Política

Primarias y aversión al riesgo

9 Jul, 2014 - - @egocrata

Una de mis críticas recurrentes a los candidatos del PSOE en estas primarias es la lamentable indefinición de sus programas de gobierno*. En los pocos casos en que alguien ha dado cierto detalle han acabado por cambiarlo o hacerlo más vago a poco de recibir críticas. Otros han producido declaraciones de principios tan largas como alejadas de cualquier riesgo, siempre a favor del bien y en contra del mal, pero sin dar recetas claras. Los tres políticos en liza, lejos de hablar de nada nuevo, se han limitado a hablar de organización interna (sin demasiado entusiasmo – a nadie le emociona hablar sobre comités) y repetir lugares comunes con el argumentario socialista de siempre.

Esta timidez extrema de los candidatos es, en cierto modo, un tanto sorprendente: el argumentario socialista tradicional que el PSOE lleva repitiendo desde hace años es el que ha llevado al partido a acumular una espléndida serie de derrotas electorales. Por mucho que sus líderes insistan que el problema es que en mayo del 2010 el partido se traicionó a si mismo y bastará con volver a las  raíces para que todo vuelva a ser como antes, los votantes seguramente recuerdan que pre-recesión el PSOE decía hacer estas cosas, y así dejaron el país. Pedro Sánchez además insiste en defender las conclusiones y programa de esa nefasta conferencia política del año pasado, como olvidando que Elena Valenciano se estrelló con ese programa hace un par de meses. El electorado ha dado repetidas y dolorosas señales al partido que decir «más socialismo» y «no somos el PP» no es un mensaje creíble; uno se esperaría que algún candidato a estas alturas habría visto la luz.

Dado que el partido parece necesitar un radical cambio de imagen y retórica para recuperar a los votantes perdidos, y dado que la necesidad de renovarse con ideas nuevas y propuestas ambiciosas parece ser radicalmente obvia, cabe preguntarse por qué ninguno de los tres candidatos ha hecho el más mínimo gesto en esa dirección. Como mencionaba Jorge Galindo ayer (artículo imprescindible), hay una coalición enorme de perdedores de esta crisis esperando que alguien les dé un mensaje coherente; el PSOE, sin embargo, parece querer seguir insistiendo en atraer apoyos entre la menguante y cada vez más débil coalición de supervivientes de la gran recesión. Los candidatos socialistas no están ofreciendo nuevas formas de llegar al gobierno, sino repitiendo mensajes derrotados.

¿Qué está generando esta timidez? La respuesta, me temo, es bastante sencilla: el mismo proceso de primarias. Los tres candidatos del PSOE quieren ganar las elecciones generales algún día, y si no son demasiado estúpidos supongo que se darán cuenta que con esta clase de retórica no irán a ninguna parte. Estos días, sin embargo, el selectorado (el grupo de votantes con derecho a voto en primarias) al que se enfrentan son los militantes del PSOE, no la población en general, y su composición demográfica y perfil ideológico es bastante distinto. Hace un par de años las las bases del partido estaban en su mayoría por encima de los  46 años; sólo un 7% escaso tenía menos de 30; un 65% eran hombres. Como hemos dicho repetidamente por aquí, la crisis en España se la han comido sobre todo los jóvenes, víctimas recurrentes de nuestro mercado laboral dual. La militancia del partido se parece mucho más a la «coalición de insiders» que mencionaba Jorge Galindo que no a un grupo de gente preocupada por salir a ganar elecciones.

El resultado es por lo tanto casi inevitable: dado que las bases del partido tienden a ser miembros de los grupos menos perjudicados por las crisis económica, los candidatos no se atreven a salirse del guión. Madina, Sánchez y Tapias defienden el actual estado de bienestar, a pesar de ser increíblemente poco redistribuido e ineficaz, ya que este mismo sistema tiende a proteger a los grupos mayoritarios dentro de la militancia. La desigualdad en España es fruto de pobres siendo cada vez más pobres, no ricos ganando más dinero, pero los candidatos prefieren seguir haciendo populismo hacia las viejas clases medias. La dualidad del mercado laboral, nuestra obsesión recurrente, parece estar completamente fuera de la agenda. Tenemos tres candidatos que se dicen progresistas hablando sobre todo lo que quieren proteger y blindar constitucionalmente de forma obsesiva. Para un partido que dice querer mirar hacia adelante, Madina, Sánchez y Tapias hablan demasiado de todo lo que quieren dejar igual.

