Hemeroteca Politikon - Expectativas racionales

El paro no desciende para los «veteranos»

2 Ago, 2011 -

La Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo cuatrimestre de 2011 trae alguna que otra alegría; en particular, un leve aumento de la ocupación, una ligera caída del paro y un pequeño descenso de la tasa de desempleo, que baja del 21,3% al 20,9%. Desde luego, tampoco es para ponerse eufórico. Sobre los detalles de la encuesta, poco más puede decirse. No obstante, quisiera centrarme en una cuestión que siempre suele pasar algo más desapercibida, a saber, qué sucede con el desempleo de larga duración. En el gráfico siguiente se muestra, por un lado, el porcentaje de parados que ya estaban parados en el trimestre anterior al de referencia (por ejemplo, el último dato debería leerse como «alrededor de un 60% de los parados del último cuatrimestre de 2010 ya
estaban parados en el tercer trimestre de 2010», y así); por otro, se muestra el porcentaje de parados que estaban ocupados en el trimestre anterior al de referencia.

Figura 1. Parados que ya estaban parados y parados que estaban ocupados en el trimestre anterior al de referencia (%). Fuente: Elaboración propia a partir de la EPA, Instituto Nacional de Estadística

A primera vista, la conclusión más relevante es que el desempleo está estancándose. Así, si a principios de 2009 el 52,5% de los parados podían prever seguir en paro, a finales de 2010 esta cifra se ha incrementado hasta el 62,48%. Paralelamente, frente a un 27,29% a comienzos de 2009, para el último cuatrimestre de 2010 tan sólo el 19,24% de los parados habían estado ocupados en el trimestre anterior. Estos datos muestran como para un parado resulta cada vez más difícil dejar de estar desempleado. Los parados «veteranos» van así acumulándose. Estas impresiones pueden corroborarse desde la perspectiva que aportan los datos sobre el número de parados según la duración del desempleo que se muestran en el siguiente gráfico (en miles de personas, por tanto, en el último dato debe leerse «en el tercer trimestre de 2011 alrededor de 2 millones de parados lo eran de larga duración, es decir, se encontraban desempleados más de un año») .

Figura 2. Parados según duración de desempleo (miles de personas, larga duración = más de un año). Fuente: Elaboración propia a partir de la EPA, Instituto Nacional de Estadística

Como decíamos, las conclusiones en este caso parecen reforzarse. En el segundo trimestre de 2011, es decir, ahora, 2.310.000 parados lo son de larga duración; o en otras palabras, llevan más de un año desempleados. Si en junio de 2011 el total era de 4.833.700 personas, eso supone que casi el 48% de desempleados actuales llevan más de un año sin encontrar trabajo. Eso es una barbaridad. Por otra parte, esta cifra ha ido aumentando paulatinamente, como deja ver el gráfico (en enero de 2010, los parados de larga duración suponían el 44% del total). Al mismo tiempo, los parados de corta duración han ido descendiendo poco a poco.

¿Por qué se está produciendo este estancamiento? La respuesta probablemente sea la misma que permitiría responder por qué no baja el paro, o en todo caso, por qué lo hace tan lentamente (algo que a los economistas técnicamente denominamos histéresis). En cualquier caso, no sabría qué decir; no obstante, quisiera permitirme una breve especulación. En particular, señalaría a la economía sumergida como la más que probable causa de que el desempleo, en cifras oficiales, descienda de una forma tan lenta en nuestro país. Un reciente estudio de la Fundación de las Cajas de Ahorro (FUNCAS) indica que el peso de este sector podría llegar a ser del 21,5% del PIB. Así, esta situación podría implicar que en España la creación de empleo, que en circunstancias ordinarias sería un indicador de una recuperación económica, no se está
declarando; de hecho, se está realizando al margen de los canales oficiales. Este hecho es preocupante precisamente porque, dados los incentivos de los agentes, resulta muy difícil de corregir. Como es lógico, al empresario no le interesa contratar trabajadores de manera legal mientras pueda permitírselo; entre otras cosas, los costes no sólo son menores, sino que los quebraderos de cabeza en caso de despido, sobre todo teniendo presente la incertidumbre actual, también lo son. Por su parte, al trabajador tampoco le importa demasiado tal estado de cosas. A fin de cuentas, si se forzase a una contratación regulada, probablemente el empresario preferiría no darle trabajo por los mayores costes; además, qué decir, si además de tener un trabajo más o menos estable el trabajador puede percibir un sueldo algo mayor que el que percibiría si tuviese que pagar él también impuestos, mejor; o todavía más, si puede trabajar de forma no declarada y al mismo tiempo seguir cobrando el subsidio de desempleo el máximo tiempo
posible, mucho mejor.

Queda por ver cómo reaccionará el desempleo a la temporada turística de verano. No obstante, si el paro desciende mucho menos de lo esperado, es posible que las intuiciones que he esbozado un poco más arriba contengan algo de verdad. De ser así, nos encontramos ante una dificultad que, sea cual sea el gobierno que resulte electo en las elecciones generales del 20-N, no será nada fácil de abordar.