Política

¿Por qué no acepta Podemos una coalición tripartita?

8 Feb, 2016 - - @politikon_es

Las declaraciones de Pablo Iglesias de que Podemos no aceptará negociar con el PSOE mientras éste negocie con Ciudadanos han generado cierto revuelo. El líder de Podemos ha dado a entender que los programas de los tres partidos tienen demasiado poco en común para llegar a un programa de cambio razonable. A esto, muchos comentaristas han reaccionado subrayando las posibles bases de un acuerdo en común de los tres partidos. En este post intentaré sugerir una interpretación de como la estrategia de Podemos se puede racionalizar con base en lo que se observa desde fuera y de paso introducir un par de ideas básicas de teoría de negociación.

En un post pasado explicaba una tensión básica que penetra los gobiernos de coalición: si dos partidos se dirigen a electorados con preferencias muy distintas, el acuerdo es difícil porque no hay mucho sobre lo que ponerse de acuerdo; cuando dos partidos se dirigen a electorados con preferencias parecidas, entonces hay base para un acuerdo, pero entonces ambos partidos típicamente compiten muy directamente en las elecciones como para no incumplir ese acuerdo. También expliqué más tarde que el hecho de que en la práctica veamos muchos gobiernos de coalición se puede explicar por varios mecanismos que permiten superar este problema.

Podemos ha crecido en gran medida a costa del PSOE, y si lo sigue haciéndolo, parece que será en esa dirección. Eso significa que probablemente sólo entrará en un gobierno con el PSOE si puede esperar llevarse el crédito de dictar la línea política de forma que el día de las elecciones pueda decir “forzamos al PSOE a hacer una política no habrían hecho de otra forma”.

Si lo único que les importara a los partidos fuera ganar elecciones y pudieran medir perfectamente las consecuencias electorales de formar una coalición, esto implicaría que sería imposible un pacto entre el PSOE y Podemos: al ser un juego de suma cero, el único pacto que Podemos aceptaría sería uno que el PSOE no aceptaría. En la práctica, podemos ver desviaciones respecto a esto: a los políticos les importan otras cosas además de ganar elecciones, como el tipo de políticas que se aplican o tener un puesto en el gobierno y, por si fuera poco, los políticos cometen errores de cálculo y los partidos son organizaciones con dinámicas internas impredecibles.

Lo que quiero transmitir es por qué la entrada en un gobierno con Ciudadanos probablemente es mucho menos atractiva para Podemos que, por ejemplo, un hipotético gobierno a dos con un acuerdo lateral de estabilidad con algún partido nacionalista. Esta es la idea que quiero introducir en este post: es el enigma de las coaliciones amplias. Un problema al que se han enfrentado los politólogos que han estudiado las coaliciones es que muchas coaliciones no parecen ser mínimas. Podría parecer que tiene sentido formar un gobierno con el menor número de miembros posibles: así cada partido toca a más carteras y, en principio, hay que hacer menos concesiones porque hay menos intereses en conflicto. ¿Qué lleva a los partidos a formar coaliciones más amplias? Una respuesta que se ha dado a esta pregunta es como la entrada de más partidos en la coalición cambia el poder de negociación de cada partido. Cuando negocian el programa de gobierno, las políticas que tienden a ser aplicadas gravitan alrededor del centro de la coalición: el efecto de la entrada de un tercer partido en una coalición es el de mover ese centro hacia su punto ideal. Si pensamos en un gobierno C-PSOE-Podemos en comparación con un gobierno Podemos-PSOE, el centro de la coalición estará en un caso bastante más cerca de Podemos y en el otro mucho más cerca del PSOE: la entrada de Ciudadanos en el gobierno beneficiaría al PSOE en perjuicio de Podemos. Si no me equivoco suponiendo que Podemos solo aceptará gobernar si eso resulta en su crecimiento a costa del PSOE en las próximas elecciones, parece razonable esperar que no acepten un arreglo de ese tipo.

Hay más razones que me hacen pensar que la estrategia de Podemos tiene sentido. La estrategia del partido, que parece haber funcionado bien, ha sido hasta el momento la de usar una cierta lógica antisistema, basada en principios y máximos, que aunque sea relativamente ágil para las tomas de postura, la alta política y los debates en la televisión y el parlamento, probablemente juegue en un terreno más peligroso con el polvo de los despachos y las decisiones administrativas. Si pensamos en la estructura interna del partido dividido en cuatro federaciones muy poco integradas con tensiones de liderazgo internas, unidas detrás de este discurso, desviarse parece incluso más arriesgado. Más allá de eso, al tratarse de un partido nuevo, es probable que tema no tener con quién contar a la hora de nombrar cargos de confianza en un ministerio- un terreno en el que el viejo aparato del PSOE tal vez cuente con ventaja. Parece plausible que los dirigentes de Podemos piensan que si se repitieran elecciones saldrían reforzados. Es lo que parecen decir las encuestas, es la tendencia que se derivó a lo largo de toda la campaña electoral y es lo que expresó Pablo Iglesias cuando dijo que les había faltado una semana y dos debates para superar al PSOE. Con esto, parece plausible que Podemos tenga más que ganar a unas elecciones vista impidiendo que se forme gobierno o formando parte de la oposición que con un puñado de ministerios.

Imagino que es posible criticar a Podemos por este comportamiento que puede interpretarse como hipócrita u oportunista, especialmente viniendo de un partido que presume de “hacer política de otro modo”. Pero lo cierto es que el reloj electoral parece ir a su favor ahora mismo y la situación de ventaja en la que juegan ahora podría cambiar al día siguiente de que formaran gobierno con dos partidos más moderados, viéndose abocados a luchar por diferenciar sus logros de los del resto de la coalición sin parecer que sabotean la empresa común. Es difícil no sentir empatía hacia un partido político que parece actuar según una estrategia que mejora su posición electoral a medio plazo y, en última instancia, su capacidad para imponer su agenda.