Internacional

Las inabarcables elecciones americanas

21 Oct, 2014 - - @egocrata

No sé si os habéis dado cuenta, pero en Estados Unidos hay elecciones de aquí dos semanas. No he escrito demasiado sobre ellas, aparte de este artículo hace unas cuantas semanas explicando por qué aunque los medios están obsesionados con hablar sobre la mayoría en el Senado, no es demasiado importante. Washington seguirá tan bloqueado como siempre no importa lo que suceda en la cámara alta, ya que los republicanos seguirán controlando la Cámara de Representantes y Obama seguirá teniendo poder de veto.

Donde sí que hay mucho en juego es a nivel estatal. Más concretamente, 38 estados tienen elecciones a gobernador, y 46 tienen elecciones legislativas. Los únicos sitios donde no se vota nada son Louisiana, Mississippi, Nueva Jersey y Virginia; en el resto del país hay cosas en juego. A diferencia de las elecciones federales, las elecciones a gobernador son competitivas  incluso en estados donde las presidenciales no lo son en absoluto. En Connecticut, por ejemplo, es prácticamente imposible que un republicano gane las presidenciales, pero las elecciones a gobernador este año están muy ajustadas. Hay algunos estados donde esto no sucede (en gran parte del sur los demócratas se han extinguido, y Nueva York parece fuera del alcance de cualquier republicano), pero son pocos. Los legislativos estatales sí son bastante más estables, a menudo porque los legisladores se han dedicado al noble arte del gerrymandering con entusiasmo, pero a veces (pocas) vemos sorpresas.

Ahora es cuando en teoría debería ponerme a explicar las grandes tendencias electorales en todo estos estados, pero me temo que va a ser complicado. Imaginad que de aquí dos semanas 18 de los 27 estados miembros de la Unión Europea celebraran elecciones generales, y 25 de los 27 además renovaran sus legislativos. Intentar sacar un patrón a este galimatías sería harto difícil, realmente. Aunque la política estatal americana no es tan diversa como la europea, lo cierto es que las diferencias entre estados son a veces enormes, y la política en cada región muy distinta. Así que en vez de un análisis a gran escala de todas las elecciones a gobernador, dejadme dar un repaso a los «grandes éxitos», con los comicios más interesantes. Veamos.

Arkansas:

Mike Beebe, el gobernador demócrata, deja el cargo por limitación de mandatos. En teoría siendo como es un estado conservador hasta la médula debería cambiar de manos, pero Beebe hizo algo inusual este año, y aceptó la expansión de Medicaid dentro de Obamacare, algo que ha resultado ser bastante popular. Aunque es previsible que los demócratas pierdan este estado, será interesante ver si el nuevo gobernador mantiene este programa o los republicanos finalmente deciden pasar página con su oposición numantina a la ACA.

Connecticut:

Un gobernador demócrata, Dan Malloy, en un estado progresista que se encontró con un déficit descomunal al llegar al cargo y subió impuestos, cabreando a los sindicatos del sector público además con recortes a sus pensiones. El estado, además, ha tenido una recuperación económica muy lenta (el paro está todavía por encima del 6%, por Dios), por mucho que sigue siendo inmensamente rico (y desigual). Las encuestas le dan ahora mismo una ventaja muy, muy reducida respecto a su oponente republicano.

La verdad, no es de las elecciones realmente «vistosas» a nivel nacional, pero según quien gane mi trabajo será muy, muy distinto el año que viene. Un republicano de gobernador querría decir que estaríamos con recortes en servicios sociales y bajadas de impuestos, cosa que me amargaría la existencia.

Florida:

El gobernador Lex Luthor, republicano (vale, se llama Rick Scott. Pero se parece un horror a Lex Luthor), tras años de recortes y políticas conservadoras, se enfrenta al ex-gobernador Charlie Christ, antes republicano, ahora demócrata moderado. Son unas elecciones interesantes primero porque Florida siempre es un circo, es un estado grande decisivo para las presidenciales (y tener un gobernador amigo ayuda) y Scott ha tenido pifias como esta en la campaña.

