Política

La participación política de los jóvenes

2 Abr, 2013 - - @kanciller

Una de mis obsesiones recurrentes, y en este blog lo he comentado repetidas veces, es la participación política de los jóvenes. Una hipótesis que plantee aquí de manera literaria es que el déficit de implicación política de la juventud ha condicionado que hoy día tengamos un entorno político nada favorable, incluyendo un deficiente entramado institucional. Incluso fuera de la épica de refundaciones del Estado el dilema generacional que se plantea sobre la dualidad –que Cives lo explicó aquí fantásticamente – puede ser un ejemplo claro, aunque reconozco que aún tengo que hacer muchos más esfuerzos para demostrarlo con evidencia en la mano. En cualquier caso parece que los jóvenes han sido un colectivo ampliamente marginado en España.

No creo que haga falta desgranar el rosario de datos que señalan que, en la presente coyuntura económica, los problemas estructurales del mercado de trabajo y la carencia casi total de políticas sociales centradas en los jóvenes tienen implicaciones serias. Es evidente que este hecho compromete el crecimiento presente y futuro de España. Por ejemplo, hay estudios que señalan que la generación por debajo de los 30 años no está entrando en el mercado de trabajo al mismo ritmo que las cohortes previas a sus mismas edades y son el colectivo que puede sufrir una pérdida de empleo más prolongada. Estamos malgastando a parte de nuestro capital humano más formado.

Además, los jóvenes se han convertido en un colectivo con riesgo de exclusión social. Los datos del INE han señalado que en 2011 aumentó el porcentaje de población de 16 a 24 años por debajo del umbral de la pobreza, pasando del 19,4 al 21%. De hecho, el foco ya se está poniendo en la pobreza infantil, un riesgo muy localizado en las familias jóvenes. A esta situación de desigualdad hay que añadirle otras dimensiones. Primero, la existencia de importantes desequilibrios educativos que se traducen en una importante tasa de escolares que no concluyen sus estudios secundarios, lo que a su vez se relaciona con el empleo y el riesgo de pobreza. Y segundo, el rol clave que juega el entorno y los recursos  familiares como mecanismo para la amortiguación del impacto de la crisis en los jóvenes. Una pérdida de equidad e igualdad de oportunidades al mismo tiempo.

Por lo tanto, todo parece señalar la situación de emergencia de los jóvenes en España. La pregunta es; ¿Está implicando esto una mayor participación política de los jóvenes o están desmovilizados? ¿Se está transformando esa participación respecto a la que hubo en el pasado? Aquí se confrontan dos posibles explicaciones.

¿La muerte de las ideologías (clásicas)?

Una de las hipótesis generales sobre la participación de los jóvenes es la que se refiere a que el cambio en las estructuras económicas y de clase que se han producido desde los años 70. Hay literatura que señala en una posible erosión en la centralidad del eje izquierda-derecha en su configuración clásica y que ello necesariamente estaría afectando la participación política de los jóvenes. Las transformaciones son relativamente conocidas. El crecimiento de los sectores profesionales “de cuello alto”, el declinar de la industria clásica y el aumento del sector servicios, la pérdida de influencia de los partidos y los sindicatos de clase, la emergencia del eje post-materialista… Estaría causando lo que llamamos un efecto generacional. Esto significa que como los jóvenes nos estamos socializando en este escenario en particular nuestras relaciones con lo político se ven necesariamente afectadas.

Toda una corriente de la literatura sobre participación señala que la incertidumbre y la precariedad en el empleo que afecta a nuestra generación habrían producido un debilitamiento de los vínculos familiares y comunitarios, con lo que los jóvenes afrontan escenarios más inciertos y menos estables que sus padres. No sé si esta comparativa resistiría el caso español, en el que los núcleos familiares son el colchón fundamental de la estabilidad económica de los jóvenes (recordemos la emancipación tardía). En cierta medida (especulo), el componente de solidaridad intergeneracional en el núcleo familiar de España podría atenuar esta posibilidad. Sin embargo, también es cierto que el tener de las tasas de temporalidad más altas de toda Europa juega en el sentido planteado por la hipótesis.

