Internacional

Primary colors (X): cuando despertó, Trump seguía allí

25 Nov, 2015 - - @egocrata

Llevo una temporada sin escribir sobre las primarias en Estados Unidos, en no poca medida porque me ponen de mal humor. En el lado demócrata es, no nos engañemos, porque no hay demasiada historia; Hillary Clinton prosigue imperturbable su paseo militar hacia la nominación, y nada salvo un asteroide o una invasión alien podrá detenerla.

En el lado republicano… bueno, tenemos a Donald Trump.

Hace un par de semanas la campaña republicana tuvo conatos de interés. De forma casi inexplicable, Ben Carson, el neurocirujano que está metido en estas elecciones para vender libros (insisto) comenzó a ganar popularidad en las encuestas. El motivo, supongo, fue un sondeo en Iowa que colocaba Carson a un puntito de Trump, gracias al amplio apoyo que el muy religioso cirujano atraía entre los votantes evangélicos. Esto encuesta era probablemente un outlier, un resultado un poco fuera de lo normal, pero eso no importa demasiado a los periodistas. De la noche a la mañana Carson, que era visto como una de esas curiosidades folclóricas que atraen a un cierto sector del partido republicano, empezó a atraer una cantidad de atención inusitada.

Como sucede a menudo en unas elecciones primarias, donde los votantes realmente no prestan demasiada atención a lo que está pasando, el ruido mediático acostumbra a llevar aparejado una mejora substancial en las encuestas. Carson, que a nivel nacional seguía a 8-10 puntos de Trump, vio como su apoyo se dispara hasta prácticamente empatar con el empresario. Este resultado produjo uno de los discursos más extraños de esta campaña presidencial (o de cualquier campaña presidencial –aquí los mejores momentos) en boca de Donald Trump, sumada a la ya de por sí extraña realidad que dos tipos que nunca han sido elegidos ni presidentes de su escalera estaban marcando el debate del GOP con insultos de patio de colegio.

Como también sucede a menudo cuando un candidato «peculiar» como Carson pasa a ser objeto de atención de los medios, es entonces cuando los votantes empiezan a descubrir que está un poco chiflado o que es un vendedor de crecepelo. En ese caso, los periodistas empezaron a verificar varios puntos de la admirada biografía del neurocirujano, descubriendo (oh sorpresa) un largo reguero de exageraciones. No ayuda demasiado que además Carson parece ser un poco demasiado aficionado a teorías de la conspiración, que sus asesores sobre política exterior hayan admitido abiertamente que no entiende nada (en serio), o que su asesor principal en este aspecto sea un tipo bastante cuestionable. Si a eso le añadimos sus divertidas teorías sobre las pirámides, no es de extrañar que su apoyo haya caído de forma substancial. Sigue segundo, pero la tendencia es innegable – no es ya un candidato viable.

Lo que nos deja de nuevo con Donald Trump, y su persistente dominio en las encuestas. La media de sondeos recientes le colocan con un 27,5% de apoyo, por debajo de su máximo a finales de septiembre (cuando superó el 30%) pero al alza. Dejando de lado a Carson, los dos rivales más cercanos los tiene a más de 15 puntos de distancia: Marco Rubio, que sigue sin despegar, está clavado en el 12,5%, y Ted Cruz, que lleva unas semanas ganando terreno y se ha colocado cuarto con 11,3%. El anterior favorito, Jeb Bush, sigue su lenta caída y anda por el 5%.

Si tuviera que apostar (aunque con lo extraña que es esta campaña, no lo haría), creo que las primarias republicanas empiezan realmente ahora, con tres candidatos viables. Ted Cruz es el hombre del tea party, un conservador ortodoxo, tozudo, listo y con unas ideas económicas y sociales a la derecha de prácticamente cualquier cosa que os podáis imaginar. El senador de Texas no tiene en su historial ningún flirteo con la moderación, ha llegado al cargo tras una campaña anti-establishment en primarias y fue el culpable de cierre del gobierno federal que tanto daño hizo al partido pero que le certificó como un campeón de la causa.

Marco Rubio, sin ser mucho más moderado que Cruz, es el candidato casi por defecto del establishment tras la vergonzosa implosión de Bush, los persistentes problemas de Chris Christie y la sosa mediocridad de Kasich. Es joven, latino (también lo es Cruz, aunque actúe como si eso no le gustara), carismático y tan conservador como uno puede llegar a ser sin que eso le haga un candidato inviable a la Casa Blanca. Mi opinión de Rubio como candidato ha mejorado bastante, aunque sigo creyendo que está sobrevalorado: a pesar de la adoración de la prensa y los enormes recursos que tiene detrás, sus números nunca parecen moverse demasiado. Es apreciado por los votantes, pero no es es un candidato brillante.

Queda Donald Trump, líder de la facción fea, racista, antiitelectual y populista del partido. Es difícil definirle de otro modo, la verdad; en las últimas semanas Trump poco menos que ha repetido consignas racistas, ha pedido crear un fichero nacional de musulmanes, y lo ha hecho mintiendo repetidamente, diciendo cosas como que los inmigrantes árabes en Nueva Jersey celebraron la caída de las torres gemelas. Es difícil hacer un seguimiento de sus declaraciones más ofensivas ya que nunca para de decir barbaridades. Desde decir que deberían haberle pegado una paliza a un manifestante hasta apelar abiertamente al miedo al más puro estilo LePen, su campaña ha adquirido un tufo derechista cada vez más vergonzoso*. Por añadido, sigue sin contestar más que vaguedades sobre sus planes económicos mientras sigue inventándose cifras, sucesos y estadísticas sin descanso, mintiendo salvajemente.

Pero a pesar de todo, sigue líder en las encuestas, sin que nadie hasta ahora en el partido republicano haya conseguido derrocarle. El establishment del partido parece moverse entre la contemplación atónita del desastre, la vaga esperanza de que Trump acabará por implosionar tarde o temprano o anunciar que un día de estos irán a por él y lo criticarán mucho, pero sin ir mucho más allá. Todo el mundo en el partido está convencido que es imposible que Trump pueda ganar unas elecciones contra Clinton (y tienen razón), pero hasta ahora el GOP parece incapaz de detenerle.

La única esperanza para los republicanos es que Iowa es un sitio bastante extraño donde los votantes evangélicos tienen mucho peso, y ese es el grupo dentro del partido que parece ser más escéptico con Trump. Para desgracia del GOP, sin embargo, la alternativa en Iowa parece ser Ted Cruz, el otro candidato de este triunvirato que se estrellaría lastimosamente en unas generales.

El partido empieza a votar en menos de dos meses, así que se están quedando sin tiempo. Nadie se esperaba que Trump llegara tan lejos, y nadie esperaba que su populismo llegara a los extremos que está llegando. El GOP ha creado un monstruo, y ahora no saben como derrotarle.

*: En este párrafo, y en todo el artículo, he estado considerando seriamente la palabra que empieza por «F» para definir a Trump – fascista. El tono es el mismo. No lo he hecho porque creo que Trump es más un cretino narcicista que un ultraderechista sincero, pero su campaña está llegando a niveles repugnantes.