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Orgullosos de meter la pata

23 Dic, 2011 - - @egocrata

El mini-manifiesto «Yo sí estuve allí» es uno de los documentos más extraños que he leído en mucho, mucho tiempo. Que un grupo de altos cargos de un partido político estén orgullosos de haber servido a su país después de siete años de gobierno es algo perfectamente comprensible, incluso en los malos tiempos que nos ocupan. Utilizar sus logros y su experiencia es también bastante común y loable, ciertamente. Lo que no es del todo normal, sin embargo, es reivindicar ruidosamente como tuyos los logros de un gobierno que ha llevado el partido a la peor derrota desde tiempos de la Segunda República, y encima hacerlo fijándose en la legislatura equivocada.

Los gobiernos de Zapatero tuvieron sus logros, es no lo duda nadie. En siete años en Moncloa, sólo faltaría que no hubieran acertado en algo. Donde se equivocan los firmantes de este extraño manifiesto, sin embargo, es decir que los primeros cuatro años fueron días de gloria, mientras que los segundos fueron tiempo de responsabilidad, obligado por las circunstancias.

Como comentaba en la tertulia ayer (citando este artículo de Jesús Fernández-Villaverde), la primera legislatura de Zapatero es un monumento a la oportunidad perdida. La economía iba bien, pero las deficiencias estructurales españolas seguían ahí, conocidas por todos. Las reformas necesarias (esas que estaba aprobando Alemania) eran conocidas; el tratado de Lisboa y la agenda 2000 estaban ahí. La burbuja inmobiliaria era evidente (es un decir), un problema potencial a medio plazo. Era entonces cuando los socialistas deberían haberse dedicado a hacer reformas. Era entonces cuando era el momento de ser ambicioso. Era entonces cuando era hora de prepararse para afrontar una crisis. Y fue entonces cuando el gobierno de Zapatero no hizo realmente nada, más allá de presentar una tímida reforma universitaria que se quedó en nada, una ley de dependencia que no podemos pagar y unas cuantas políticas sociales estupendas.

En contra de lo que dicen los responsables del escrito en cuestión, la mejor legislatura de Zapatero fue de hecho la segunda. El gobierno respondió tarde, mal y a rastras a la crisis, y cuando lo hizo se explicó fatal, dejo todas las reformas que inició a medias y respondió a todo lo que caía improvisando salvajemente, pero cuando fue el momento de apretar los dientes y suicidarse políticamente para evitar un desastre económico tomó la decisión correcta. La gestión de la crisis fue chapucera, apresurada y probablemente insuficiente. Zapatero realmente no era un gran gestor. Pero el desastre real, una bancarrota soberana y el final del euro, no ha sucedido gracias a él, al menos en parte.

Los redactores de este manifiesto, sin embargo, echan de menos los buenos viejos tiempos, cuando gobernar era cosa de repartir dinero y decisiones fáciles. Los problemas de España actuales no son cosa de «los mercados», «la crisis global» o «Lehman de Lindos y los banqueros». Nuestro problema es que al menos desde el 2000,  tuvimos una serie de políticos que no entendieron qué significaba dejar de tener una política monetaria propia, y no hicieron nada para prepararnos.

Aparte de esto, ¿de verdad vamos a ir a los votantes diciendo que Zapatero ha sido un tipo estupendo? ¿En serio? No sé si alguien se ha olvidado, pero el paro está al 22%. Los socialistas harían bien de aprovechar que Zapatero se ha retirado, no tiene futuro político alguno y se va a León lejos del mundanal ruido a la que pase el Congreso. Ahora pueden atizarle con ganas, decir que les hipnotizó con esas cejas maléficas, y pedir perdón por todo lo sucedido sin sentirse culpables o hacer daño al partido.  Y si alguien es tan tonto como para proclamar que están orgullosos de haber empotrado el partido contra un muro, la verdad, más vale que salgan del medio.