En todo caso, esta literatura dice que las transiciones entre los estadios de ser joven y adulto se estuvieran haciendo más difíciles, más prolongadas y más individualizadas. Esta situación estaría implicando que los jóvenes hubieran desarrollado una cultura ligada a la inmediatez, lo que les haría disponer de menos tiempo para la participación. Incluso hasta podría ligarse a una creciente volatilidad electoral, aunque se deba coger con muchísimas pinzas. En todo caso, los jóvenes estaríamos viviendo en un contexto estructural incierto para la participación articulada.

Vivir joven, participar peligrosamente

Ahora bien, aunque la anterior literatura es bastante pesimista, lo cierto es que esta transformación de las estructuras económicas también podría empujar en sentido contrario. Las sociedades post-industriales se caracterizan por haber generalizado la alfabetización, aumentado la educación obligatoria y terciaria y poner a disposición de la ciudadanía mayores cantidades de información política. Intuitivamente esto está dando recursos para la participación política a los jóvenes como ninguna otra ha tenido generación antes. Más educación implica más habilidades cognitivas y (potencialmente) también  recursos económicos, luego la participación podría, más que reducirse, estar reconvirtiéndose entre los jóvenes.

Algunos autores han planteado que ante la erosión de los actores clásicos de movilización (partidos clásicos, sindicatos) lo que se estaría produciendo no es un declinar en la participación de los jóvenes sino una reconversión de sus hábitos de participación. Los jóvenes estarían prefiriendo en mayor medida una participación autónoma y descentralizada. Es decir, un aumento de la participación política que anteriormente se denominaba “no convencional”. La juventud estaría siguiendo vías alternativas para relacionarse con la esfera pública, menos controladas desde las elites y actores clásicos.

Algunos estudios señalan que la lógica de la representación tradicional (más presente en los cohortes de mayor edad) apenas están condicionados por los recursos individuales, la ideología o la desafección institucional. Sin embargo, estas variables sí que inciden en el caso de los mecanismos extra-representativos, es decir, los que se refieren principalmente a actividades de consumo político y actividades de protesta. Además, tanto la situación laboral y las redes de movilización (pertenencia a organizaciones, por ejemplo) tienen un impacto relevante. Por lo tanto, se señala que podría ser que los jóvenes se están alejando de la participación tradicional de cohortes del pasado pero más complementando que sustituyendo. Participar, por lo tanto, por tierra mar y aire – aunque resulten ser los mismos de siempre.

Aún queda mucho por investigar… y por hacer

Por último, a implicación de los jóvenes en política tampoco es independiente de las dinámicas de su propio ciclo vital. La literatura ha establecido un límite por convención respecto a “hasta cuando” se considera al sujeto como joven. Nosotros hemos decidido que se fija en los 35 años pero las dinámicas de Peter Pan se expanden sin remedio. En cualquier caso los estudios siguen apuntando que hay algunos aspectos críticos a considerar. El primero es que la mayoría de edad es un punto crítico que trae consigo la exposición a nuevas redes de socialización (ya sea con la inclusión en el mercado de trabajo o con una nueva etapa de estudios). De hecho, las propias universidades como fuente de movilización y de provisión de recursos grupales son factores relevantes a considerar. El segundo elemento es que el cambio en el ciclo vital también trae consigo un progresivo ligamen de los jóvenes y experiencia participativa que los hace más propensos a participar a medida van entrando en la edad adulta. Uno empieza a trabajar, pagar facturas… Y eso también hace que la participación política se incremente.

En resumen ¿Qué ocurre con la participación política de los jóvenes? Desde luego es una buena pregunta que merece la pena revisitar en el complicado contexto actual. La participación política se está transformando, eso es evidente, y si en un país es urgente una juventud activa es en España. Simplemente las condiciones objetivas señalan que su implicación puede ser positiva para ellos casi tanto como para el país gerontocrático en el que viven ¿Qué mecanismos son preferidos? ¿Cuáles pueden ser más efectivos? Sobre todas esas cuestiones merece la pena reflexionar y hacer estudios en el futuro. En España es complicado saber qué fue primero, si el desencanto de la juventud o que muchos de los actores institucionales les dieran la espalda. En todo caso, hasta que no recojamos el guante de la participación política no habrá futuro posible.