O mejor dicho, ¿por qué lo hace de forma tan lenta? Si bien los economistas denominamos a este fenómeno histéresis, sus causas inmediatas no están nada claras. De hecho, existen distintas explicaciones, aunque por supuesto no tienen por qué ser excluyentes. A continuación quisiera presentar cuatro de ellas (diría que las más importantes) con el fin de que aquellos que estéis interesados podáis encuadrar mejor el debate, especialmente en los tiempos que corren. No tengo intención de ponerme técnico (para los que tengan alguna idea de economía, siento si echáis en falta que no mencione la NAIRU ni una sóla vez); en todo caso, busco más incidir sobre las causas subyacentes del fenómeno que a su definición formal. En cualquier caso, si conocéis o pensáis en alguna más que a mi se me haya pasado por alto, no dudéis en decírmelo. Por mi parte, si recuerdo alguna más que considere que pueda resultar relevante o seros de utilidad,
actualizaré lo más rápido que pueda.

Explicación nº 1. «Si no estás en lista no entras». La primera teoría, conocida formalmente como modelo outsiders-insiders, establece que la persistencia del desempleo se debe a que en el mercado del trabajo los parados resultan discriminados por los empleados. No, esta teoría no afirma que los empleados se dediquen a sabotear las entrevistas de trabajo de los parados; más bien, esta discriminación se produce de manera indirecta. En concreto, el modelo indica que la causa principal reside en la acción de los sindicatos, para quienes los trabajadores empleados constituyen un activo, a diferencia de los parados. Un parado, a efectos prácticos, le importa poco a un sindicato. Los parados no tienen ningún puesto de trabajo por el que luchar, ningún salario susceptible de ser aumentado, ningunas condiciones laborales que poder mejorar, ninguna cuota que abonar
al sindicato ni tampoco, cómo no, ninguna papeleta que depositar en las votaciones sobre convenios colectivos. Además, qué vamos a decir, los trabajadores empleados tampoco es que se muestren demasiado entusiastas ante sus potenciales competidores. Los sindicatos y los empleados conocen mutuamente sus motivaciones y, por descontado, se refuerzan para alcanzar sus objetivos. De esta forma, aunque en época de crisis el paro pueda aumentar a ritmos frenéticos, en épocas de estabilidad, cuando la actividad empresarial se encuentra en expansión y las finanzas públicas son lo suficientemente robustas como para hacer frente a los gastos sociales del desempleo, es entonces cuando el poder de negociación de sindicatos y empleados puede hacerse más fuerte en este sentido. Esta teoría a su vez se utiliza para explicar las mismas diferencias esta vez  en un mercado de trabajo dual, es decir, entre trabajadores indefinidos y temporales, además de los parados.

Explicación nº 2. «Con trabajillos aquí y allá me apaño». Esta explicación, que en buena medida ya os adelanté en la entrada anterior, afirma que la persistencia del paro se debe a la existencia de una economía informal o sumergida más o menos activa. En España, según parece, esta actividad podría cifrarse en algo más de un 20% del PIB. Ahí es nada. Esta teoría entiende que aunque tanto el empleo formal como informal se destruyen rápidamente en épocas de crisis, en la posterior recuperación la contratación suele comenzar en el sector informal, debido a que por entonces la inseguridad del empleo todavía es elevada y el ahorro
de costes que supone para las empresas, asociados entre otras cosas al pago de impuestos y cotizaciones. El trabajador, en estas circunstancias, carece de incentivos para rechazar esta propuesta de empleo informal. De hecho, no le viene del todo mal. A fin de cuentas, en la situación de incertidumbre en que se encuentra la economía, tener trabajo es todo un lujo; además, al no estar declarado, puede cobrar su sueldo íntegro, al tiempo que, dado el caso, puede seguir cobrando el seguro de desempleo hasta que le sea posible con tal de que sea un poco cuidadoso. Esta situación, que en general suele darse en mayor medida en las PYMEs (que por otra parte son quienes generan la mayoría del empleo) lastra la creación de puestos de trabajo formales y, por tanto, su reflejo en las estadísticas oficiales de la recuperación. Por supuesto, sobra decir que este empleo sumergido dista mucho de estar asociado exclusivamente a las típicas imágenes de vendedores abundantes o albañiles chapuzas; de hecho, se trata de una
situación que además de frecuente goza de un elevado respaldo popular.

