Política

Los sueldos de Dolores de Cospedal

2 Oct, 2012 - - @kanciller

Hace unas semanas comenté los efectos bipartidistas de la reforma electoral que pretendía introducir María Dolores de Cospedal en Castilla La Mancha, la típica jugada de manipulación para impedir que el voto fragmentado se traduzca en representación reduciendo la magnitud del distrito. Sin embargo, dejé de lado de manera completamente deliberada una segunda parte de su propuesta: quitar el sueldo a los diputados de la Asamblea regional. Si la dejé al margen era porque, tarde o temprano, el tema volvería a la palestra. Escuchando a la Presidenta justificar el tema, una de sus declaraciones más divertidas es cuando dice que no entiende por qué la medida va a limitar la política a aquellos que son ricos. “No entiendo por qué (…) una persona que tenga un negocio, que tenga un bar y tenga empleados o no los tenga, y pueda sacar un rato libre, o un fontanero, un electricista o una persona que tenga un taller, no entiendo por qué no se pueden dedicar a la política.”. Vamos a ver si se lo explico haciendo un recorrido en tres partes: el por qué de la profesionalización de la política, el sustrato ideológico de la medida que propone y las posibles implicaciones que tendrá para Castilla La Mancha cuando se aplique.

Lo que Max le diría a María Dolores

Dejemos que Max Weber le cuente una historieta a la presidenta de Castilla La Mancha en “El Político y el Científico”:

Hay dos formas de hacer de la política una profesión. O se vive para la política o se vive de la política. La oposición no es en absoluto excluyente. (…). Quien vive para la política hace de ello su vida en un sentido íntimo; o goza simplemente con el ejercicio del poder que posee, o alimenta su equilibrio y su tranquilidad con la conciencia de haberle dado un sentido a su vida, poniéndola al servicio de algo… (…)  La diferencia entre el vivir para y .el vivir de se sitúa entonces en un nivel mucho más grosero, en el nivel económico.

Vive de la política como profesión quien trata de hacer de ella una fuente duradera de ingresos; vive para la política quien no se halla en este caso. Para que alguien pueda vivir para la política en este sentido económico, y siempre que se trate de un régimen basado en la propiedad privada, tienen que darse ciertos supuestos, muy triviales, si ustedes quieren (…): tiene que tener un patrimonio o una situación privada que le proporcione entradas suficientes. Esto es al menos lo que sucede en circunstancias normales. Quien vive para la política tiene que ser además económicamente libre (…) Plenamente libre en este sentido es solamente el rentista, o sea, quien percibe una renta sin trabajar, ya que esa renta tenga su origen en la tierra, como es el caso de los señores del pasado o los terratenientes y los nobles en la actualidad (en la antigüedad y en la edad media había también rentas procedentes de los esclavos y los siervos), o porque proceda de valores bursátiles u otras fuentes modernas.

Dicho esto, he aquí una primera distinción interesante que señala que los ingresos por patrimonio son condicionan sine qua non para no tener que vivir de la política, ese ser “económicamente libre”. Y esto ¿Tiene eso implicaciones para quien podrá dedicarse a la misma? Veamos que dice Weber:

Ni el obrero ni el empresario (y esto hay que tenerlo muy en cuenta), especialmente el gran empresario moderno, son libres en este sentido. Pues también el empresario, y precisamente él, está ligado a su negocio y no es libre, y mucho menos el empresario industrial que el agrícola, dado el carácter estacional de la agricultura. Para él es muy difícil en la mayor parte de los casos hacerse representar por otro, aunque sea transitoriamente. Tampoco es libre, por ejemplo, el médico, y tanto menos cuanto más notable sea y más ocupado esté.

La política puede ser honoraria, y entonces estar regida por personas que llamaríamos independientes, es decir, ricas, y sobre todo por rentistas; pero si la dirección política es accesible a personas carentes de patrimonio, éstas han de ser remuneradas.

Efectivamente, es una cuestión que entronca con la propia concepción de la política y con la dimensión de la representatividad. Una de las luchas más importantes que tuvo el movimiento obrero durante el siglo XIX fue, para conseguir que los partidos de masas socialdemócratas pudieran llevar a la clase trabajadora a los parlamentos, obtener una remuneración por ostentar cargo público. Obviamente, esto no hacía falta cuando el sufragio estaba restringido a los rentistas – en sus modalidades censitarias – pero a medida se extendió éste, en especial a las clases obreras, este argumento cobró sentido. Por otra parte, tampoco es cierto que hubiera solo obreros en los parlamentos europeos (muchos eran abogados, periodistas…) pero los partidos de masas, socialdemócratas en particular, obtuvieron por aquí una fuente más de financiación al margen de las contribuciones de sus militantes.

De las declaraciones de Cospedal parece desprenderse que habla de la política en un sentido de actividad de ocio, en el que un autónomo, electricista u operario podría pasarse sin ningún problema por las Cortes a controlar el presupuesto autonómico en sus horas muertas. No quiero ser malpensado porque entiendo que la experiencia de la Presidenta en el mundo privado es más bien limitada. No en vano ella es el prototipo de política media que tenemos en nuestro país: Funcionaria. Le recomiendo que hable con algún electricista o fontanero y comprobará que Weber pensó sobre este tema con más tino.

