Unión Europea

Grecia: notas sobre una (no) negociación

14 Jul, 2015 - - @egocrata

Un par de notas rápidas para complementar el artículo de Jorge de ayer sobre Grecia, antes que el tema pase a segundo plano*. Quiero recalcar un par de detalles importantes que me parece que se nos están olvidando, y que son claves en todo este debate.

Primero, el error de Tsipras y Syriza al llegar al poder fue creer que aún quedaba algo por negociar, y que el problema de la situación de Grecia se debía a que sus predecesores habían sido demasiado pusilánimes para extraer concesiones. Una mejor estrategia negociadora, con el gobierno de Atenas siendo más duro y tomando más riesgos, hubiera conseguido bajo esta teoría mover el acuerdo hacia posiciones más favorables para el país.

La realidad, sin embargo, es que esto no era así. Una negociación es esencialmente un diálogo entre dos o más partes en las que los actores intentan descubrir las preferencias de su oponente. Los actores hablan hasta llegar a un punto que todos consideran aceptable, mientras buscan averiguar cual es la posición límite aceptable para su interlocutor. La estrategia en una negociación consiste en extraer información ajena sin revelar demasiado sobre la propia, siempre en base a la idea que los actores tienen información incompleta sobre sus puntos de partida.

El problema obvio para Syriza es que en la eurozona a estas alturas todo el mundo tiene una idea bastante clara sobre cuál es la situación económica real de Grecia. Todo el mundo sabe perfectamente el estado de sus cuentas, su dependencia hacia préstamos externos, su peculiar talento para postponer reformas y la disfuncionalidad de su sistema político. Todo el mundo, además, sabe que los políticos del norte de Europa tienen electorados bien poco amigos de dar préstamos, y que los alemanes no son particularmente aficionados a renegociar acuerdos dieciocho veces de forma improvisada. La situación inicial de Tsipras al empezar esta ronda de negociaciones era esencialmente idéntica a la de Samaras hace tres años: Grecia es el mismo país quebrado y dependiente del exterior que entonces, y el resto de Europa está igual o más harta de tener que rescatarles. El resultado previsible era un acuerdo igual o muy parecido al ya acordado, que probablemente era lo mejor que podía sacar un gobernante griego en este contexto.

Lo tragico es que Tsipras ha acabado por empeorar la posición inicial de Grecia en los últimos meses rompiendo las negociaciones, dejando el país fuera de un programa de rescate y forzando al BCE a dejar en suspenso la ayuda a sus bancos. El corralito ha dejado la economía griega en una situación aún más desesperada, empeorando aún más la ya de por sí su horrible mano negociadora. El acuerdo final ha acabado por ser aún más duro por este motivo.

Todo esto no quiere decir, por supuesto, que el error de Syriza haga de este acuerdo una buena idea. El sistema institucional de la eurozona no ha dejado a Grecia otra salida que aceptar convertirse en poco menos que un protectorado europeo. Que este resultado sea en parte debido a errores propios y décadas de desgobierno peronista no debe hacernos olvidar que  cualquier sistema económico que fuerce acuerdos así de duros es eficaz o vagamente justo. Por mucho que la situación griega actual sea mejor que la alternativa sin rescate (este artículo de Blanchard, del FMI, es excelente), un programa no puede ser tan políticamente tóxico y ser considerado aceptable.

Esto me lleva al segundo punto, las peticiones de “más Europa” para evitar que esto se repita. Aunque la creación de un superestado federal europeo serviría para arreglar este problema para siempre, no podemos olvidar que aparte de ser políticamente inaceptable ahora mismo (y dudo que llegue a serlo algún día, mal que me pese) esto conllevaría necesariamente que todo el mundo acabara por “ser Grecia”, viendo su margen de maniobra limitado enormemente.

La única forma que una unión fiscal y bancaria de esta magnitud sea aceptable para todos los implicados y pueda sobrevivir a largo plazo es que los estados federados miembros vivan bajo unas reglas presupuestarias extraordinariamente claras, y con el gasto público claramente delimitado. Sé que utilizo Estados Unidos como ejemplo a menudo, pero tras más de 200 años de federación (y una guerra civil) los estados aquí tienen la obligación de tener déficit cero cada año pase lo que pase (de aquí que dependan de fondos de reserva), no hay transferencias federales a fondo perdido (todas las transferencias están dedicadas a programas específicos) y los impuestos están claramente separados. Crear “más Europa” va a significar perder toneladas de soberanía, y en casos de crisis, estar aún más en las manos del gobierno federal de turno. Eso puede ser “más democracia” en Bruselas, pero me encantará ver la cara de los que la piden cuando los votantes del norte de Europa decidan eliminar las jubilaciones anticipadas, subvenciones a la minería o esa extraña costumbre patria de cerrar dos horas para comer.

En fin. Como señala Ignacio Torreblanca, es posible que Tsipras tuviera en febrero una ventana de oportunidad para conseguir al menos un acuerdo funcional. La austeridad claramente no había funcionado, y una agenda política de reformas decididas y creíbles de inicio podrían haber abierto la puerta a mayor flexibilidad. Por motivos de política interna (básicamente, la naturaleza caótica de Syriza) no quisieron o pudieron hacerlo, y han acabado en un lugar peor.

Lo más desesperante, por supuesto, es que si los acuerdos anteriores acabaron siendo políticamente insostenibles en Grecia, con reformas que nunca son aprobadas, este seguramente acabe de la misma manera. A estas alturas, y en vista que no parece haber un camino marcado para salir de este agujero (Grecia no aprueba reformas, y el norte nunca se fía de Grecia) me temo que lo más sensato puede que acabe siendo una salida quizás y controlada del euro, con un reingreso más adelante, con el dracma devaluado y reformas ya hechas.

Que es, por cierto, lo que llegó a sugerir Alemania en algún momento este fin de semana. Quién sabe.

*: obviamente, nunca vamos a acabar de hablar de Grecia, salvo que los bombardeemos con armas nucleares. Y me temo que ni así dejarán de pedir préstamos. Justificados, en ese caso.