Política

Algunas claves para entender las primarias laboristas

24 Ago, 2015 - - @JVinaras

El próximo 12 de septiembre concluirán las primarias en las que el Partido Laborista escoge al que será su líder durante los próximos cinco años. Este episodio político no sólo es un caso singular por la posición clave del Reino Unido, sino que es también un suceso en el que concurren una serie de circunstancias que avivan el interés por conocer más sobre el mismo.

 

¿Por qué son importantes las primarias laboristas?

En primer lugar, el Partido Laborista ha sido siempre una referencia para el conjunto de la socialdemocracia europea. Bien como ejemplo a seguir, bien como anti-modelo, su impacto en el resto de partidos de izquierda europeos ha sido sustancial. No es de extrañar por tanto que, al reeditarse a día de hoy una “crisis de identidad” de la socialdemocracia, los movimientos del Partido Laborista tengan cierta influencia en los homólogos del continente.

En segundo lugar, el laborismo británico no sólo ha de proporcionar una respuesta a esa “crisis de identidad” socialdemócrata que podríamos situar en el eje izquierda-derecha (donde, como veremos, se repite el clásico dilema entre moderación y radicalización), sino que también está afrontando dilemas comunes a otros partidos de izquierda europeos. Dilemas como cuál debe ser su posición ante las tensiones territoriales (no olvidemos que el Laborismo ha recibido una durísima derrota en territorio escocés en las pasadas elecciones) y también sobre cómo se define de cara al proceso de construcción europea en un momento tan delicado del mismo. Recordemos que la posición nítida que ha adoptado el Partido Conservador en estos dos temas contrasta con la actitud mucho menos decidida que caracterizó a Ed Miliband durante la pasada legislatura, y pudo ser una de las razones que propiciasen su contundente derrota en las generales de mayo.

Finalmente, en un ámbito más doméstico aunque relacionado con la primera cuestión, el Partido Laborista debería aspirar a resolver sus disputas internas, que datan de un larguísimo recorrido. Los enfrentamientos entre las facciones del mismo partido, la influencia de los sindicatos afiliados, el debate en torno a la labor de oposición de Miliband o el controvertido legado de Tony Blair son hoy un conjunto de temas que alimentan un agrio debate en el seno de la formación política.

 

Las candidaturas

¿Pero cuáles son los perfiles que optan a recoger el testigo de Ed Miliband en esta elección? Tras la renuncia de algunos miembros destacados como David Miliband, David Lammy o Chuka Umunna, la lista de nombres se ha reducido a cuatro personas: Burnham, Cooper, Corbyn y Kendall.

– Andy Burnham (1970)

Diputado desde 2001, Ex-Ministro de Sanidad y de Cultura con Brown. Es el que tiene más experiencia gubernamental de los cuatro. Ya se presentó en 2010, pero fue eliminado en segunda ronda frente a Miliband y Balls. Aunque tradicionalmente mantenía un perfil ligeramente escorado a la izquierda, en estas elecciones se presenta con un perfil moderado (en realidad porque quizás cualquiera frente a Corbyn parece moderado) y hasta el mes pasado parecía el candidato más sólido y con más opciones. Ha recibido el apoyo de antiguos pesos pesados como Neil Kinnock, John Prescott o David Blunkett, pero también del Daily Mirror. Recibió también el mayor número de nominaciones del Grupo Parlamentario para presentar su candidatura: 68.

– Yvette Cooper (1969)

Diputada desde 1997 y ex-Ministra en diversas carteras con Brown. Es después de Burnham quien más experiencia gubernamental tiene. Ha tenido un papel destacado en el Gobierno de Ed Miliband como Ministra de Exteriores y de Interior en la sombra. También adopta un perfil más bien moderado aunque con matices (de nuevo, en comparación con Corbyn casi cualquiera parece moderado), pero en este caso es un perfil más cercano a la antigua ala “brownista”, más alejada del “blairismo”. Entre sus apoyos más destacados se encuentran Alan Johnson (de quién se insinuó que se podría presentar a este proceso) o Ed Balls, además del diario The Guardian. En líneas generales es la segunda candidata con mayor número de apoyos heterogéneos; es decir, teniendo en cuenta las tres patas del electorado de esta elección.