Los panes y los chorizos: el miasma de la antipolítica

Ya sabéis que nuestra cultura política nunca ha sido ejemplar. Algunos han dicho directamente que somos uno de esos casos clásicos de democracia “desafecta”. Eso que se llama desafección – y que los políticos mencionan a trancas y barrancas – se refiere a la combinación de tres coordenadas de actitudes políticas muy nuestras a) Unos niveles relativamente altos de apoyo a la democracia b) Unos niveles de información e interés por la política muy bajos y c) Una mala valoración de los actores políticos en general. Estas valoraciones, por supuesto, varían mucho con el ciclo económico y hay efectos importantes que resaltan los trazos más negativos en función de la situación del país. Por ejemplo, los escándalos de corrupción de los 90 o, seguramente, la crisis político-económica en la que estamos inmersos. En este último contexto ya es conocida la eclosión del 15-M y su modelo de reivindicación “marca blanca”, sobre la que sigo teniendo opiniones encontradas. Pero el tema es que un componente importante de este movimiento tiene un poso de anti-política que me provoca pocas simpatías al entroncar demasiado bien con nuestra tradición secular de desprecio por la participación política.

Pensad en lemas que pueden ir desde lo más ocurrente, como el “No hay pan para tanto chorizo”, hasta la creación de teorías generales de gran sofisticación sobre élites extractivas. El mensaje general es el mismo: los políticos son casta cerrada de malvados ladrones. Dado que esto principio se cumple inexorablemente el correlato es inmediato… Cuanto menos cobren mejor, cuantos menos haya mejor. Es irrelevante que pueda haber una relación entre sueldos y calidad de los políticos, que algunos hagan política de manera totalmente desinteresada, que lo que cueste de verdad dinero sea la para-administración (o colonización) creada al margen de las instituciones electas… Cualquier medida que vaya en el sentido de más arriba tendrá el aplauso más o menos generalizado. Ya no se es ni original en las medidas, recortar parlamentarios se he vuelto trendy, casi tanto como la política low cost, cosa que cala en algunos tertulianos/políticos que confunden ser profesional de la política con profesional en vivir a costa de ella.

Sin lugar a dudas la medida de Cospedal ya está recibiendo elogios de muchos, en especial desde que es definitivo que las instituciones y sus reglas van con la coyuntura económica. Pobres los que de verdad se piensan que nuestros representantes nos salen demasiado caros… Ni se imaginan el precio de no tenerlos. De nuevo volvemos a errar el tiro a la hora de hacer reformas institucionales ya que bien sabe la presidenta de Castilla La Mancha que es más fácil dar un caramelito de demagogia anti-política que afrontar, por ejemplo, una verdadera reestructuración de su administración pública autonómica. Buena jugada.

De fontaneros, barmans y electricistas: los posibles efectos

He estado reflexionando sobre los efectos que puede tener esta medida al margen del bipartidismo comentado más arriba y se me ha ocurrido una lista no exhaustiva. En primer lugar, es evidente que este recorte penaliza más a la oposición que al partido en el gobierno porque le quita una fuente de financiación. Sabido como funciona la administración autonómica – con un puntito clientelar – el PP de la región sigue disponiendo de los spoils para repartir entre sus afectos; lo del sueldo es dar un recorte económico indirecto a la oposición. Pero por otra parte, creo que también tendrá un efecto en la composición de los diputados, que planteo a modo de hipótesis, justo en el sentido contrario al que se vende con la reforma. Creo que esta medida todavía dará más perfil “político” a los diputados mediante una vía: los solapamientos de cargos.

La profesionalización de la vida política es algo consustancial a la gestión de democracias parlamentarias y ya he comentado que los políticos necesitan tener fuentes de ingresos para poder dedicarse a la tarea al margen de sus ocupaciones. Pues bien, he echado un vistazo a la Ley Electoral de 1986 en el capítulo de incompatibilidades de los diputados y no he visto nada que impida a alcaldes, concejales de grandes municipios y diputados provinciales ser diputados en las Cortes. Por lo tanto, lo más probable es que los partidos utilicen esta vía “indirecta” para conseguir un sueldo y nos encontremos con una inflación de solapamientos de cargos (que ya se da en parte). Este efecto va justo en sentido contrario de las principales demandas que se planteaban sobre la conveniencia de tener “un cargo, una persona” si bien no supone un mayor inconveniente si tienes la mayoría de administraciones en tus manos, como es el caso. En efecto colateral que no me sorprende, tampoco es la primera vez que se sufre el efecto boomerang de la anti-política.

Además, un tercer efecto previsible es el aumento de la opacidad del ejecutivo regional. Hay que pensar que la vida parlamentaria también tiene sus triquiñuelas y no tener a los diputados en las Cortes es una buena excusa para reducir los niveles de control parlamentario sobre el ejecutivo. Los diputados de la oposición tendrán menos tiempo material para leerse leyes y enmiendas, aumentará el número de comisiones – para dificultar la asistencia de la oposición – y un largo etcétera. Es cierto que no importa demasiada la función de control parlamentario con un ejecutivo con mayoría absoluta pero sí es verdad que ahora la oposición pierde una fuente de información. Ahora todo queda en manos de la diligencia que puedan prestar los medios de comunicación a la vida de las Cortes para que la ciudadanía pueda informarse. Si quiere.

En conclusión

Hay buenas razones para estar en desacuerdo con la reforma que propone Maria Dolores de Cospedal, incluso si no se ve inconveniente en que se reduzca la proporcionalidad. El suprimir el sueldo a los cargos públicos es una medida que bebe del surtidor de la demagogia anti-política, va contra la profesionalización de la política y dificulta el acceso a gente menos pudiente, previsiblemente incrementando el grado de solapamiento de cargos públicos y dificultando el control de la oposición. Desde luego, creo que esto va justo en la dirección contraria de lo que muchos esperamos de una reforma institucional: una política más transparente y de mayor calidad. Quizá la única esperanza que me queda es que la gente no se deje engañar por esta jugada tan tosca. ¡Qué optimismo!