Explicación nº 3. «La pela es la pela». Esta teoría, quizá la más clásica entre todas, postula que si el desempleo persiste es debido a que los salarios no se ajustan en el mercado de trabajo. Le debemos a Keynes el mérito de ser el primero en hacer esta apreciación. En concreto, el economista inglés afirmaba que aunque los trabajadores no parecen tener ningún inconveniente en ajustar sus salarios al alza, éstos se muestran especialmente testarudos cuando sus salarios deberían ajustarse a la baja. Ésto sucede porque los trabajadores únicamente toman en consideración su salario nominal, no el real. De esta forma, el desempleo persiste, básicamente, hasta que los trabajadores aceptan una rebaja en sus salarios nominales que permita ajustarlos a su nivel real. Hasta que se produce, las empresas solucionan este sobrecoste producido por la rigidez de los salarios racionando el empleo, no los salarios, de
ahí la persistencia del paro. No obstante, los gobiernos de todo el mundo conocen desde antiguo una forma de que se produzca este ajuste prescindiendo de la opinión de los trabajadores a través de un mecanismo conocido como inflación, que logra reducir el poder adquisito en términos nominales hasta equipararlo a su nivel real. A pesar de todo, este método es bastante inestable, y no pocas veces se suceden efectos no deseados en la economía. Muchos economistas también afirmarían que el salario mínimo, o en general cualquier precio mínimo, tiene efectos similares a los antes comentados (otros no, pero eso es otra historia).

Explicación nº 4. «No te contrato porque no tengo hueco». Según esta teoría, la persistencia del paro se produce porque a diferencia del trabajo, del que puede disponerse inmediatamente una vez se contrata, el capital (entendido como las fábricas, la maquinaria, los medios de transporte, etc.) es algo que requiere tiempo para tenerlo a disposición. Asumir que el proceso productivo se efectúa a través de coeficientes fijos de factores productivos nos llevaría a una explicación paralela. Podemos entenderlo mejor con un ejemplo. Supongamos una fábrica que emplea a un número determinado de trabajadores, pongamos 20. Durante una crisis, las pérdidas de la fábrica aumentan hasta el punto en que la fábrica se ve obligada a cerrar. Su maquinaria, igual que su mobiliario, son liquidados. Los contratos de suministro de luz, agua y gas se cancelan. Las instalaciones dejan de
limpiarse y, pasados pocos meses, se deterioran. Ahora, supongamos que la crisis finaliza, dando paso a la recuperación. Un nuevo propietario se hace con la fábrica. La cuestión es que el proceso de puesta a punto de la fábrica, en el que también podemos incluir su liquidación, puesta en venta y adquisición por el nuevo propietario, no se realizan de forma inmediata; además de tiempo, normalmente hace falta realizar inversiones adicionales. El tiempo que transcurre hasta que la fábrica está lista para empezar a producir es el que explica la persistencia del paro. Naturalmente, si la fábrica de nuestro ejemplo, en vez de cerrar únicamente hubiese ajustado su plantilla para capear el temporal, ahora en la recuperación tendría mucho más fácil retornar a los niveles de producción previos, también en lo que se refiere a la contratación. Este argumento puede denominarse el de restricción de capacidad. A su vez, una versión de esta teoría fue propuesta por Keynes como explicación de la inflación; así, ésta
se entendería como el resultado del incremento en costes producido por las inversiones extra necesarias para aumentar la capacidad productiva de la economía una vez ésta alcanzaba el pleno empleo de los recursos productivos. No obstante, tal explicación podría ser correcta en el caso de que la estructura económica fuese homogénea, o lo que es lo mismo, que el capital fuese perfectamente sustituible (aunque todo ésto nos lleva a discusiones antiguas en la profesión); en otras circunstancias, es decir, asumiendo heterogeneidad, afirmaría que la explicación que he esbozado es posible aunque la economía no se encuentre en su frontera de posibilidades de producción.