Internacional

Trump y las predicciones fallidas

10 May, 2016 - - @egocrata

Me equivoqué.

Como tantos otros comentaristas de política americana, me pasé los últimos seis meses del 2015 atónito ante las encuestas sobre las primarias republicanas. Sencillamente, no me creía que el GOP fuera capaz de nominar a alguien como Donald Trump como candidato a presidente. Aunque es cierto que empecé a cambiar de opinión en noviembre, y que tan pronto como se empezó a votar di  a Trump como favorito (hay un buen número de analistas que no admitieron esa realidad hasta las primarias de Nueva York), es un error considerable; la excusa de que “todo el mundo estaba equivocado” no vale. Como ejercicio de honestidad intelectual*, y para aprender de mis errores, vale la pena repasar por qué creía que Trump no podía ganar, y por qué mis premisas estaban equivocadas.

 1. Las élites republicanas no reflejaban la opinión de las bases

Uno de los grandes misterios de la política americana pre-Trump era por qué el partido republicano parecía atraer el apoyo de amplios grupos de votantes que realmente no estaban bien representados por él. El GOP, o amplios sectores de este,  estaba a favor de reducir el gasto público, recortar sanidad y pensiones, regularizar inmigrantes, bajar impuestos a los ricos, intervencionismo exterior y libre comercio. El amplio apoyo que recibía el partido era un poco inexplicable sin recurrir a explicaciones un tanto rebuscadas como ideología, falsa consciencia de clase, racismo o valores sociales y religiosos.

La realidad, sin embargo, era bastante más simple: las élites del partido republicano no estaban reflejando el sentir de las bases, o al menos de una parte considerable de estas. Muchos votantes republicanos estaban de hecho a la izquierda del partido, no a la derecha de este, y buscaban un candidato que no tuviera como prioridad recortar el gasto público o bajar impuestos a los ricos, sino un proteccionismo de corte nacionalista. Trump fue capaz de identificar ese espacio vacío en el centro del electorado republicano.

2. La importancia de la talk radio

Lo cierto es que uno no necesitaba ser un genio para darse cuenta que ese mercado existía. Sólo hacia falta escuchar con un poco de atención.

Una de mis costumbres más malsanas desde que vivo en Estados Unidos es escuchar emisoras de radio conservadoras; gente como Rush Limbaugh, Michael Savage, Sean Hannity, Glenn Beck, Mark Levin y otros comentaristas radiofónicos**. La talk radio es una cosa un poco peculiar en el espacio mediático americano; la mayoría de estrellas del sector tienen programas diarios de política de tres horas básicamente consistentes en un larguísimo monólogo sobre política, con ocasionales entrevistas y llamadas del público. Aunque no generan demasiado respeto en círculos conservadores ilustrados (Limbaugh, el más popular, es visto como un bufón por muchos), tienen audiencias considerables, y en agregado, una vasta influencia en las preferencias del votante republicano medio.

Durante las primarias nadie prestó demasiada atención al hecho que lejos de tomarse a Trump como una broma (la actitud de las élites del partido, la mayoría de comentaristas en Fox News y las revistas del ramo), la mayoría de comentaristas radiofónicos tenían una actitud entre positiva y ambivalente sobre el candidato. Glenn Beck fue el único que realmente se opuso a Trump casi desde el principio (para apoyar a Ted Cruz. Beck sigue estando loco), pero el resto se lo tomaron como un candidato respetable.

El motivo era muy simple: el mensaje de Trump era a menudo idéntico a la retórica de la radio conservadora. Rush Limbaugh no puede criticar a Trump porque Trump, al hablar de inmigración, habla como Rush Limbaugh. Las críticas de Trump a las élites del GOP son las mismas críticas que Michael Savage lleva años lanzando al partido. El sector mediático con mayor audiencia del universo de medios conservador era trumpista antes que Trump existiera. El partido republicano los había estado tomando como tontos útiles, hasta que apareció un candidato que les dio voz.

