Economía

«La desigualdad se elimina creando empleo»

6 May, 2014 - - @jorgegalindo

El título de esta nota es una paráfrasis del Presidente del Gobierno. Que yo recuerde, Mariano Rajoy ha repetido esta idea al menos tres veces en el último año, y probablemente alguna más. El mensaje suena muy bien: nosotros, el PP, luchamos contra la desigualdad dando oportunidades de trabajo a todos. Sin embargo, la frase esconde mucho más.

Lo primero que hay que decir es que, hasta ahora, la afirmación no es incorrecta. Al contrario, por desgracia. En España, tradicionalmente, la relación entre desigualdad y empleo es inversamente proporcional. Cuando estamos en recesión y destruimos puestos de trabajo somos más desiguales porque quienes se encuentran más expuestos al riesgo de desempleo también lo están a una pérdida sustancial de renta. Como quiera que nuestro nivel de paro estructural es altísimo y los despidos no se distribuyen de manera homogénea sino que van a los colectivos más vulnerables, la desigualdad «por abajo» se incrementa en la parte baja del ciclo. Y viceversa: cuando hemos creado empleo el efecto ha sido, lógicamente, el contrario.

Ante la ligera mejora de las cifras de desempleo y ocupación, una de las primeras dudas que han surgido es cómo estamos saliendo de la crisis. Aunque nos parezca que todo es nuevo, estas mismas cuestiones ya nos las planteamos a mediados de los noventa. Recuerden la época: las últimas reformas laborales del PSOE vinieron a legalizar las ETTs y el altísimo nivel de temporalidad (llegó casi al 35%) sacó a gente a las calles y elevó gradualmente el volumen del debate sobre la calidad del empleo en España, sobre todo hacia el final de la época expansiva. Después de 2007 comenzamos a destruir empleo y de nuevo la atención se movió a la tasa de paro. Ese es nuestro círculo, acrecentado en la última ola gracias a (y por culpa de) la burbuja de crédito, que facilitó crear tantos puestos de trabajo como los que ayudó a destruir en pocos meses. Crear empleo en el margen, trasladar una parte de ese empleo al segmento protegido del mercado laboral, y destruir en el margen después. Si a esto le sumamos que nuestro Estado de Bienestar es universal solo en algunas parcelas y tiene problemas para redistribuir hacia las rentas más bajas, el resultado es la relación entre igualdad y crecimiento.

Sin embargo, la última reforma laboral del PP facilita la desigualdad salarial, como el mismo Rajoy acepta al hablar de la misma (él la llama «moderación», pero el concepto está mal empleado). Los (nuevos) trabajadores fijos están un poco menos protegidos, y los temporales, decididamente menos. Por otro lado, el Gobierno lleva dos años aplicando recortes a la provisión de bienestar, y ha prometido una reforma impositiva que tiene visos de rebajar la presión fiscal. Sin significar ninguna de estas medidas un cambio radical de modelo, sí apuntan en una dirección clara: la de una propuesta liberal, con una red de seguridad tenue y un mercado laboral donde el poder del empresario crece frente al del trabajador. Insisto en que no hay un cambio fundamental de estructura, que sigue siendo dual, segmentando entre protegidos y precarios. Pero estos últimos lo son más, y los primeros lo serán un poco menos.

Este camino nos aleja de otras rutas alternativas: por un lado, de un modelo de protección total a cualquier precio, distribuida de manera equitativa para todos los trabajadores, aún a costa de pérdidas sustanciales de eficiencia y un probable proteccionismo económico. Por otro lado también nos aleja de fórmulas en las que la inversión pública gracias a una alta recaudación se utilizan para proveer a la economía de un colchón de empleo público y de una red de seguridad potente, aún cuando esto se consiga a costa de perder rigidez en las fórmulas de contratación y despido para los más protegidos, y ganarla en los más precarios.

Un modelo liberal puro intercambia desigualdad por creación de empleo. En España el paro estructural es tan elevado que mientras se generen puestos de trabajo la desigualdad se amortiguará, pero con la ruta emprendida por el PP es muy posible que el descenso sea menor. Es decir: una vez estemos en la parte alta del ciclo no tenemos que comparar nuestro nivel de redistribución con el de lo más profundo de la crisis, sino con el de 2002, 2004 o 2005. Es posible que, esta vez, la desigualdad no se elimine tanto creando empleo.