Política

Corrupción, castigo electoral y el papel de la independencia de los medios

3 Feb, 2013 - - @jorgegalindo

Los politólogos Gonzalo Rivero, Pablo Barberá y Pablo Fernández acaban de publicar un working paper que analiza los resultados electorales de la corrupción en España. Lo hace a nivel municipal, recogiendo 75 escándalos en la legislatura anterior (2007-2011), y aporta una conclusión que, además de interesante, cuadra bastante bien con la intuición y el conocimiento (no tan) anecdótico que muchos teníamos poniendo en relación corrupción, castigo electoral y burbuja inmobiliaria. En esencia, muestran que los casos de corrupción pueden dividirse en dos tipos según puedan suponer algún beneficio para el electorado en el corto plazo (por ejemplo, permitir la construcción masiva de apartamentos en un pequeño municipio) o, al revés, consistan en aprovecharse y vaciar las arcas públicas (el caso de El Ejido, que ellos citan, es paradigmático). Una vez hecha esta distinción teórica, y aplicándola al análisis empírico, el resultado es el que cabría esperar:

Using a unique dataset of allegations of wrongdoing in which there has been an involvement of a judicial authority between 2007 and 2011, we find that corrupt mayors lost an average of 2% vote share relative to honest mayors. However, this value hides a relevant heterogeneity: whereas mayors involved in welfare-decreasing corrupt practices suffered an electoral penalty of about 4%, those that engaged in actions that provided citizens with rents survived the verdict of elections completely unharmed.

Esto es: la corrupción solo produce daño electoral real cuando el coste para el ciudadano es evidente. Este resultado ya es interesante de por sí, pero lo que más me ha llamado la atención es una conclusión accesoria del mismo trabajo: introduciendo la variable “cobertura mediática del escándalo”, el castigo electoral se incrementa incluso si se trata de un caso de corrupción “beneficiosa” para el ciudadano. El viernes, Lluis Orriols conjeturaba que un factor importante para explicar el bajo castigo electoral hacia la corrupción en España es la alta politización de nuestros medios de comunicación. La dinámica de “guerra de trincheras” restaría credibilidad a los escándalos destapados en cada partido:

Cuando un periódico destapa un escándalo de corrupción suele ser recibido por la otra trinchera como una estratégica interesada, que tiene como única intención el descrédito o la difamación del adversario por cuestiones estrictamente políticas. Esto provoca que los ciudadanos (tristemente atrincherados en alguno de los bandos) se tomen con altas dosis de cinismo los escándalos publicados en los periódicos rivales.

Confieso que mi reacción inicial a esta propuesta fue de cierto escepticismo. Al fin y al cabo, la afiliación ideológica e incluso la petición explícita de voto hacia uno u otro partido por parte de los medios es habitual en otros países de Europa. ¿Por qué en España este efecto iba a resultar más negativo que en otros lugares? Sin embargo, la idea es intuitiva. Además de que el resultado comentado de Rivero, Fernández y Barberá la apoya. Así pues, tenía que haber algo más.

En otro (muy recomendable) working paper, Jordi Muñoz, Eva Anduiza y Aina Gallego proponen, entre otros, el “ruido” alrededor de la información sobre el escándalo como un mecanismo que los partidos pueden emplear para reducir los efectos electorales de la corrupción. Es justo el reverso de la moneda de lo ya expuesto: si la pura cobertura mediática incrementa el castigo, el ruido mediático que se emplee lo disminuirá.

Considero que es argumentable que los medios en España, aunque puede que no estén más polarizados que en otros países, sí tienen una relación (de dependencia o no, es otra cuestión) más estrecha con los partidos, y sirven más habitualmente como altavoz al servicio de los mismos. Eso dificulta la investigación independiente y coincidente entre varios medios de distinto sesgo ideológico (y por eso todos valoramos tanto que tanto El Mundo como El País estén, por una vez, de acuerdo en el asunto Bárcenas). Y, por supuesto, hace más fácil la generación de ruido. Quizás el caso más ilustrativo que me viene a la cabeza es el caso Gürtel en la Comunitat Valenciana: a mi entender, un factor importante para explicar el poco (aunque existente) desgaste electoral del PP allá es no solo que la corrupción era definitivamente beneficiosa para amplios sectores de la población (aunque a largo plazo nos ha llevado a la ruina: es lo que tienen las burbujas, que explotan), sino que los altavoces mediáticos de la oposición son prácticamente inexistentes, mientras que la capacidad de generar ruido del PPCV era casi infinita. En mi tierra, por tanto, actuaron todos los factores recogidos por los artículos citados. No es casualidad que a todos nos venga a la cabeza como caso paradigmático de la corrupción patria.

A modo de conclusión no puedo sino citar la última frase del artículo de Orriols: “Es necesario cortar los estrechos lazos entre élites políticas y medios de comunicación.” Porque, creo, no es tanto una cuestión de deshacer las trincheras como de construir independencia para obtener más veracidad, más credibilidad y menos ruido. Lo malo es que no está nada claro que exista una demanda de información veraz e independiente.