3. El partido republicano llevaba años preparando el terreno

No nos engañemos: el GOP llevaba décadas abonando el terreno para un candidato como Trump. Norm Ornstein, uno de los pocos observadores que dieron a Trump como candidato desde el principio, lo explica en esta larga entrevista en Vox.

El partido lleva años utilizando una estrategia electoral que combina un antiintelectualismo militante, desconfianza hacia las élites de Washington y resentimiento racial velado. Al principio esta retórica era una forma de ganar elecciones, pero el partido fue poco a poco seleccionando candidatos que realmente creían la retórica antigubernamental extremista del tea party. Que apareciera alguien capaz de explotar sin reparos esta retórica en unas primarias presidenciales era cuestión de tiempo; la extraña popularidad de Sarah Palin entre las bases en el 2012 fue una señal clara que había un mercado. Trump lo ha explotado magistralmente.

 4. Escepticismo excesivo ante los datos

Las encuestas durante el 2015, ya desde junio, daban a Trump como favorito. Para un observador escéptico, sin embargo, era fácil buscar razones para que el hecho que estuviera líder en los sondeos no fuera el dato más relevante.

El error más común, aparte de asumir que todo lo que nos habían contado los líderes republicanos sobre la importancia de los valores conservadores en su militancia era cierto, fue creer que los candidatos del establishment no  superaban a Trump debido al alto número de estos, no porque Trump fuera tan popular. Los votantes respondían Trump por familiaridad, porque era el único conocido. En cuanto supieran quién era Marco Rubio, Scott Walker, Jeb Bush, Chris Christie, John Kasich, Rick Perry, Carly Fiorina o Lindsey Graham (es increíble la cantidad de candidatos del “establishment” en estas primarias) se dejarían de famoseos y abandonarían a Trump.

La cuestión es que los datos a menudo resultan que dicen lo que aparentan decir: Scott Walker (mi favorito, antes de empezar) nunca tuvo demasiado apoyos no porque fuera un desconocido, sino porque era un candidato espantoso. Los votantes decían, en un sondeo tras otro, que estaban hartos con las élites y que coincidían con Trump en un tema tras otro.Si respondían Trump era porque preferían a Trump, y si no era su candidato, a menudo iba a resultar ser su segunda opción.

5. El partido republicano no tenía ni idea de lo que estaba haciendo

Una de las primeras cosas que aprendes en la facultad al hablar de partidos políticos es que los partidos americanos son estructuras débiles, descentralizadas y con un poder más simbólico que real. Aunque es cierto que hay un establishment con peso e influencia compuesto por donantes, intelectuales, opinadores profesionales, lobistas, políticos y consultores, no existe una secretaría general, politburó o contubernio de líderes del partido capaces de dirigir o dar órdenes a los candidatos.

Los oponentes de Trump, durante todo el proceso de primarias, se enfrentaron a constantes problemas de coordinación. Es posible que si en septiembre u octubre del año pasado cinco o seis de los ocho (¡ocho!) candidatos medianamente aceptables para las élites del partido se hubieran retirado las primarias hubieran sido distintas. Cruz hubiera ganado Iowa (es un estado francamente extraño), y Rubio (o alguien similar) hubiera quedado segundo, atrayendo la mayoría de voto anti-Trump. En New Hampshire no hubiéramos asistido al espectáculo de tener un candidato en teoría moderado humillando a la alternativa más prometedora en un debate (Christie contra robo-Rubio), y Trump quizás no hubiera ganado. La inercia, en primarias, es un factor a tener en cuenta; tras dos derrotas Carolina del Sur hubiera sido distinta, y quizás Trump nunca hubiera acelerado hasta ganar la nominación a todos los efectos el supermartes.

Obviamente eso no sucedió, porque nadie podía forzar a ningún candidato a abandonar la carrera. En la era de las superPACs, el establisment de Washington no tiene control sobre la capacidad de recaudar dinero de los candidatos, así que las élites no pudieron dejar secos a siete de los ocho moderados para forzar una carrera a dos desde principio. Por añadido, todo el mundo que atacaba Trump directamente era dejado a la estacada por el resto, evitando una campaña negativa. Mientras tanto, Trump hacía de ser un ácrata irrespetuoso su seña de identidad, y atizaba a todo lo que se movía.

