Política

«Manténganse fuera del alcance de los niños»

29 Abr, 2015 - - @egocrata

En todas las casas hay objetos, aparatos y maquinas que hay que manejar con cuidado. Son cosas que pueden parecer inofensivas, pero que si no se manejan con cautela, son trasteadas con torpeza o son tomadas como un juego pueden hacer que la persona que las manipule se haga daño. Hay cosas que hay que mantener fuera del alcance de los niños, pura y simplemente.

Del mismo modo que en la casa hay objetos peligrosos, en el sistema político de cualquier país hay también cosas que deben ser manipuladas con cuidado. Instituciones como los bancos centrales y la maquina de imprimir dinero, las ofertas de empleo público o las adjudicaciones de contratos de infraestructura, sin ir más lejos, son la clase de cachivaches que si no se manejan con precaución pueden dar disgustos. Las hiperinflaciones, redes caciquiles y patronazgo galopante son situaciones que queremos evitar, al fin y al cabo. Sencillamente, hay cosas que hay que mantener fuera del alcance de los políticos, por su propio bien y el bien del electorado.

El lunes escuchaba por la radio una historia que aunque bastante inofensiva es un ejemplo clásico de esta clase de problemas. El gobierno federal americano tiene una agencia independiente llamada la U.S. Preventive Services Task Force (USPSTF), un grupo de expertos en temas de salud que publica con cierta frecuencia recomendaciones sobre tratamientos preventivos en servicios médicos. Los informes de la USPSTF son lecturas fascinantes para cualquier amante de la literatura burocrática no vinculante: bien escritos, llenos de información y análisis experto sobre sanidad,  en plantillas no actualizadas desde 1997. Es una especie de compilación redactada por burócratas altamente preparados de todo lo que sabemos sobre la eficacia de tratamientos preventivos en medicina, con una letra que indica lo bien que funcionan.

Los heróicos burócratas del USPSTF este año están preparando su informe sobre mamografías. Las mamografías, por varios motivos que no vienen al caso, son algo muy importante en Estados Unidos. Hay campañas enormes de concienciación, organizaciones filantrópicas dedicadas a ofrecerlas, entusiasta movilización social y una fuerte carga emotiva. El cáncer de mama es una enfermedad grave que los americanos se toman extraordinariamente en serio. Me paso la vida en eventos para recaudar fondos para luchar contra el cáncer de mama, creedme. Y está bien que así sea.

En este contexto, resulta que en el informe de recomendaciones de este año los expertos del USPSTF llegan a la conclusión que no hay suficiente evidencia empírica para decir que las mamografías para mujeres entre 40 y 50 años son necesarias, y por lo tanto, no van a darles la calificación de prioritarias. Les darán una «C» en su pequeña escala de letras, mientras que dejaran las mamografías entre 50 y 75 como una «B».

Ante esto, el Congreso de los Estados Unidos ha escuchado lo que dice la voz de la ciencia y ha decidido que no le gusta en absoluto. Estos últimos días una cantidad preocupante de representantes y senadores han tomado el micrófono y declarado con voz estentórea que la USPSTF y sus recomendaciones son un peligro para la sanidad pública, una falta de respeto a las víctimas y algo que va a provocar la muerte de miles de mujeres por todo el país. Todo, obviamente, basado en el enorme poder la experiencia personal y la anécdota, sin que nadie realmente se haya molestado en leerse el informe.

¿Qué van a hacer los legisladores ante tan magna afrenta? Pues seguramente harán lo mismo que hicieron hace seis años, la última vez que los pobres funcionarios del USPSTF se pronunciaron sobre el tema. El 2009, en pleno debate sobre la reforma de la sanidad, el USPSTF tuvo el atrevimiento de sugerir en voz alta que no había suficiente evidencia empírica para justificar mamografías en mujeres de entre 40 y 50 años. Entre gritos de «death panels, death panels» la mayoría demócrata del Congreso aprobó una enmienda a la Affordable Care Act diciendo que el gobierno federal debía ignorar las recomendaciones de sus propios expertos. Esto hizo que el departamento de sanidad escribiera regulaciones sobre servicios mínimos en seguros médicos sin prestar atención a la evidencia científica sobre la materia que los funcionarios de la oficina de al lado habían redactado, y así acabaron incluyendo un diagnóstico medio inútil en la lista de servicios de medicina preventiva obligatorios. Esto obviamente cuesta dinero, pero para el Congreso era mejor atender a la alarma social que a la evidencia empírica. Total, la sanidad en Estados Unidos es barata.

La lección en este caso es que en no pocas materias es mejor mantener la capacidad de decisión fuera del alcance de los políticos. Los legisladores son como niños, un poco cafres, erráticos y dados a caprichos; en materias técnicas a menudo no son grandes amantes de la racionalidad. Cuando les toca tomar decisiones de gasto sobre temas sensibles a menudo prefieren hacer lo que suena bien a lo que es correcto o lo que indica la evidencia empírica. Para evitar que pierdan la cabeza y se pongan a intentar operar pacientes a golpe de referéndum, es mejor tener agencias independientes o burócratas que no dependen del ruido mediático tomando las decisiones técnicas.

Irónicamente, una de las ventajas relativas que tiene Estados Unidos es que el Congreso es a menudo tan inoperante que aunque los legisladores quieran tomar decisiones casi nunca son capaces de hacerlo. En España, donde un gobierno con mayoría absoluta sólo tiene que pedir que sus diputados aplaudan para hacer alguna barbaridad a menudo no tenemos esa suerte.

No se me escapa, por cierto, que por este mismo motivo los políticos nunca deben ser los que diseñan la política de infraestructuras en última instancia. Sabe Dios que en España tenemos un montón de elefantes blancos, desde LAVs a aeropuertos, pasando por líneas de metro con escandalosos excesos de capacidad. Los políticos tienen siempre la tendencia de gobernar a golpe de titular, y en Madrid a menudo acaban haciéndolo. Hay días que me parece un pequeño milagro el país todavía funcione, la verdad.

Por supuesto, establecer el equilibrio ideal entre políticos y expertos no es un problema fácil. Pero eso lo dejaremos para otro artículo.