Georgia:

Un estado que no debería ser competitivo, pero donde las encuestas reflejan un empate casi absoluto. El gobernador republicano Nathan Deal se enfrenta a Jason Carter, nieto del ex-presidente, y a Andrew Hunt, libertario. Normalmente uno ni menciona a los terceros partidos, pero en Georgia si nadie llega al 50% del voto hay segunda vuelta.

Deal es horriblemente impopular, en parte porque este pasado invierno pifió horriblemente la respuesta estatal a una temporal de nieve y hielo (sí, en Georgia. Fue un año raro), así que los demócrata quizás tengan un golpe de suerte. Aunque demográficamente el estado está empezando a favorecer a los demócratas, no deja de ser el sur; ganar tendría mérito.  El abuelo de Jason Carter empezó su carrera política siendo gobernador de Georgia, por cierto.

Illinois:

Este es la cara opuesta de Georgia. El gobernador demócrata, Pat Quinn, llega al cargo tras la caída en desgracia del inefable Ron Blagojevich. La economía del estado no va del todo bien, y Bruce Rauner, el candidato republicano, está casi empatado. Hay un candidato libertario también (tienen moral) que con un poco de suerte le dará las elecciones a Quinn. No es algo inusual – en Connecticut hay otro tipo haciendo lo mismo.

Kansas:

Sam Brownback era uno de los gobernadores favoritos del tea party, llegando al cargo el 2010. Aplicó una agenda política muy conservadora, pasando por encima de su propio partido. En las legislativas estatales del 2012 incluso hizo campaña contra moderados republicanos para ir más allá con sus recortes.

Pequeño problema: no ha funcionado. Las bajadas de impuestos han dejado un déficit descomunal, y la economía del estado está creciendo menos que la media nacional. Los republicanos moderados, además, están hasta el gorro de Brownback, y han hecho campaña abiertamente por el candidato demócrata, que es ahora mismo el ligero favorito. En Kansas, cosa que tiene mérito.

Maine:

Un estado no demasiado relevante, pero completamente enloquecido. En el 2010 un tea partier chiflado ganó unas elecciones con tres candidatos, algo muy típico en Maine. Este año LePage debería perder, ya que es increíblemente impopular… pero de nuevo son elecciones a tres, con un candidato demócrata y otro independiente. A saber cómo acaban.

Massachusetts:

Martha Coakley, la mujer que con su derrota en el senado el 2009 casi se carga la reforma de la sanidad de Obama ella sola (una demócrata que se las arregló para perder unas elecciones en Massachusetts – como candidata es horrible) es la candidata a gobernador. Va por detrás en las encuestas, obviamente. El estado tiene una larga tradición de gobernadores republicanos moderados; Mitt Romney, sin ir más lejos.

Ohio:

El gobernador de Ohio, John Kasich, es republicano, pero ha aceptado la expansión de Medicaid. A los votantes parece haberles gustado; va muy por delante en las encuestas.

Pennsylvania:

Tom Corbett, republicano, no ha aceptado la expansión de Medicaid. Va muy por detrás en los sondeos. Ambos estados están en el mid-west / Noreste, así que son demócratas en condiciones normales. Hay un número considerable de republicanos elegidos el 2010 en territorio hostil para conservadores, y es interesante ver cómo se han ido adaptando.

Wisconsin:

Scott Walker, el gobernador republicano, es el Sam Brownback del Midwest: muy conservador y amigo del tea party, y bastante impopular. Walker, sin embargo, no ha sido tan extremista como Brownback, en parte porque no tenía mayorías legislativas tan amplias, así que de momento sigue en empate técnico con su oponente demócrata. Lo interesante en Wisconsin, sin embargo, es que Walker tiene aspiraciones presidenciales, así que necesita ganar estas elecciones si quiere ser competitivo en las primarias del 2016.

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El resto de estados o bien no son demasiado competitivos (Alabama, California, Idaho, Vermont…), o bien son elecciones abiertas pero sin nadie con demasiadas aspiraciones presidenciales. Cada estado es un mundo; podría escribir artículos bien largos sobre algunos de ellos. Lo previsible, en agregado, es que los demócratas recuperen algo de terreno, pero no demasiado, pero ya veremos.

En fin, si queréis política americana y más sobre midterms, ya sabéis.