El resultado fue una larga guerra de desgaste en que una miríada de candidatos mediocres (no nos engañemos: parte del problema es que los oponentes de Trump simplemente no eran buenos políticos) se resignaron a solucionar en las urnas lo que no pudieron dirimir en la primaria invisible. Cuando el eterno proceso de eliminación había terminado, John Kasich seguía en pie por ser el perdedor menos malo, y Trump ya tenía delegados más que suficientes para ser inalcanzable. El otro superviviente era Ted Cruz, alguien que era aún menos aceptable para las élites del partido; la derecha tea partier  sí se había coordinado. Nunca le apoyaron, incluso cuando era la última opción viable para detener a Trump.

Como dice Patrick Healey y Jonathan Martin, el GOP ha sido víctima del equivalente político de una OPA hostil por parte de Trump. Simplemente, nunca me creí que pudieran ser tan torpes. Resulta que sí lo eran.


*: Harry Enten, en 538, me ha servido de inspiración; también ha escrito su propio post-mortem. Sus premisas son distintas a la mías. Y sí, también se equivocó.

**: Mis compañeros de trabajo (y todos mis conocidos medio-progres, en general) creen que estoy chiflado por escuchar a este gente y leer medios conservadores, por cierto.


16 comentarios

  1. Netligano dice:

    Roger, tienes que leer a Enric Juliana, eso si que son análisis políticos acertados. Un saludo

  2. EB dice:

    Hasta este momento lo único que ha conseguido Trump es mantenerse en competencia y con probabilidad de éxito. Nuestra ignorancia de por qué ha llegado tan lejos –aunque todavía a ninguna parte– sigue siendo hoy tan grande como lo era ayer y antes de ayer. Nuestros pronósticos sobre lo que le puede suceder en los próximos meses son tan malos como los pronósticos equivocados de los últimos meses. No debe sorprendernos porque ninguna ciencia puede explicar el fenómeno Trump –ni tampoco ningún otro fenómeno humano específico (con suerte el análisis científico de la conducta humana puede explicar algunas sus regularidades pero no es y jamás será suficiente para explicar acciones e interacciones específicas). Esa explicación requiere ir mucho más allá de lo que todas las ciencias sociales pueden hoy aportar y por eso muchos intentan ganarse la vida seriamente como analistas, “expertos” en fenómenos humanos específicos (los casos más claros son los médicos y los psicólogos profesionales), algo que requiere conocimientos que sólo se obtienen si se sabe aprovechar la experiencia.

    Por muchos meses hemos escuchado y leído a fanáticos disfrazados de analistas tratando de “explicar” por qué Trump no se había caído todavía y por qué se caería mañana. Algunos de estos fanáticos hoy se rinden a la evidencia, pero pretenden tranquilizar a sus tribus diciendo que no importa porque mañana caerá, y caerá porque Trump sigue siendo una porquería como lo son todos los que lo apoyan. Es un cuento muy viejo, propio de fanáticos disfrazados de analistas.

      • EB dice:

        Los resultados de ayer martes 10 en W. Virginia muestran el desprecio por Hillary cuando no hay minorías importantes en el electorado. En su desesperación Hillary ya empieza a prometer lo que jamás podrá dar y por supuesto no esperemos que los fanáticos anti-Trump digan algo.

    • EB dice:

      Y mientras tanto, los fanáticos anti-Trump callan sobre el legado de Obama, otra carga que Hillary tendrá que soportar (sí, sin la ayuda de Obama se cae y va presa). La gran mentira del acuerdo con Irán ha quedado en evidencia gracias a un pequeño siervo de Obama que quiso pasar por inteligente:

      http://thefederalist.com/2016/05/10/why-a-liberal-journalist-brought-the-house-down-on-obama-fabulist-ben-rhodes/

      • EB dice:

        Y ahora Obama –quizás con la intención de repetir sus “exitosas visitas” a Cuba y Argentina– anuncia su visita a Hiroshima. Nada que prometa condiciona al próximo presidente (aunque Obama piense que la vieja Hillary tendrá que prometer lo mismo durante la campaña) y mucho menos al Congreso actual y al próximo (en sus últimos 2 años, Bill Clinton firmó varios tratados internacionales que nunca fueron ratificados por el Congreso pero que lo dejaron bien parado con los progresistas europeos). Peor, su visita sólo sirve para hacer el único ruido de que son capaces los progresistas más podridos, esto es, revolver la historia para intentar imponer sus cuentos (sí, lo mismo que muchos progres españoles tratan de hacer porque es lo único que pueden hacer).

