Ahora & Política

La socialdemocracia ¿evolución o ruptura?: reseña del libro de I. Urquizu (III)

20 Nov, 2012 -

En las dos entradas anteriores de esta reseña (I y II) me he encargo de resumir las tesis básicas del libro y su metodología. En esta última entrada voy a ocuparme de la parte de las conclusiones.

Las conclusiones del libro son un conjunto de propuestas que, en opinión de Nacho, deberían vertebrar el programa de la socialdemocracia en el futuro. En esta parte de la reseña intentaré discutir algunas de estas ideas y, sobre todo, apuntar a aspectos cuya consideración echo en falta. No se trata por ello tanto de «críticas» como de elementos que, por parecerme subjetivamente más interesantes, me parece que se echan de menos.

Las propuestas que discute Nacho son, como decía, de tipo político, económico y redistributivo. Entre las primeras está la idea de que las instituciones representativas cada vez tienen menos poder y deberíamos progresar hacia un mundo con menos independencia de los bancos centrales, un papel menos importantes para los tribunales constitucionales y dónde las instituciones internacionales -especialmente la UE- no jueguen un papel como el que juegan actualmente haciéndose eco del «Más democracia, menos liberalismo» que defiende Ignacio Sánchez-Cuenca en su último libro. Entre las propuestas de corte redistributivo y económico, el libro defiende un conjunto de recetas bastante razonables destinadas a mejorar la productividad, potenciar el crecimiento, repensar el estado de bienestar, etc.

Tengo que confesar que mientras tengo cierta simpatía–con muchos matices- por las recetas económicas y sociales que plantea el libro, esta no se extiende a las propuestas de tipo político. Lo que me hace desconfiar más de sus recetas políticas no es solamente que crea que se apoyan en una concepción de la democracia muy discutible (I, II, III) como ya defendí la entrega anterior de esta serie, sino también mi sospecha de que estas propuestas de tipo político son probablemente incompatibles con las recetas económicas y sociales.

Entiendo que para que las conclusiones formaran un todo coherente susceptible de configurar la agenda de los partidos socialdemócratas,  las reformas del estado de bienestar, de la economía y del sistema político deberían complementarse entre sí. Concretamente, la profundización en la democracia representativa debería facilitar la implantación de las propuestas sociales y económicas. Sin embargo, ese vínculo está, como mucho, muy débilmente argumentado en el relato de Urquizu a pesar de ser un especialista en ciencias políticas. Como argumentaré a continuación, pienso que existen razones para creer que los principales obstáculos a la viabilidad sus recetas sociales y económicas son de tipo político, obstáculos que sus propuestas propuestas de profundización en la participación democrática no solucionan sino que es probable que agraven.

Un primer aspecto que echo de menos a lo largo de todo el libro es que se considere con más énfasis la demografía. Pienso por ejemplo en la idea que desarrolla Isabela Mares en  en su Isabela Mares en su libro “Taxation, wage bargaining and unemployment”. Mares sugiere que la dinámica de la inflación está relacionado con el desarrollo del Estado de Bienestar gracias a los pactos sociales. Durante la época del “remedialismo”, los sindicatos intercambiaron con los gobiernos moderación salarial por mejoras en el Estado de Bienestar. Sin embargo, este intercambio dejó de ser viable cuando la productividad cayó, y, por el envejecimiento, la demografía empezó a hacerse sentir sobre la carga impositiva que soportaban los salarios de forma éste no podía seguir ampliándose sistemáticamente. Si recordáis la primera entrada, decía que una de las conclusiones a las que llega Nacho es que los sindicatos han tenido un papel secundario en la evolución de evolución ideológica de la socialdemocracia. La toma en consideración de este aspecto, sin embargo, podría restituir a los sindicatos el papel que les corresponde.

Echo especialmente de menos que Nacho trate el impacto político de la demografía y que conjugue este aspecto con sus propuestas de reforma del Estado de Bienestar. La idea de invertir en primera infancia o reformar el sistema de pensiones tiene mucho sentido pero ¿qué probabilidad existe de que los partidos de izquierdas reúnan una mayoría crítica para ser elegidos con este programa? ¿Qué viabilidad política tiene un pacto intergeneracional de estas características?. Precisamente, una de las ventajas de aumentar la edad de jubilación consiste en alterar el balance de fuerzas reduciendo el número de personas cuyo bienestar depende de las pensiones.

En segundo lugar, Ignacio sobrevuela sin dar respuesta el problema de la dualización del electorado socialdemócrata que analiza David Rueda. Os remito a la reseña que escribí para aquella ocasión, pero, de forma resumida, Rueda plantea que dentro del electorado potencial de los partidos de izquierda hay dos colectivos con intereses opuestos según tengan contratos temporales o indefinidos que demandan políticas laborales opuestas. Esto supone un problema grave a la hora de formar una coalición que apoye el Estado de Bienestar que Ignacio propone.

Estos dos tipos de conflictos políticos -entre generaciones y entre insiders y outsiders- son precisamente problemas, fallos, de las instituciones mayoritarias. Ambos conducen a que un grupo (los outsiders o los jóvenes) sea dejado de lado políticamente debido al peso que tiene en las decisiones en el electorado una masa crítica de votantes: son el fruto del funcionamiento normal de las instituciones mayoritarias en un determinado contexto. ¿Existe alguna razón para pensar que retirar competencias a la UE, a los tribunales constitucionales o restar independencia a los bancos centrales contribuirá a solucionar este tipo de problemas? A la inversa, yo argumentaría que en el caso de la política fiscal y las pensiones, tener un consejo de política fiscal independiente puede ser una forma de proteger a las generaciones jóvenes frente al abuso electoral de las mayores.

El problema en este caso es parte de algo más general que las propuestas de profundización en las instituciones mayoritarias suelen dejar de lado. Cuando la capacidad para participar en la política es desigual para distintos grupos, mejorar la participación de todos puede aumentar la desigualdad. En este tipo de contextos precisamente las instituciones contramayoritarias y los «cuerpos intermedios» (sindicatos y «volkspartei«) tienen un papel que jugar.

Concluyendo, el libro de Ignacio me sorprendió gratamente. Adopta un enfoque muy interesante y pienso que es una lectura muy recomendable, aún cuando piense que deja algunos cabos sueltos y que algunas de sus conclusiones son cuestionables.