Ahora

Género y pobreza en la tercera edad.

12 Dic, 2012 -

Contaba un tuit de la OCDE que las mujeres siguen ganando menos en media que los hombres y tienen una mayor probabilidad de pasar sus últimos años en la pobreza.

Mi primer impulso al leer esto ha sido el de relativizar el segundo hecho. Una parte importante para que esto sea así es que, por un lado, las mujeres suelen ser más jóvenes que sus maridos y, por otro, suelen algo más longevas que los hombres. Eso explica en media haya muchas más viudas que viudos.

La vinculación entre la viudedad y la pobreza funciona por dos canales. Uno tiene que ver con que vivir en pareja tiene un impacto sobre el bienestar económico individual porque la familia tiene economías de escala fuertes. Cuando uno de los miembros de una pareja fallece, sea el hombre o la mujer, la economía del otro se resiente: hay que seguir pagando un alquiler, teniendo una cama, y pagando muchos otros gastos «fijos», gastos que son los mismos vivan una o dos personas en un hogar. Por eso, ser viudo o viuda es algo que está asociado con una caída de renta y que se muera tu pareja es -además de tener otras consecuencias sociales y psicológicas- un riesgo económico. El segundo canal es algo más indirecto y tiene que ver con que, típicamente, las pensiones están ligadas a la vida laboral y en nuestros sistemas de seguridad social las mujeres suelen tener vidas laborales más cortas (dejar el trabajo por maternidad; incorporarse más tarde al mercado laboral; mayor incidencia del tiempo parcial; o simplemente no trabajar) y con sueldos más bajos. De esta forma, las mujeres suelen depender «más» de la pensión de sus maridos que al revés.

La razón por la que esto me parece relativizable es sobre todo que este último problema, el de la vida laboral, es algo que tenderá a ser menos importante con el tiempo. Entre las generaciones que están ahora en la jubilación hay muchas más mujeres que sufrían una brecha de género mucho más fuerte durante su vida activa (que no trabajaban o cobraban mucho menos que sus maridos) que la que sufren las generaciones que se incorporarán en el futuro próximo.

La parte menos importante, pero más interesante tiene que ver con la longevidad porque conecta con un tema del que se suele hablar a menudo y casi siempre bastante mal. Una propuesta común dentro del pack para hacer sostenibles las pensiones es aumentar la edad de jubilación. Es algo que intuitivamente tiene mucho sentido. Hoy vivimos más que en el pasado. Los trabajos son, en media, bastante menos penibles y llegamos a esa edad en mucho mejores condiciones que en el pasado. Además, aumentar la edad de jubilación mejoraría la viabilidad política de las reformas que busquen reducir la tasa de dependencia.

Un argumento que suele oírse con cierta frecuencia -por ejemplo, Ignacio Urquizu se hace eco de él en su libro- es que este retraso de la edad de jubilación debería modularse en función de la renta o la clase social de forma que los ricos se jubilen después que lo pobres. La idea es bastante intuitiva. En primer lugar, generalmente, la gente con renta más baja tiene trabajos «peores». Si uno piensa que la jubilación es en parte una forma de «emancipación de la explotación» o simplemente un alivio del periodo de trabajo al final de su ciclo vital, tiene sentido tener en cuenta la «penibilidad del trabajo» de la que la renta sería un buen proxy. En segundo lugar -la parte a mi entender más convincente del argumento- es un hecho que los ricos viven más. Es razonable pensar, entonces, que este «vivir más» no se repercuta en disfrutar de más años de jubilación; permitir a los pobres jubilares antes es entonces una forma de hacerles disfrutar de un número de años similar de jubilación al de los ricos.

Encuentro bastante atractiva la idea de que se deba «compensar» a los pobres por vivir menos, o «igualar» el número de años de jubilación de los que todo el mundo disfruta. No obstante intuitivamente me contraría bastante pensar que las mujeres, por el hecho de ser más longevas, deberían ver esto se repercutido en su pensión. Aún así, entiendo que tomarse en serio el primer principio supone relativizar el hecho de que las mujeres sufran una mayor tasa de pobreza en la tercera edad en la medida en que esto sea una consecuencia de su mayor longevidad.