accountability & Gobernabilidad

¿Sirve el nacionalismo para evitar rendir cuentas?

16 Feb, 2012 - - @kanciller

Cuando hace tiempo estábamos discutiendo sobre la accountability en las Comunidades Autónomas – ya sabéis, eso que nos encanta aquí, que los gobiernos pierdan cuando lo hacen mal –excluí de manera deliberada un posible argumento que podría limitarla, a saber, que hubiera partidos nacionalistas en el poder. Creo que el tema tiene suficiente enjundia para dedicarle unas líneas.

Para evitar debates terminológicos de inicio diré que por partido nacionalista – o nacionalista periférico, regionalista, sub-nacional o “partido de ámbito no estatal” – entiendo a aquellos que apelan a sus votantes por razones de representación comunitaria, que presentan candidatos en una o varias regiones de un estado y que defienden de manera más o menos explícita la autodeterminación de una minoría cultural, nacional, étnica o lingüística.

Uno de supuestos básicos de la rendición de cuentas es la elasticidad de los votantes, es decir, que éstos tienen una aproximación instrumental retrospectiva que les permite cambiar su voto cuando consideran que el gobernante no ha cumplido con su mandato de manera apropiada. Por ejemplo, si la economía va mal en mi comunidad autónoma voto a la oposición a ver si lo hace mejor. Y entonces veo que lo hace igual de mal, y voto a otro, y así.

La idea es que esto no funcionaría para los votantes nacionalistas porque serían más rígidos en sus lealtades partidistas que otros votantes. El argumento es que para este tipo de votante la dimensión política importante es la de representación identitaria por encima de cualquier otra. Lo que les interesa es tener un partido en el gobierno que sea “de los suyos”, no su desempeño en el ejercicio del poder.

Las implicaciones políticas de esta idea es que cuando un partido nacionalista gobierna en Cataluña o País Vasco, en Escocia o Quebec habría una menor rendición de cuentas.  El gobierno dispone de más margen para hacerlo mal porque, en último término, pueden envolverse en una bandera para salir mejor parados electoralmente que sus rivales.

Ahora, esta idea no puede desconectarse de la oferta partidista. Por ejemplo, si existen varios partidos nacionalistas podría ejercerse rendición de cuentas para desalojar al partido del gobierno votando por otro partido nacionalista. No sería lo mismo Cataluña, donde votantes de ERC podrían optar por CiU o Solidaritat que en Escocia, donde no hay alternativa nacionalista al SNP.

Del mismo modo, la inelasticidad no atañe de manera exclusiva a los partidos nacionalistas. Sin ir más lejos, todos aquellos millones de españoles que han votado al PSOE en las pasadas elecciones, por ejemplo, han demostrado ser votantes mayúsculamente inelásticos. Ahora bien, la idea es que el nacionalismo sería una dimensión más de anclaje.

Me he dedicado a indagar sobre la cuestión y de momento la evidencia apunta a que el nacionalismo exonera de responsabilidades políticas. En este artículo de aquí y en este otro de acá se señala que los votantes nacionalistas tienden a juzgar a sus gobiernos mucho menos en términos retrospectivos, condición sine qua non para la accountability. Según muestran, los partidos políticos no nacionalistas tienden a ser castigados electoralmente mucho más de media que los que no lo son.

Y es que parece que es más fácil  evaluar una política económica que un proyecto de independencia. No digo que este último no sea posible – sinceramente, creo que ERC lo fue por ello – pero parece menos tangible en el corto plazo. Y dado que los partidos que no apelan a componentes comunitarios se sitúan en la dimensión izquierda-derecha, serían mucho más susceptibles de una evaluación crítica por su rendimiento.

¿Pero esto no podría depender también de lo crucial que sea la dimensión económica/identitaria en una determinada elección? ¿Y no depende también de lo delimitadas que estén las competencias entre niveles? Lo primero es plausible pero no hay evidencia y lo segundo ya se está demostrando como importante. En todo caso, cuando se afronta directamente el voto económico en contextos multinivel – y por poner el contrapunto – no hay demasiada evidencia a favor del  “blinding-nationalism”

Otro hallazgo muy interesante es el efecto de los gobiernos de coalición. Ya se sabe que cuando hay varios partidos en el gobierno es más complicado saber a quien hay que castigar en las urnas. Pues bien, según este artículo cuando los  nacionalistas comparten el gobierno de coalición con otros que no lo son, los no nacionalistas son los más castigados por una mala gestión.

Si se compara gobiernos monocolor versus coaliciones los votantes juzgan similar a los gobiernos nacionalistas y a los no nacionalistas cuando  el gobierno es de un solo partido. Eso apuntaría que en estas circunstancias escurrir el bulto sería mucho más complicado.

Por lo tanto, algunas ideas a destacar. La primera es que parece que el nacionalismo es un mecanismo que sirve para puentear el accountability en las elecciones autonómicas. Hay menos voto retrospectivo y más representativo. La deseabilidad o no de ese tipo de comportamiento pone sobre la mesa un interesante debate que dejo a los lectores.

La segunda idea es que este efecto el nacionalismo viene mediado por cosas elementales como la oferta partidista – uno o más partidos nacionalistas –, de tipo de gobierno – coalición o no – y contextuales – lo importante que sea cada tema en la elección -.

Y una reflexión final. Si como se ha visto apelar a la representación identitaria de la comunidad sirve para evitar la sanción electoral, el Estado Autonómico genera una gran cantidad de incentivos para que los partidos sigan esta táctica.

Todos ellos – nacionalistas o no – tienen incentivos para enfundarse una gran bandera autonómica y mostrarse como el que mejor representa sus  esencias. Y así se entiende el anti-catalanismo del PP de Valencia o anti-vasquismo de UPN en Navarra, el que el PSOE andaluz haga siempre énfasis en el desprecio del PP por su comunidad… La amenaza exterior apiña al electorado. Y es que apelar a las esencias parece la estrategia ganadora para evitar que nos evalúen por lo que hacemos.