lo menos regresivo posible, con medidas destinadas a eliminar el déficit tarifario en el sector eléctrico,  impuestos ecológicos, recuperando el impuesto sobre el patrimonio, persiguiendo el fraude (nota: en contra de lo que dice el mito, esto recauda relativamente poco dinero), subiendo (aún más) el IRPF, eliminando deducciones fiscales regresivas, y así hasta llegar a 56.000 millones. Aunque las consecuencias distributivas serían ligeramente mejores (no mucho: recordad, los impuestos no redistribuyen demasiado bien), el efecto macro de un hachazo de 56.000 millones sería básicamente idéntico: un desastre horripilante que crea pobreza y desesperación.

El gobierno debe meterse en una contracción fiscal, sin embargo, porque realmente no tiene más remedio. Como comentaba Jorge Galindo hace unos días, no nos quieren prestar dinero; el estado está gastando lo que no tiene. El déficit primario español (es decir, excluyendo intereses de deuda ni rescates bancarios) es un 6% del PIB; es decir, De los 370.000 millones largos de gasto público en España, casi una sexta parte (60.000 millones) los tenemos que pedir prestados. Si  al gobierno le diera un síncope y decidiera que no vamos a pagar nuestra deuda, aparte de destruir todo el sistema bancario de la eurozona (¿os acordáis de Lehman? multiplicadlo por veinte), seguiría teniendo un agujero fiscal de 60.000 millones que tiene que ser pagado de algún modo.

En condiciones normales cuando un país se mete en un berenjenal de esta clase (y su deuda está denominada en moneda nacional) siempre tiene una salida relativamente sencilla: devaluar. Simplemente, el estado declara que el dinero vale menos de lo que valía antes, y por tanto sus deudas son más fáciles de pagar. Junto con un poco de inflación (derivado que ahora las importaciones se encarecen) esto acostumbra a ser suficiente para que los mercados te dejen más o menos en paz, por mucho que sigas comiéndote una recesión y estés empobreciendo de facto a tu ciudadanía.

Estando como estamos en la eurozona, esta opción no está a nuestro alcance. Lo único que podemos hacer es una combinación entre medidas que generen crecimiento económico pero que no cuesten dinero que contribuyan a cerrar el agujero mediante crecimiento por una lado, y contracción fiscal para evitar una bancarrota algo que va en dirección contraria a ese crecimiento. España tiene a su alcance una buena cantidad de reformas estructurales que generarían crecimiento a medio / largo plazo, y el gobierno haría bien en aprobar tantas como fuera posible (no lo está haciendo), pero el dinero lo necesitamos ahora, no el 2014, y nadie se fía de nuestro celo renovador.

Queda, claro está, la posibilidad de una solución europea… y en este apartado, es difícil ser demasiado optimista. La opción teóricamente más simple e indolora, que el BCE forzara una subida de la inflación al 4-6% durante unos años, es completamente imposible por la mera razón que el BCE no quiere hacerlo. Crear un superestado federal europeo con transferencias fiscales reales es políticamente inviable a corto/medio plazo. Nos queda la unión bancaria y la creación de eurobonos más o menos camuflados, que es lo que nuestros amados dirigentes están intentando hacer ahora mismo. Es una solución viable, aunque no del todo óptima, aunque las suspicacias de los países del norte del continente está forzando a los países del sur a demostrar que son responsables a base de draconianos programas de recortes fiscales. Es decir, reventar la economía para demostrar que eres digno de recibir ayuda.

¿Hay un escenario ahí fuera donde España puede salir de la recesión sin torturarse en una infinita serie de recortes presupuestarios? Sí, claro que existe. El problema es que es políticamente imposible a nivel europeo. Lo único que nos queda es, mal que nos pese, intentar dar tantas señales creíbles como podamos que somos un país serio (algo que Rajoy ha sido incapaz de hacer), aprobar tantas reformas como podamos para que cuando podemos dejar de automutilarnos crezcamos con ganas, y rezar que los dirigentes de la eurozona entren en razón a tiempo.

El infierno donde nos hemos metido es fruto de errores pasados, tristemente. No hay mucho más que podamos hacer.  Y sí, las reformas pueden ser de derechas o de izquierdas, y Rajoy escogerá las primeras. Qué remedio.