– Jeremy Corbyn (1949)

Diputado desde 1983. Presenta un programa muy similar al de aquellas elecciones generales y como entonces, cuenta con un gran apoyo entre las organizaciones sindicales. Sin experiencia de gobierno, ni siquiera en la sombra. Obviamente las organizaciones sindicales son su mayor apoyo (es el candidato preferido aparentemente), no así en el resto de categorías, especialmente en lo que respecta al grupo parlamentario donde consiguió 36 nominaciones de las 35 necesarias como mínimo. Ha cobrado un gran protagonismo no sólo por su rompedor programa y perfil, sino porque actualmente está liderando la mayoría de las últimas encuestas. Además del apoyo de muchos sindicatos, también ha recibido el de nombres como Ken Livingstone, Ken Loach o Joseph Stiglitz. Como dato curioso, también ha recibido el apoyo del Daily Telegraph (uno de los soportes más claros de los “tories” en la prensa), que pide el voto para Corbyn con la esperanza de que suponga «la destrucción definitiva del Partido Laborista».

– Liz Kendall (1971)

Diputada desde 2010. Miembro del Gobierno en la sombra desde 2011. En sentido estricto no tiene (lógicamente) experiencia gubernamental. Es claramente la candidata blairista, aunque ella haya tratado de negarlo, algo que en realidad da muestra de la pervivencia del estigma de Blair en el Laborismo. Esto se constata tanto por su programa como por sus apoyos, en particular el de la Fundación Progress, ligada a Blair y donde ella misma trabajó, o el del Ex-ministro de Hacienda Alastair Darling. Cuenta con el menor número de apoyos tanto en constituencies como en sindicatos, pero es la segunda candidata que más nominaciones recibió del PLP (Parliamentary Labour Party). También ha recibido el apoyo de The Sun, que siempre apoyó a Tony Blair.

 

El peculiar sistema de elección de las primarias laboristas

Aunque la modalidad de elección en unas primarias ha sido un factor que se ha abordado de manera reiterada, por su relevancia sobre el posible resultado es clave referirse en este caso al método que opera dentro del Partido Laborista. Tradicionalmente la elección se dividía en tres grupos que cuentan con el mismo peso sobre el resultado final: los miembros del grupo parlamentario del Partido Laborista, los militantes de base y ciudadanos registrados en esta elección y las organizaciones asociadas al Partido Laborista (fundamentalmente organizaciones sindicales).

Además, ello se combinaba con el sistema de voto alternativo. Es decir, cada elector señala sus preferencias en la papeleta utilizada, de tal modo que se sucedan varias rondas donde en cada una se elimina al candidato con menos votos hasta que un candidato obtenga más del 50% de los votos totales.

En este sentido, solamente con remontarnos a la elección de hace cinco años podemos ilustrar la sorpresa que  ha deparado este mecanismo. Entonces, casi ninguna encuesta daba opciones a Ed Balls de superar el quinto puesto y acabó en tercer lugar. Además, de manera mucho más sonada, David Miliband era el claro favorito de los estudios demoscópicos y ejerció como tal en todas las rondas previas hasta llegar a la última, donde fue derrotado por su hermano menor con el voto decisivo de los sindicatos.

Sin embargo, desde 2014 se cambió el sistema de elección interna. El nuevo líder del laborismo, en lugar de ser elegido por un colegio de esos tres tercios, lo será por cada uno de los miembros en un sistema puro de “un afiliado, un voto”. A partir de este momento, los votos pasan a pesar lo mismo e incluso los afiliados sindicales, que antes estaban ligado al laborismo, necesitarán afiliarse a título individual.

La introducción de nuevas reglas de elección añade un elemento adicional de incertidumbre. De hecho, es interesante ver cómo aplicar la famosa  teoría de May. Se suele decir que los estratos intermedios de los partidos siempre tienen posiciones más radicalizadas que los votantes, más moderados, y si estos controlan la selección pueden elegir candidatos no viables por radicales.

Pues bien, esta vez parece que los afiliados, justamente los más cercanos al votante, están optando por un candidato mucho más a la izquierda que el Labour tradicional. De hecho, lo interesante es ver si el resultado acaba suponiendo un cambio en la competición electoral británica y haga que se aleje de una competición centrípeta-moderada volcada en la capacidad para manejar los temas principales de la agenda, para retomar un debate más polarizado en el eje izquierda-derecha. Hasta el 12 de septiembre no lo sabremos.