Política

Los motivos de la independencia

3 Nov, 2012 - y - @bpberta,

Por Berta Barbet.

El independentismo en Cataluña ha crecido, es bastante irrefutable. Lo que ya no es tan irrefutable son los motivos de este crecimiento. Algunos lo atribuyen a la actitud de las instituciones españolas y al fracaso del Estatut, otros al adoctrinamiento del gobierno catalán, o a alguna especie de espiral del silencio y algunos, incluso, a la crisis económica. El debate está en la calle y estoy segura de que todos tenéis vuestra opinión. Pero ¿qué dicen la literatura y los números sobre los motivos del independentismo y su evolución?

Básicamente, la literatura considera las actitudes independentistas tienen dos componentes necesarios:

  • una fuerte identidad nacional sin un estado que la represente
  • el convencimiento de que la independencia supondría una mejora respecto a la status quo

Vayamos por partes.

Una identidad nacional fuerte

Que hace falta una identidad nacional fuerte es evidente. De hecho, como ya expliqué, el independentismo no es más que una de las posibles soluciones a una situación de conflicto nacional. Además, las identidades son muy importantes a la hora de determinar cómo percibimos los problemas y con quienes estamos dispuestos a hacer sacrificios. Por lo tanto, podría ser que las políticas de “catalanización” del Govern hubieran tenido su efecto y hubiera habido un aumento en la identidad catalana que explicara el cambio en las encuestas.

Pero como muestra el gráfico, no parece ser el caso. Primero, porque el aumento en la identificación con Cataluña el 2011 es considerablemente menor que el aumento del apoyo a la independencia. Pero además, al menos a priori, no parece que se pueda identificar una tendencia clara al refuerzo de la identidad catalana y al debilitamiento de la española. Parece más bien que el gráfico confirma la idea de que las evoluciones de las identificaciones nacionales en Cataluña dependen mucho del contexto político catalán y español (una hipótesis ya muy desarrollada aquí y aquí).

Y aquí es donde toma especial relevancia el segundo elemento del independentismo.

La percepción de que hay algo que ganar con la independencia

Como dice Hechter -y como demuestran muchos de los estudios hechos en lugares como Quebec y Escocia-, hay una clara tendencia de los ciudadanos que son más optimistas sobre las condiciones de vida en un futuro estado independiente a ser más independentistas que los que son pesimistas (bastante obvio, ¿no?). Hay que tener la creencia de que la independencia será positiva para los intereses personales o del país para estar dispuesto a asumirla.

Los beneficios pueden ser de muchos tipos; por ejemplo, para algunos el simple hecho de poder vivir en una Cataluña independiente podría ser suficientemente importante como para olvidar el resto, pero seguramente es la sensación de que la independencia puede tener beneficios más tangibles lo que impulsa este sentimiento entre los sectores menos convencidos de la población.

Evidentemente, hay muchos elementos que influyen en las percepciones sobre las implicaciones de la independencia; pero, personalmente, creo que destaca una: la confianza o desconfianza que generan los dos niveles de gobierno considerados. Al fin y al cabo, los gobiernos y administraciones públicas tienen un gran impacto sobre las personas que gobiernan y, por lo tanto, en su bienestar.

Concretamente, y como teoriza Dion, hay dos creencias necesarias para que la independencia sea posible:

  • la sensación general entre los ciudadanos de que su situación económica, cultural o política empeorará dentro de la unión
  • la sensación de que fuera de la unión los irá bien y que la independencia no supone un riesgo demasiado alto

Por lo tanto, las actuaciones de los gobiernos -y su capacidad para modificar la confianza que se tiene en ellos- puede impulsar o limitar el independentismo.

Especialmente relevante para Dion es la actuación de los gobiernos para proteger tres ámbitos: la cultura de la región (miedo a la asimilación), el bienestar económico y la educación (miedo a la crisis económica) y el poder político (falta de poder de influencia del grupo).

Para comprobar la influencia del poder del estado, la tabla muestra el valor de la Tau-B de Kendall (una medida de la fuerza con la cual dos variables están relacionadas) entre independentismo e identidad nacional para las diferentes valoraciones del gobierno español. Como se puede ver, la relación es mucho más fuerte entre aquellos que consideran la gestión del gobierno español muy mala que entre los que la valoran positivamente (se excluye la respuesta “muy buena” porque sólo tiene 8 casos que no permiten hacer estos cálculos).

Por lo tanto, cuánta menos confianza se tiene en la gestión del gobierno español, más probable es que aquellos que se sienten más catalanes opten por la independencia.

Lo curioso, pero, es que -como muestra el último gráfico- el gobierno catalán siempre ha sido mucho mejor valorado que el español (seguramente por un tema de distancia e intermediación).

De hecho, en 2003 la distancia entre los dos gobiernos era incluso más grande que en 2011 (a pesar de que la nota global era un poco superior). Aún así, el independentismo no llegó a los niveles actuales.

Mi intuición, no testada, es que la explicación de esta diferencia se basa sobre todo en los heurísticos o las estrategias que los ciudadanos utilizan para tomar decisiones difíciles. Al fin y al cabo, la mayoría de ciudadanos (de hecho, ni los expertos economistas del país) no pueden calcular los beneficios o perjuicios que comportaría la independencia. Necesitan mecanismos que los ayuden a intuir decisiones.

Temas como las estrategias de los partidos a la hora de unir la independencia a la economía o su reputación (curiosamente el independentismo sube justo en el momento en el que los socialistas españoles, partido tradicionalmente ganador de las elecciones en Cataluña, pierde las elecciones de manera dramática) influyen en los cálculos de los ciudadanos.

Otro elemento que ha cambiado y que es importante es la situación y perspectiva de futuro general. Al fin y al cabo, la independencia siempre supone un riesgo (pasar de una situación conocida a una de incierta). Así que, como dice la prospect theory, en principio los ciudadanos son reticentes a arriesgarse incluso cuando hay opciones de tener beneficios (risk averse). Pero cuando la sensación es que habrá pérdidas (en la calidad del vida de los ciudadanos, ensus opciones de futuro…) como pasa ahora, los ciudadanos pierden parte del miedo y están mucho más a dispuestos a tomar riesgos (risk seeking).

La sensación de falta de perspectivas pues, puede haber empujado a muchos ciudadanos a asumir un riesgo que no hubieran querido tomar en una otro situación.

Nota: Los datos que se usan en este artículo están extraídas de la ”Encuesta política de Cataluña” desarrollada por el Instituto de Ciencias Políticas y Sociales de Cataluña, a las qué la autora ha tenido acceso gracias a la beca de iniciación en busca de que disfruta.

 Este artículo fue publicado originalmente en catalán en Cercle Gerrymandering.