Internacional

La rendición de los necios

17 Oct, 2013 - - @egocrata

No es demasiado habitual. Una facción de un partido político anuncia una estrategia alocada para conseguir sus objetivos. El resto del partido, todos los observadores más o menos imparciales, la mayoría del establishment conservador y cualquier persona que haya mirado alguna vez una encuesta advierten que es una idea increíblemente estúpida que sólo puede salir mal y llevarles al desastre. La facción del partido en cuestión tira para adelante, arrastra a sus compañeros en su cruzada quijotesca, y se la juega.

Por una vez, los expertos tenían razón, y efectivamente sale espantosamente mal, con la aventura acabando en una derrota humillante y decisiva.

Bueno, pues eso ha resultado ser el triste destino del partido republicano estos días tras su misión suicida amenazando con destruir el mundo si nadie les hacía caso. Obama y los demócratas, hartos de tener a los republicanos amenazando con fusilar la economía del país si no les hacían la pelota, se han plantado. Los votantes les han dado la razón.Y el partido republicano, cuando ha tenido que decidir entre volar el edificio con ellos dentro o hacer su trabajo, se ha rendido.

El acuerdo alcanzado en el Senado con el beneplácito de la Casa Blanca es un documento bastante increíble. Los demócratas consiguen financiar el gobierno hasta enero, extender el techo de la deuda hasta febrero, forzar la Cámara de Representantes a nombrar una conferencia para negociar presupuestos (los republicanos llevan seis meses negándose), autorizar 6.000 millones de gasto adicionales para la ciudad de Washington DC (el Congreso autoriza a la ciudad a gastar dinero. Sí, es extraño) y como regalo especialmente maravilloso, 2.000 millones de dólares para pagar una presa en Kentucky (ahora explico por qué). Los republicanos  consiguen controles sobre los ingresos de ayudas para la sanidad en la ACA, algo que ya estaba en la ley. Es decir nada. Nada en absoluto.

El tea party ha cerrado el gobierno, hecho la vida imposible a un montón de gente, amenazado con declarar el país en bancarrota y arrastrado por el barro el buen nombre del partido republicano durante dos semanas, y no han sacado absolutamente nada de todo ello. Uno casi puede acusar a Ted Cruz de ser un submarino demócrata.  Karl Rove dice que los republicanos se metieron alegremente en la trampa de Obama. Es realmente bastante impresionante.

La Cámara de representantes ha aprobado el acuerdo, por cierto, de manera apabullante: 285-144; todos los votos en contra han sido Republicanos. Es decir, Boehner podría haber permitido esta misma votación hace 16 días y haberse ahorrado toda esta pantomima. Lo de este hombre tiene mérito.

Ahora es cuando vienen las recriminaciones. Para mi sorpresa, los tea partiers no parecen estar cabreados con John Boehner. El hombre, al fin y al cabo, le ha hecho caso de principio a fin, llevando el partido hasta el acantilado sin ningún remordimiento. La ira de los montañeses se está concentrando por un lado en los medios de comunicación, por mentirosos y manipuladores (ah, matar al mensajero) y en la puñalada en la espalda de los republicanos moderados en el Senado, especialmente ese gran traidor Mitch McConnell. Ted Cruz hablaba ahora en Fox sobre como sus compañeros en la cámara alta eran como la fuerza aérea bombardeando sus compañeros en la Cámara de Representantes. Las grandes organizaciones del movimiento nihilista tea party  (Heritage, Freedom Works, etcétera) han advertido que cualquier voto a favor del acuerdo será tenido en cuenta, y el legislador en cuestión puede esperar un furibundo proceso de primarias para purgar al infiel. Un bonito espectáculo.

Quedan un par de detalles. Primero, la marca tea party, que hace unos años era semi-positiva para el electorado en general (un populismo de derechas, anti-Wall Street) básicamente se ha suicidado. Ted Cruz es idolatrado por esta facción de los republicanos, pero es detestado  por el resto del partido y poco menos que odiado por el electorado en general (esta encuesta tiene cantidad de detalle sobre el tea party, por cierto). La distribución geográfica de este grupito ultraconservador está cada vez más concentrado en zonas aisladas del país; toda una declaración de intenciones.  No sé si partido republicano (o al menos el sector no-chiflado del partido) habrá aprendido algo de todo este desastre, pero seguir a esta tropa no parece ser una gran idea. Asumiendo la supervivencia de algunos republicanos más o menos cuerdos, claro está. De momento incluso Grover Norquist está diciendo basta; algo de esperanza hay.

Ciertamente, los demócratas no han salido demasiado reforzados. Obama es igual de (im)popular hoy que hace tres semanas. En un sistema bipartidista, sin embargo, basta con ser menos odiado que tu oponente para ganar elecciones. Los republicanos se las han arreglado para ganarse una paliza épica en las encuestas,  no sacar absolutamente nada a nivel legislativo y encima hacer el ridículo en público. La irracionalidad del partido ha sido realmente singular, y la derrota es completa.

Antes de irme, un pequeño detalle sobre esa presa en Kentucky aparecida de imprevisto en el acuerdo final. Mitch McConnell, el líder de los republicanos en el Senado y principal arquitecto del acuerdo, es de Kentucky, y este año le toca presentarse a reelección. Antes de la generales se enfrenta en las primarias a un tea partier especialmente desatado que lleva meses acusándole de ser un vendido, fofo y amigo de Obama adicto al gasto público. McConnell jura y perjura que el no tiene nada que ver con la dichosa presa y el dinero no es cosa suya. Los conservadores del partido no se lo acaban de creer, por supuesto, algo que le irá estupendamente bien en las primarias. Hay algún demócrata en alguna parte con muy mala leche.