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Breve despedida a Juan J. Linz

2 Oct, 2013 - - @kanciller

Desde primero de Ciencia Política los textos de Juan José Linz han sido una referencia habitual para la discusión en clase. Recuerdo tres momentos con especial cariño. Uno de ellos fue en un seminario de Carol Galais – lo que ha llovido ya – en el que comentábamos un artículo suyo sobre el nacionalismo en perspectiva comparada. Si no recuerdo mal creo que fue este dentro del curso de Política Española impartido por Mariano Torcal. Como os imaginaréis, el enfoque era más bien crítico sobre la cuestión y saltaron algunas chispas en clase. Aunque solo fuera por el contraste con otras asignaturas (eran los tiempos del federalismo asimétrico), confrontarse con hacer una reseña de este texto tuvo su enjundia. En la Pompeu Fabra el tema territorial era algo recurrente desde primero. Al final de la carrera ya estábamos aburridos de hablar siempre de lo mismo.

Volvió a caer en mis manos un texto de Linz en la clase de Javier Astudillo de Política Comparada. El tema, que ya habíamos tratado en otras ocasiones, era el dilema entre presidencialismo o parlamentarismo. Sus posiciones en defensa de este último siguen siendo clásicas. Por un lado, cuando hablaba del potencial choque de legitimidades. Frente a la elección indirecta del ejecutivo del sistema parlamentario, en el presidencialismo tanto el legislativo como el ejecutivo son elegidos directamente por la ciudadanía. Esto hace que haya dos canales paralelos de legitimidad y que, por lo tanto, en caso de desavenencia entre ambos poderes, no existe la preponderancia clara.

El segundo argumento de Linz era que, dado que hay un mandato fijo para ambos poderes, ninguno de los actores tiene incentivos para moderarse. En un sistema parlamentario la supervivencia del ejecutivo depende de sus apoyos en la cámara luego tiene buenas razones para querer ser inclusivos hasta logar una coalición ganadora. En el ejecutivo presidencialista no hay ninguna necesidad de seguir esta política ya que el mandato es fijo y esto hace que haya mayor potencial riesgo de polarización.

Ambas ideas harían que el país fuera más propenso a la desestabilización, incluyendo una intervención del ejército como fuerza mediadora entre ambos poderes y una regresión autoritaria. De hecho Juan J. Linz volvió a referirse a esta posibilidad a propósito de Egipto y la transición a la democracia, tal como recordé en este post. Como señala un compañero, no deja de tener cierta ironía que Linz haya fallecido en un momento de bloqueo institucional de Estados Unidos. Quizá como un último y definitivo “os lo advertí”.

El tercer momento en el que volví a tratar con Juan Linz fue prácticamente de rebote. Una de sus contribuciones más relevantes fue la distinción entre un sistema totalitario y uno autoritario. Según sus propias palabras, este último era “un sistema político con un pluralismo político limitado, no responsable; sin una ideología elaborada y directora (pero con una mentalidad peculiar); carentes de una movilización política intensa o extensa (excepto en algunos puntos de su evolución) y en los que un líder (o si acaso un grupo reducido) ejerce el poder dentro de los límites formalmente mal definidos pero en realidad bastante previsibles”.

Esta definición, que encaja bastante con muchos de los regímenes dictatoriales del sur de Europa o América Latina, ha causado cierta controversia por sus implicaciones ideológicas. Se ha criticado en diversas ocasiones que con esta distinción se puso en circulación la idea de que el régimen franquista contenía en sí mismo los factores que permitieron la llegada de la democracia. Esta polémica, que fue presentada en varias ocasiones en clase (si no recuerdo mal, de la mano de V. Navarro), es probablemente uno de los temas que jamás se cerrarán dentro de la familia.

polisci 20th

Juan J. Linz ha recibido numerosos y merecidos honores como padre (casi abuelo) de la ciencia política en España. Desde que obtuvo su tesis doctoral en ciencia política en Columbia, dirigida por el mismísimo Lipset, sus investigaciones han tenido una influencia fundamental en la principal rama de la sociología española. De hecho, desde que se constituyó la Fundación Juan March formó parte de su Consejo Científico, donde dirigió las tesis doctorales de algunos de los investigadores más importantes que tiene la ciencia política española contemporánea.  Eso además de legar un impresionante archivo periodístico a la biblioteca CEACS sobre la transición española.

Solo por citar algunos de los honores más importantes de Juan J. Linz, recibió el Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales en 1987, y doctorados honoris causa en Georgetown, Granada, País Vasco o la Universidad Autónoma de Madrid. Sin embargo, y pese a ser un reputado conocedor de España, tan solo una pequeña parte de sus obras están en esta lengua. De ahí que desde 2009 se esté realizando la publicación por parte del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de sus “Obras Escogidas”, editadas por José Ramón Montero y Thomas Jeffrey Miley. En breve se anunciará la presentación pública de sus últimos tres volúmenes.

Juan J. Linz es probablemente una de las figuras más importantes en la formación de la ciencia política española. Su trabajo ha servido como inspiración y ejemplo a muchos que, aunque no lo conocimos en persona, bebemos indirectamente de algunas de sus ideas. Por eso en la ilustración, extraída del blog de Josep Maria Colomer, está entre los grandes de la ciencia política del siglo XX. No podía ser de otra manera. Descanse en Paz.