Corrupción

Primarias contra la corrupción

18 Jul, 2013 - - @kanciller

Hoy Antonio Roldán Monés publica un interesante artículo en El País sobre el tema de primarias. Os invito a que os lo leáis, es una muy buena aportación al debate. Para esta entrada he seleccionado dos párrafos solo para apuntar algunos matices que creo son importantes para un debate que sigue abierto: La relación entre primarias, sistemas electorales y corrupción. Si queréis saber algunas cosas más sobre el tema, os invito a que miréis este resumen de literatura o escuchéis nuestro especial de corrupción con invitados de primer nivel:

¿Cómo pueden contribuir las primarias a reducir la corrupción en España? Ampliar el abanico de opciones internas en los partidos podría compensar, en parte, la falta de mecanismos que nuestro sistema electoral ofrece para luchar contra la corrupción. Como ha señalado en estas páginas Víctor Lapuente, del Quality of Government Institute, los sistemas mayoritarios de listas abiertas, como el americano, permiten a los votantes castigar directamente a los candidatos corruptos.

De un tiempo a esta parte, diferentes artículos de prensa y manifiestos han insistido en que las primarias son un buen mecanismo para desincentivar la corrupción. La argumentación que subyace, más o menos, es que al generarse más competencia dentro de los partidos los militantes y simpatizantes podrían desalojar a los corruptos. Esto, en un principio, sería más fácil gracias a las primarias que con un sistema de designación y cooptación opaco, como el que tenemos ahora. Reconozco que no he sido capaz de encontrar ningún artículo que muestre la relación entre los métodos de selección interna en los partidos y la corrupción de un país, algo que no me extraña vista la poca investigación comparada que hay sobre el tema.

Sin embargo, yo creo que es difícil que las primarias afecten a la corrupción. En general sabemos que el castigo electoral en todo el mundo es relativamente bajo o, al menos, no siempre lo suficientemente fuerte para que implique que el presunto corrupto pierda elecciones. Una de las razones que se argumentan para ello es que el político en cuestión rouba mais faiz, es decir, que será ladrón pero al menos hace cosas que me benefician. Lo que llamamos un intercambio implícito – podrá ser ilegal, pero todos ganamos. Una segunda explicación del pobre castigo electoral es que la ideología media de manera importante y hace que se tienda a exonerar a los tuyos mientras que se culpabiliza más a los adversarios. Por supuesto, el rol de los medios de comunicación es clave.

Pues bien, ambos mecanismos podría fácilmente desactivar cualquier castigo al corrupto en unas primarias. Cuando hablamos de primarias, el selectorado, los que eligen al político para ser cargo del partido, casi seguro van a ser menos que el conjunto de los electores. Incluso si fueran primarias abiertas, siempre vota menos gente que el conjunto de los electores. Esto hace que los participantes, potencialmente, puedan ser a) más fácilmente receptores de prebendas por parte del político o b) estén más ideologizados que el conjunto de los votantes.

Por lo tanto, y más con partidos de tan pocos militantes como en España, es poco probable que una coalición movida por un escándalo de corrupción desaloje al jefe. Al revés, lo más probable es que los participantes puedan ser controlados, en especial cuanto más pequeño sea el ámbito de elección de la misma– imaginad unas primarias en un pueblo con el alcalde pringado de corrupción. Pero más aún, si nos vamos al ámbito nacional, en una primaria se escoge un cargo y no a un equipo. ¿Qué haces cuando tienes un escándalo de financiación ilegal que afecta a todo el partido? ¿Por dónde se empieza a cortar? ¿Quién se presenta cómo alternativa?

La segunda idea es la que plantea que realmente las primarias sirven como un sustituto del sistema electoral, y por eso erosionan la corrupción:

En sistemas proporcionales (en los que se vota a partidos y no a individuos), como el nuestro, eso no es posible. En otros países con sistemas proporcionales las barreras de entrada al Parlamento suelen ser más bajas, lo que facilita la entrada de nuevos partidos, buena para la regeneración. Las primarias podrían compensar esos problemas y abrir la puerta a opciones realmente nuevas, sin ataduras a las redes de favores y obligaciones internas creadas.

El sistema americano o plurality rule – hay una pequeña errata en el texto, son mayoritarios pero no de listas abiertas – se suele decir que evita que haya corrupción porque hace más fácil identificar la alternativa y echarlo. Sin embargo, la relación no siempre es tan inmediata. Algunos autores señalan que podría depender del número de partidos – sean pocos o muchos los necesarios – mientras que otros de factores como la competitividad electoral. En todo caso, el mecanismo pasa a ser que el elector tenga más opciones externas al partido para desalojar al corrupto y no tanto internas a los partidos.

A diferencia de los sistemas mayoritarios, según argumenta Antonio Roldán, en los sistemas proporcionales se votan a los partidos y no las personas. Sin embargo esto no es exactamente así… Tan solo pasa en países con listas cerradas y bloqueadas. De hecho, de nuestro entorno solo las tienen Serbia, Israel, Portugal y España. Por el contrario, la regla en Europa es tener sistemas mixtos o listas desbloqueadas (o flexibles) que permiten que los candidatos también cuenten. La anomalía, por tanto, somos nosotros. Por otra parte, nuestro sistema electoral nacional sigue siendo “el más mayoritario” de los proporcionales,  pero si miramos en autonomías o ayuntamientos, donde la corrupción campa a sus anchas, tenemos barreras de entrada mucho más asumibles. No parece que la mayor pluralidad política de estos niveles administrativos haya remediado la situación.

Por lo tanto, cualquiera que sea el mecanismo defendido – primarias o sistema electoral – la idea es que si potenciamos la competencia – interna o externa –  habrá menos incentivos para la corrupción. Pero a mi juicio con ninguno de los dos mecanismos daríamos en el clavo. En mi opinión depositamos demasiada responsabilidad en el votante – como poco le obligamos a estar informado, no dejarse “capturar” por rentas, identificar las alternativas y votarlas – ya sea en primarias o en sistemas electorales. Y no creo que haya que seguir por esa vía porque seguiremos decepcionándonos como hasta ahora.

Creo, por el contario, que lo que hay que hacer es establecer fuertes controles horizontales, reformar a fondo las administraciones para fijar mecanismos que prevengan y aborten la corrupción antes de que se produzca. Hay que atacar los incentivos que hacen que el político que no mete la mano en la caja sea un idiota – aquí algunas propuestas hechas por expertos. Sí, puede que con primarias o sistemas electorales más abiertos tengamos pequeños cambios, pero seguirán siendo muy insuficientes. Incluso echar del cargo al que ha robado es llegar demasiado tarde.  Solo nos queda afrontar en serio la reforma del Estado ante una corrupción que es sistémica y que ya corroe a casi todas nuestras instituciones.