Las primarias son un mecanismo de selección de candidatos que depende extraordinariamente de la composición de su selectorado. El PSOE podía haberse tomado las cosas con calma, creado un sistema de votación que permitiera la participación de no-militantes y haber creado un sistema donde los candidatos tuvieran el incentivo de expandir el electorado fuera del partido, o hacer unas primarias cerradas deprisa, corriendo y mal**. Tras el desastre de las europeas apostaron por la segunda opción. En vista del debate entre candidatos, creo que parece bastante obvio que fue la decisión equivocada: en vez de tener un partido hambriento por recabar nuevos apoyos, tenemos tres candidatos insistiendo en repetir programas electorales pasados.

Más allá del proceso en sí, en un sistema de partidos donde los militantes y simpatizantes del PSOE tienen la opción de irse a otra formación (sea IU, Podemos, UPyD o el PP) las primarias también tienen un problema añadido: cuando un partido se mete en una espiral de derrotas y empieza a perder apoyos, la «calidad» del su selectorado también empeora. Según el PSOE ha empezado a desgastarse es bastante probable que los primeros en abandonar el barco sean todos aquellos militantes sin cargos orgánicos, hartos de perder todas las batallas internas y con cosas más importantes que hacer en su vida que liarse a tortas en un partido político. Dada la glacial velocidad de renovación post-generales del 2011 (y la lenta decadencia en los últimos años de Zapatero) uno tiene que ser muy masoquista para seguir en el PSOE a estas alturas. Cuando en una organización los perdedores pueden optar por irse,  las primarias pueden acabar siendo cada vez menos efectivas como proceso de selección de élites, al ir quedando el núcleo de afines a la estrategia electoral perdedora.

La esperanza, al menos para un renovador insensato que aspira a ver un PSOE pidiendo convertir España en Dinamarca  u Holanda, es que los candidatos a las primarias sean una panda de cínicos y estén mintiendo como bellacos. La paradoja, en el caso de los socialistas, es que Madina y Sánchez estarían fingiendo ser conservadores en las primarias antes de girar a la izquierda en las generales, y no al revés. En las primarias americanas siempre se dice que los candidatos se van al extremo en Iowa y vuelven al centro al llegar a la convención. En el PSOE, las cosas van en dirección contraria.

Si en vez de ser adorables cretinos sedientos de gloria y dispuestos a llevar el partido hacia el futuro aunque sea a rastras entre los alaridos de la vieja guardia y los gritos de traición de la verdadera izquierda Madina y Sánchez son sinceros y realmente creen todas esas bobadas que dicen… bueno, fue bonito mientras duró. La mayoría de partidos políticos duran menos de 135 años, así que tampoco es un mal legado. Del PSOE, eso sí, quedará más bien poco.

Insisto: como decía Ignacio Jurado hacer unos días (y repetimos de forma incesante en La Urna Rota) las primarias no son mágicas.  Si además os gusta que los políticos no os mientan, vais a tener un problema.

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*: Sé de sobras que son elecciones a Secretario General, no a candidato a Moncloa. Me da igual. Esto es un partido político, y debe tener opiniones. Además, el ganador será candidato; todos sabemos que en noviembre Madina o Pérez ganarán esas primarias sin oposición.
**: La tercera opción no estaba sobre la mesa, pero también hubiera sido efectiva: un congreso tradicional donde los cargos del partido que se juegan su supervivencia política en las urnas tuvieran que escoger al líder. Muy tontos tienen que ser los diputados supervivientes en el partido para no darse cuenta que digan lo que digan los militantes, hay que hacer cambios. Obviamente, un congreso es manipulable, imperfecto, etcétera, pero como mecanismo de selección de élites, si se hace bien, no tiene por qué ser peor que unas primarias, especialmente si están tan mal diseñadas.