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Breve repaso a la trayectoria del contrato único

13 May, 2013 - - @jorgegalindo

Hoy un concepto ha aparecido en las portadas digitales de varios medios: “contrato único”. Resulta que la Comisión Europea ha pedido al Gobierno de España que considere una reforma laboral de largo alcance: acabar con las modalidades contractuales en el mercado laboral patrio y sustituirlas por una única forma de contrato, que sería por definición indefinido. Esto es algo que desde aquí hemos defendido, por así decirlo, mucho. Campaña incluida, con evento y todo. Creo que este es un buen momento para repasar brevemente de dónde viene esta idea.

La base para proponer un contrato único en España proviene de un diagnóstico particular del mercado laboral de nuestro país: la dualidad es un problema fundamental. En palabras de nuestro artículo al respecto en FIVE,

Los trabajadores tienden a dividirse en dos grupos: los insiders, con contratos indefinidos y protegidos por indemnizaciones en caso de despido, y los outsiders, con contratos temporales y con escasa o nula protección. Pertenecer al segundo grupo supone una serie de perjuicios: los trabajadores temporales tienen salarios más bajos, retrasan la decisión de tener hijos, tienen menos incentivos para formarse, y efectivamente se forman menos. Pero, sobre todo, son estos trabajadores temporales los que absorben el grueso del desempleo en periodos de recesión como el actual.

Como se observa en la propia definición, la causa principal de esta dualidad es el diseño de las instituciones laborales. De entre quienes han hablado de este tema desde España dentro de la Sociología y la Ciencia Política me parece necesario destacar el trabajo de dos académicos: Javier Polavieja y David Rueda. Polavieja se centró en la estructura del mercado laboral en nuestro país (este libro es altamente recomendable), explicándonos también por qué España tiene semejante tasa de temporalidad, apuntando a la interacción entre el nivel y la estructura de la protección en el empleo y la presencia de shocks. Rueda, por su parte, estableció la división tipológica entre insiders y outsiders en relación con sus preferencias sobre nivel de protección del empleo. El trabajo de Rueda, de hecho, explica en buena medida por qué los partidos socialdemócratas (y yo añado: también los conservadores como el PP) son tan reacios a contemplar posibles soluciones a la dualidad: atacan a su core constituency, los insiders. De hecho, si UPyD se puede permitir defenderlo es precisamente porque no depende de ellos (bueno, a estas alturas, ni de ellos ni de nadie) para ganar elecciones.

Después llegaba la crisis, y con ella una masiva destrucción de empleo con un reparto extremadamente desigual (y añado, sin lugar a dudas: injusto). El análisis dejó paso a las propuestas, y FEDEA alzó una voz a favor del contrato único ya a principios de 2010, y nosotros decidimos apretar en 2012 proponiendo un contrato único indefinido con indemnización creciente. Nos lanzamos a explicar por qué nos parecía una buena idea, por qué podía ser una propuesta de izquierdas e incluso a reseñar cómo las políticas eran realmente importantes para atajar el problema de la precariedad. Ya entonces algunas voces (desde la Comisión, o el propio De Guindos) se mostraban interesadas en una idea que llevaba circulando, como decimos, un tiempo. De hecho, el globo sonda del Ministro de Economía evidenció la división del Gobierno desde muy pronto, dado que la Ministra de Trabajo descartó la idea por considerarla inconstitucional, algo que no es tal cual.

El contrato único es, en definitiva, una opción política que viene de la constatación de que la estructura del desempleo en España es producto lógico de la estructura de su mercado laboral, que a su vez depende mucho del diseño institucional que regula los acuerdos entre ofertantes y demandantes de empleo. Como opción política lleva tiempo circulando (desde luego, mucho antes de nuestra propuesta), y cuenta con una ventaja añadida: por sí mismo solo pretende atajar el problema de la dualidad, sin que suponga una opción a favor o en contra de mayor o menor redistribución. Esto es: no tiene por qué ser de derechas o de izquierdas (aunque yo creo que mejoraría la igualdad de oportunidades). Al fin y al cabo, eso depende más bien de otras variables: el nivel de protección medio ante el despido, la red de seguridad existente en el desempleo, etcétera. En estos ejes los diferentes partidos pueden encontrar un acomodo. Por último, no: el contrato único no creará empleo. Ninguna reforma lo hará porque el empleo no nace de la nada. De lo que se trata es de que cuando volvamos a la fase alcista del ciclo la creación deje de ser dual.

Viendo el ritmo y la forma de destrucción de empleo en España, creo que cabe poca discusión sobre la importancia de la dualidad en nuestro mercado laboral. Si estamos de acuerdo en el diagnóstico, es hora de comenzar a identificar posibles soluciones. Aquí hay una opción. Este no es un camino corto, pero merece la pena.