Economía

Centralización de la negociación colectiva y tasa de desempleo

2 Mar, 2012 -

Una de las claves de la reciente reforma laboral se refiere a la negociación colectiva; en concreto, se limitan los efectos de la ultraactividad a un máximo de 2 años (algo que era fundametal) y se facilita la posibilidad de descuelgue de los convenios para las empresas que se encuentren en dificultades económicas. Este último punto ha dado especialmente de qué hablar. ¿Qué efectos puede tener la posibilidad de que en determinadas circunstancias las empresas no apliquen los convenios colectivos sistemáticamente? ¿En qué posición queda el trabajador? ¿Y la eficacia de los convenios propiamente dicha? Esas son algunas preguntas que Mario Izquierdo, Juan F. Jimeno y Carlos Thomas, del servicio de estudios del Banco de España, tratan de responder en su último artículo, titulado «La relación entre el grado de centralización de la negociación colectiva y la tasa de desempleo: nuevos resultados«.

Para empezar, cabe preguntarse cómo el grado de centralización de la negociación colectiva puede afectar a los salarios y a la tasa de desempleo. Así, en una negociación a nivel de empresa se presta más atención a la competencia a la que se enfrentan dichas empresas en el mercado de sus productos, por lo que los incrementos salariales suelen mantenerse más en línea con la productividad. Si la negociación tiene lugar a un nivel de máxima centralización, los sindicatos tendrán en cuenta los efectos de los convenios sobre la inflación, la competitividad y las transferencias fiscales asociadas a la prestación por desempleo, de forma que los salarios se fijarán en línea con la productividad agregada. La centralización de la estructura de negociación colectiva tiene entonces forma de ‘U’: los únicos esquemas que pueden considerarse eficientes serían los situados en los extremos, bien porque internalizan los costes externos que los convenios tienen sobre el conjunto de la economía (centralización máxima) o bien porque los límites de la negociación se ven fijados por la presión competitiva. En los dos casos, los salarios que se acaban fijando por convenio siguen la productividad (descentralización máxima). Sin embargo, cuando el esquema de negociación se encuentra en un punto intermedio sin el suficiente grado de coordinación, los agentes sociales tienden a fijar salarios por encima de la productividad, provocando un aumento del desempleo. Ese sería precisamente el caso de España, donde más del 50% de los trabajadores se encuentran cubiertos por convenios de ámbito provincial, alrededor de un 25% por convenios de ámbito nacional y menos de un 10% por convenios a nivel de empresa.

Porcentaje de trabajadores cubiertos por la negociación colectiva según el ámbito de negociación [Pulsar para ampliar]
Fuente: Izquierdo, Jimeno y Thomas (2012)

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando las empresas analizadas son heterogéneas, es decir, cuando no tienen la misma productividad? Para algunas empresas, el salario fijado puede ser mayor que su productividad, mientras que para otras, puede ser menor. Así, frente a perturbaciones que reduzcan la productividad de algunas empresas, la destrucción de empleo puede ser mayor que la que sería de esperar si las empresas fuesen homogéneas. A la inversa, ante perturbaciones positivas la creación de empleo puede ser menor de lo esperado. Depende, en última instancia, de la desviación de los convenios respecto a la productividad real de las empresas, o del grado de heterogeneidad que éstas tengan dentro de un mismo sector. Esta es la premisa que los autores toman como punto de partida en su trabajo. Por tanto, señalan, el equilibrio bajo negociación sectorial depende del grado en que los negociadores internalizan los efectos que el convenio tiene sobre el empleo. De su estudio se desprenden dos resultados principales.

  • Primero, que la tasa de paro siempre es menor bajo negociación en el ámbito de la empresa que bajo negociación sectorial. Esto sucede porque bajo negociación sectorial, la aplicación de un acuerdo salarial común para todas las empresas hace que, a medida que decrece la productividad, los beneficios se reduzcan más rápido que bajo negociación descentralizada. Como resultado, el umbral de rentabilidad de las empresas se vuelve mucho más elevado, y así la tasa de destrucción de empleo es mucho mayor. Y con respecto a la creación de empleo, las expectativas de beneficios son menores para puestos de trabajo con productividad relativamente baja, pero son mayores para los de productividad relativamente alta. No obstante, se demuestra que el primer efecto domina sobre el segundo, con la consiguiente destrucción neta de empleo.
  • Segundo, que bajo las mismas condiciones, y partiendo de un esquema de negociación sectorial, si se permite un descuelgue salarial acordado entre empresa y trabajadores (descuelgue eficiente), el nivel de empleo resultante sería similar al que se obtendría si cada empresa tuviese su propio convenio. El motivo es que existe un grupo de empresas con una productividad lo bastante baja como para no poder aplicar el acuerdo sectorial, pero sí lo suficiente como para poder continuar operando si acuerdan un salario menor con sus trabajadores. El descuelgue es por tanto eficiente para todos dentro de la empresa.

La reciente forma laboral, al establecer que los acuerdos a nivel de empresa primarían sobre los acuerdos sectoriales, contemplaría la posibilidad de este ‘descuelgue eficiente’, y en ese sentido, cabría esperar que sus efectos sobre el empleo en el largo plazo fuesen positivos. ¿Cómo de ‘positivos’? Utilizando una versión cuantitativa del modelo se obtiene que, partiendo de un escenario de negociación colectiva sectorial en el que no se producen descuelgues (que sería el caso español en la práctica), la descentralización de la negociación colectiva (o bien la introducción de ‘descuelgue eficiente’) permitiría reducir la tasa de paro en el largo plazo alrededor de un 4%, o en otras palabras, aproximadamente en un 1.000.000 de parados.

Con estos resultados es probable que haya motivos para ser optimistas, no tanto porque podamos esperar una reducción inmediata del desempleo por efecto de esta reforma (en absoluto) sino más bien por la posibilidad de reducción de nuestra tasa de paro estructural. Sí, ahora mismo la preocupación principal consiste en reducir el desempleo, pero una también que éste lo hicese en un periodo más reducido y que, en algún momento, pudiese bajar del 7%. Esa es una cuestión que no podemos olvidar.

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CALMFORS, L., y J. DRIFFILL (1988). «Bargaining structure, corporatism and macroeconomic performance»,  Economic Policy, vol. 3, No. 6 (Apr., 1988), pp. 13-61.

JIMENO, J. F., y C. THOMAS (2011). «Collective bargaining, firm heterogeneity and unemployment», Documentos de Trabajo, n.º 1131, Banco de España.