Política

España contra sus jóvenes (I)

26 Jun, 2013 - - @kanciller

Desde que comenzó el ajuste presupuestario en España en 2010, los sucesivos gobiernos han optado por aplicar recortes a unos capítulos y no a otros. Ello ha llevado necesariamente a que el reparto de los costes no esté siendo equilibrado entre diferentes sectores sociales – y no solo me refiero a las rentas del capital. Desde que comenzó la crisis, y creo que es difícil negarlo, uno de los sectores sociales más damnificado ha sido el de los jóvenes. Por ejemplo, solo entre 2007 y 2009 la pobreza infantil creció un 45% en España mientras que los pensionistas mantuvieron (o hasta ganaron ligeramente) poder adquisitivo en el mismo periodo.

Hay que pensar que este hecho, que hace referencia a la justicia inter-generacional en los Estados de Bienestar, no es un tema nuevo. Ya desde los años ochenta se ha advertido en EEUU una tendencia similar a la que hemos visto en España, con un aumento alarmante de la pobreza infantil y juvenil. Sin embargo, la generalización de la pobreza entre menores de 25 años en la OCDE ha ido en paralelo a una disminución de la pobreza entre los ancianos. Mientras, el envejecimiento de la población ha llevado a que nuestro país sea uno en los que los jóvenes son dejados de lado en mayor medida pese a que numerosos académicos siguen insistiendo en que la inversión en juventud es tanto eficaz como equitativa.

Del mismo modo, que exista un sesgo en favor de los ancianos en el Estado de Bienestar se ha combinado con la dualidad del mercado de trabajo – que afecta mayoritariamente a los jóvenes. Esto, además de hacer a nuestro Estado de Bienestar poco redistributivo, ha tenido implicaciones sociales importantes como son la menor natalidad o tardía emancipación juvenil, haciendo así de España uno de los países más envejecidos de toda Europa. Ello ha hecho de las familias la red fundamental de seguridad, tanto para lo bueno – cierta solidaridad intergeneracional – como para lo malo – ascensor social averiado.

Pero ¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Por qué unos sectores sociales sufren más el ajuste que otros? ¿Hay razones estructurales o políticas para que los jóvenes siempre sean los paganos, ya en bonanza o en crisis? Algunas de estas preguntas afronta Pau Mari-Klose en su artículo titulado “Prioridades poco prioritarias. Jóvenes en la agenda gubernamental en España 1982-1996”. Aunque por el ámbito temporal pueda parecer obsoleto, el artículo nos ofrece un marco interesante para el análisis porque intenta desentrañar las causas políticas del abandono a los jóvenes en la acción pública. Algo que puede viajar muy bien a nuestros días.

En el análisis de Mari-Klose hay dos partes diferenciadas. En la primera lo que se centra es en contrastar en qué medida los programas electorales del PSOE – entre 1982 y 1996 – mencionan a los jóvenes como fundamental en sus políticas. Sabemos bastante bien que los políticos cumplen (bastante) sus programas y que deciden sus políticas basándose en ellos. Aunque el análisis está pidiendo a gritos una extensión al periodo 2004-2011 y una base de datos más exhaustiva – tirando de Party Manifesto Project – en general el autor señala que mientras que en 1982 y en 1986 los jóvenes son mencionados como prioridad en 1982 y 1986, esto decae radicalmente en 1989. En este programa se introducen nuevos temas y los jóvenes son menos prioritarios, igual que en 1993. Solo en 1996 el PSOE hace propósito de enmienda en esa materia y reconoce que ha perdido la sintonía con los jóvenes, alegando que ha dejado de lado a toda una generación.

La segunda parte del análisis, Mari-Klose se centra en la centralidad de los jóvenes en la agenda, algo que analiza desde tres ángulos: el de la visión intelectual, el de los promotores políticos y el de los incentivos electorales. En esta entrada trataré solo los dos primeros y dejaré el último para otra entrada.