  3. Stasi dice:

    The Mythology Of Trump’s ‘Working Class’ Support
    (His voters are better off economically compared with most Americans).

    By Nate Silver

    http://fivethirtyeight.com/features/the-mythology-of-trumps-working-class-support/?ex_cid=story-twitter

    • Alex N. dice:

      Nate Silver fue otro que le erró feo con los pronósticos sobre Trump. El mismo lo ha admitido. Bueno últimamente viene errando feo en todos los pronósticos…

  4. Gerion dice:

    Hace bastante tiempo leí un libro que se titulaba “Decisiones Instintivas”, o algo así – no recuerdo el autor -. Uno de los postulados del libro, si no recuerdo mal, era que en más ocasiones de las que creemos, una persona toma decisiones basándose en su conocimiento inconsciente. Esto implica que la consideración consciente de los datos, en más ocasiones de las que creemos, no altera nuestra decisión, incluso si estos datos contradicen a nuestro conocimiento inconsciente.
    Cada votante, y cada analista, poseen un bagaje de conocimiento que sustenta sus opiniones, incluso si no es capaz de verbalizar el motivo de esa opinión. Trump, igual que Iglesias, ha sido capaz de verbalizar esos motivos, y hacer de ellos su programa. Quizá los analistas se centraron demasiado en los datos del boicot de la cúpula de su partido, y en encuestas que, como todas, pueden interpretarse de diferentes maneras.

  5. Eduardo dice:

    Roger, por hacernos una idea, los Rush Limbaugh y compañía son un poco el equivalente yanqui a Jiménez Losantos no? Un saludo y gracias por la información que aportas todas las semanas

  6. Mr.Turdy dice:

    El tema es siempre “quién detrás”. El PR drogó a su propio electorado y el estado semiterminal del sistema socioeconómico americano hizo el resto. Trump ya podría haberse presentado como independiente con muy buenas opciones (ya hubo el precedente de Perot, pero fue para otros motivos), pero ahora tiene a todo un aparato partidario acojonado a sus pies porque no le debe nada a nadie y hará lo que le dé la gana al respecto. Si llega a Presidente todos saben que cogerá colaboradores o nombrará cargos -incluyendo jueces del Supremo- como él quiera, y nada de basura neocon. Están jodidos y bien jodidos. La pelea entre el sector nacionalista y de medina empresa americano contra el famoso aparato militar-industrial (en horas bajas) va a tener a todo el PR de escudo humano. Ya le hubiera gustado a JFK.
    Este tío además se come con patatas a la Hilary. No me extrañaría que si Bernie no puede con ella, saquen cualquier conejo de la chistera para “retirarla”. Sanders tiene más opciones contra Trump, y sobre todo, es más predecible y tipo de orden, o sea, de partido.
    Va a estar interesante la cosa.

    • Mr. Turdy dice:

      Trump se come a la Hillary con patatas entre los militares americanos, 54:25, entre los marines alcanza un escandaloso 60:18 (sobre los que piensan ir a votar). No es de extrañar, visto el ridiculum vitae de la loca, no es su vida la que está en juego:
      http://sputniknews.com/us/20160511/1039452437/us-military-support-trump-commentary.html

      Con Sanders la diferencia es mucho menor, 51:38.

