Economía

Una devaluación fiscal para España

17 Mar, 2012 -

Que la competitividad española no levanta cabeza no es ninguna novedad. La solución tradicional a este problema habría pasado por realizar una devaluación competitiva, es decir, en depreciar nuestra moneda nacional frente a las extranjeras. Esta medida tendría como resultado un abaratamiento de nuestras exportaciones, por lo que sería razonable imaginar que el incremento de éstas tendría un efecto positivo en nuestra recuperación económica. No obstante, esta política presenta dos contrapartidas: por un lado, si bien es cierto que las exportaciones se abaratan, también lo es que las importaciones se encarecen; por otro, una devaluación no soluciona el problema de fondo sino que lo transfiere a nuestros socios comerciales, de ahí el riesgo de que pueda desatarse una guerra de divisas. Por estas razones, a pesar de que se trate de una política recurrente históricamente, su eficacia está lejos de ser evidente. De todos modos, ¿cómo podría llevarse a cabo? Con un régimen cambiario fijo es relativamente sencillo, pues basta con reducir el tipo de cambio oficial, mientras que con los tipos de cambio flexibles actuales, el procedimiento es algo más indirecto. Así, los gobiernos y los bancos centrales pueden tratar de reducir el tipo de cambio de su moneda a interviniendo con posiciones bajistas en los mercados de divisas, o bien a través de otras medidas no convencionales como el control de capitales o la flexibilización cuantitativa.

Ahora bien, en el caso español esta política resulta obviamente imposible, dado que desde nuestra entrada en el euro perdimos ese tipo de control sobre nuestra moneda. Es por eso que algunos economistas, entre los cuales destaca Krugman, han propuesto una devaluación interna como solución a nuestros problemas económicos. ¿En qué consiste? Esencialmente, en reducir salarios. Una reducción salarial generalizada permitiría abaratar nuestros costes laborales, por tanto también los de nuestras exportaciones, que previsiblemente aumentarían. Por otra parte, al igual que con una devaluación competitiva, esta medida tendría como resultado una caída del poder adquisitivo de la población, con lo que entre otras cosas también se reducirían nuestras importaciones. Las posibilidades de modificación salarial unilateral que introduce la reciente laboral, aunque no se declara explícitamente, es probable que tengan por objetivo una devaluación interna de este tipo.

A pesar de todo, el coste social y político de esta medida resulta evidente. ¿No queda ninguna otra opción? En un reciente trabajo titulado «Fiscal Devaluations» los economistas Emmanuel Farhi, Gita Gopinath y Oleg Itskhoki proponen una idea cuanto menos original. Se trata de replicar los efectos de una devaluación competitiva (abaratamiento de los productos nacionales, incremento de las exportaciones, reducción de las importaciones) a través de un programa de política fiscal (aquí tenéis un excelente resumen), en lo que podría denominarse una devaluación fiscal. En particular, existen dos políticas cuyos efectos son equivalentes a los de una devaluación competitiva. La primera consistiría en un aumento uniforme de los aranceles y de los subsidios a la exportación. No obstante, dado que la política comercial también es competencia de la Unión Europea, esta opción quedaría descartada en nuestro caso. La segunda medida, por su parte, consistiría en un fuerte aumento del IVA junto a una reducción paralela de las cotizaciones sociales. Si lo pensáis, realmente el efecto de esta combinación es el mismo que el de una devaluación: el aumento del IVA encarece el coste de todos los productos que se venden en territorio nacional, también el de las importaciones, mientras que la reducción de las cotizaciones sociales provocaría una disminución de los costes laborales unitarios por esa vía, posibilitando el abaratamiento del precio de nuestros productos, por tanto también el de las exportaciones.

Por otra parte, si esta devaluación es anticipada por los agentes (de forma que previsiblemente aumentarían su consumo hoy en previsión de su rebaja de poder adquisitivo anticipada) sería necesario complementar estas medidas anteriores con una reducción en el impuesto sobre el consumo (de forma que no urge tanto adelantar compras en previsión a mayores impuestos) compensada con un incremento del impuesto sobre la renta (con lo que se garantiza la reducción de poder adquisitivo deseada). Además,  según los autores, el impacto de estas medidas sobre la recaudación en principio puede ser nulo, en tanto la rebaja en las cotizaciones podría compensarse con el aumento de la recaudación por IVA.

Los resultados, por tanto, son equivalentes a los de una devaluación clásica; de hecho, como los productos de consumo se encarecen, el poder adquisitivo de la población también se reduce. Lejos de ser una propuesta meramente especulativa, se trata de una política que de hecho fue seguida con éxito por Alemania en el año 2007 cuando este país subió el IVA del 16% al 19% a la vez que redujo las cotizaciones sociales del 6,5% al 4,2%.

Aunque la propuesta resulta súmamente interesante para el caso español, es probable que la todavía reciente subida del IVA en 2010 haya agotado cualquier posibilidad de avance en este sentido, sobre todo si como apuntan algunos estudios, su efectividad fue menor de la esperada en términos de recaudación (en concreto, la subida del 2% habría tenido un aumento tan sólo del 0,5% en la recaudación a causa de la caída en el conusmo). Subir el IVA otros dos puntos, por tanto, seguramente tendría un resultado bastante limitado. Además, el hecho de que la subida del IVA se efectuase sin una rebaja paralela de las cotizaciones sociales (que son los dos medidas fundamentales que deben tener lugar al mismo tiempo para hablar de una devaluación propiamente dicha) parece apuntar aun más en la dirección de que esta política, al menos de momento, cae fuera de nuestras posibilidades. En cualquier caso, no estaría de más tenerla presente, especialmente si la tomamos como una referencia de cómo podríamos tratar de perseguir la reactivación de nuestra economía mientras llevamos a cabo nuestro proceso de consolidación fiscal.

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FARHI, EMMANUEL, GOPINATH, GITA, y ITSKHOKI, OLEG (2011) «Fiscal Devaluations»,  NBER Working Paper No. 17662, December 2011.