Las visiones intelectuales se refieren a los marcos mentales, los modelos, que tomó el PSOE para su acción de gobierno. Pese a que se argumentaba que la socialdemocracia nórdica eran las principales influencias del PSOE, no parece que haya referencias para que los socialistas españoles fueran más partidarios de políticas para la tercera edad que de cualquier otra. De hecho, hasta 1985 sus políticas tuvieron más que ver con la educación y la ocupación. Sin embargo, con la reforma de pensiones de ese año – que implicó una movilización sindical – empezó un giro. Hasta tal punto que el santo y seña del PSOE pasaron a ser las pensiones y la sanidad, y sobre eso no hace falta hacer mucha memoria (El “Os van a quitar las pensiones” de Alfonso Guerra, etc).

El otro aspecto que mira Mari-Klose es el referente a la ausencia de auténticos promotores que pusieran las políticas juveniles en la agenda: La falta de emprendedores políticos. Un primer elemento que trata y que puede parecer trivial es la presencia de jóvenes en los partidos. Sin embargo, la representación sustantiva tiene un impacto en las políticas (por ejemplo, como hipótesis, creo que si el PP tiene hoy problemas con la ley del aborto es porque tiene muchas más mujeres en su partido que antes). ¿Qué ocurrió con los jóvenes políticos durante este periodo? Como Mari-Klose apunta, el PSOE se fue “encaneciendo” progresivamente hasta que en 1993 no tenía diputados de menos de 30 años y solo un 13% menor de cuarenta.

Por lo tanto, volvemos a entrar en el mecanismo de selección de elites como un componente fundamental. Aunque este análisis se restringe al grupo parlamentario, probablemente merecería la pena indagar más. En promedio nuestros presidentes del gobierno llegan al poder jóvenes. ¿Por qué no implementan políticas de juventud más agresivas? ¿Se trata de una cuestión de socialización organizativa/ trayectoria vital? Quedémonos de momento en el parlamento. Sabemos que hay tasas relativamente altas de mortalidad parlamentaria (en torno al 50% de reemplazo de diputados por legislatura) pero también que aquellos que tienen continuidad son justamente los de más edad y experiencia – que también acumulan más poder. Por lo tanto, podría ser que la juventud de nuestros diputados fuera una suerte de “enmascaramiento” cosmético de una gerontocracia. Algo parecido a los gobiernos de Zapatero.

Cuando Mari-Klose mira en qué medida había contestación interna en el PSOE, insiste en que esta vino esencialmente de su sindicato hermano, la UGT, actor con un sesgo parcial a favor de políticas pro-insider (sus propias bases son más envejecidas). Por el contrario, las Juventudes Socialistas, como rama juvenil del partido, ni mucho menos sirvieron como elemento de contestación o contrapeso. Más bien funcionaron como una correa de transmisión y justificación de las políticas de su partido, justo lo que menos interesa a los jóvenes. Al final, tan solo voces externas juveniles fueron organizaciones efectivas (como sindicatos estudiantiles) pero, por desgracia, tan solo movilizadas en determinas iniciativas y ámbitos sectoriales. Al fin y al cabo, las organizaciones juveniles nunca fueron un interlocutor preferente para el gobierno.

Este marco analítico es bastante potente para explicar por qué el ajuste de la crisis recae hoy sobre los jóvenes.  ¿En qué medida el PP ha incorporado políticas de juventud en su programa? En su acción ya hemos visto que poco; ha tenido que ser Europa quien nos ponga un plan por el empleo joven por delante para que el gobierno arranque. ¿Existen políticos jóvenes que puedan empatizar y pugnar por políticas pro outsider? De momento parece que el frame sigue siendo el de sus mayores. ¿Existen organizaciones juveniles con capacidad de hacer virar el debate? La protesta funciona en algunos campos, pero sigue faltando una correa de transmisión para presionar. Así, solo queda preguntarse ¿Hasta cuándo podrá resistir un país en el que se ha roto un pacto intergeneracional? Y más importante aún ¿Qué estamos dispuestos a hacer para recomponerlo?