      En realidad deben ser las cifras de los que se llama el electorado blanco medio americano. Hasta ahora estaba dividido, por eso era siempre crucial tener el apoyo de las minorías afroamericana, hispana y asiática (muy heterogéneas las dos últimas, basta pensar en cubanos vs. mexicanos). Estaba claro que el desprecio casi racista de los republicanos espantaba esa parte importante del electorado con los resultados que conocemos desde Bush el beodo, pero ahora el tema se va a dar la vuelta: con esas minorías no se gana (sólo si la diferencia la deciden ellos), y con un 55:25 entre el electorado blanco anglófono de toda la vida, sí.

      Todo esto no hace más que retroalimentar a Trump.

      • Estilpon dice:

        La cuestión relevante es si los marines (o más bien los miembros del ejército) son una fuerza relevante. En algunos estados disputados sí, pero lo verdaderamente importante es ¿esa proporción de voto es la misma que tuvo Obama o ha mejorado? Porque si es la misma, no representa ninguna mejora…
        En otras palabras: “¡Oh sorpresa! ¡los militares votan a los republicanos!
        (versión actualizada de ¡Es un escándalo! ¡aquí se juega!)

        Y no puedo resistirme…¿Sputniknews? ¿hermanos de RussiaToday? Ejem…

        • Mr. Turdy dice:

          Obama ganó en la primera, y también en la segunda frente a Romney, aunque con el margen más estrecho (y más alta abstención), exactamente por lo mismo que Trump: porque se esperaba menos militarismo de él que del otro candidato. Creo que esto ha quemado a Sanders de antemano. Además, es un hecho histórico bien conocido que han sido siempre demócratas los que han hundido hasta el cuello al ejército en conflictos en el extranjero, con la notable excepción del dueto Bush-Cheney.

          La noticia si se molesta en leerla, verá que se hacen eco simplemente de la fuente original, que puede molestarse en comprobarla. La noticia está más accesible en el link que he dado que en su fuente original.

          Los militares sirven primero, para inferir el voto de otros grupos sociales, no están muy distantes de otra clase de funcionarios, empleados indirectos del estado (a través de empresas subvencionadas más o menos descaradamente) y demás, además de para inferir el voto de minorías y mayorías que también están representadas dentro. Viene siendo como esas mesas electorales “significativas” cuyo comportamiento de alguna forma se ajusta muchísimo al promedio del electorado total. En ese aspecto, suele pasar que los marines votan por este tío con 40 puntos de ventaja, otros lo hacen por 30, otros se inclinan por el otro con cinco arriba, etc.

          Además es mucho más fácil encuestarlos a ellos.

          Vuelvo a repetir que los candidatos son lo que tienen detrás. Trump no es un anormal que ha salido de la nada, porque además ni siquiera es tan rico como para meterse en este berenjenal, cosa que todos sabemos. Simplemente en EEUU ya hay claramente dos campos definidos, los imperialistas que han perdido ya todos los frenos, y los nacionalistas (igual que en muchos países de Europa) que quieren poner primero EEUU y luego tirar por el retrete todas las veleidades imperiales. Los dos campos tienen recursos, medios y dinero. Están apelando al pueblo, cada uno con su estrategia. Si unos han abducido al PR, es porque lo llevaba pidiendo a gritos desde 1980. Llámelo OPA hostial si prefiere, es normal que tengan miedo porque en estos escenarios a los que nos movemos, los partidos van a ser plenamente desechables (como en los años 30) tengan la historia que tengan.

  7. Alex N. dice:

    Volviendo por mis fueros de troll, hay algo que me disgusta en todos estos análisis: si una mayoría de “ciudadanos” integrantes de un partido quieren a X como candidato a presidente, en lugar de Y o Z… pues X debe ser el candidato. And the elites be dammed! Las “élites” deben responder a las “bases” y no viceversa. ¿o qué miércoles es la democracia? ¿lo que se decide entre 4 paredes? Hace 8 años el Partido Demócrata había decidido que la candidata era Ms.Clinton; las bases eligieron a Obama. Bien por los demócratas. Este año lo volvieron a intentar, lo van a conseguir pero les está costando. Como alguien dijo, el pueblo tiene derecho a equivocarse, para eso son humanos. Más humanos que las dantescas élites que nos gobiernan.

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