Ciencia recreativa & Unión Europea

Notas básicas sobre deuda y especulación

3 Ago, 2011 - - @egocrata

Antes de liarme con una larga explicación sobre por qué estamos otra vez en problemas y por qué sólo un milagro político de alcance bíblico puede salvarnos, creo que es necesario dar una pequeña explicación simple sobre cómo funciona la deuda pública.  Muy, muy básico, para aclararnos.

Como todo en este mundo, la deuda pública tiene un precio. Cuando mucha gente quiere comprar un bien, ese precio sube, cuando muy poca gente quiere comprar ese mismo bien, el precio baja. Este mecanismo funciona de forma similar desde el lado de la oferta, claro esta; si un bien es muy escaso, el precio subirá, mientras que si es muy abundante el precio bajará.

Cuando un estado está intentando colocar deuda pública, ese mecanismo de precios sigue manteniéndose. El gobierno está vendiendo promesas de pago, y el comprador está escogiendo entre tener dinero en su bolsillo o darle ese dinero al estado una temporadita. El dinero, como todo, es más valioso si lo tienes ahora que si lo tienes pasado mañana; si tengo mil euros en el bolsillo me puedo comprar cosas ya mismo, al fin y al cabo. Si estoy dando un préstamo, exigiré un interés para reflejar este hecho. Como más me guste tener dinero ahora, más interés voy a pedir, si estoy desesperado para sacarme el dinero de encima, pediré menos.

A efectos prácticos, por tanto, es más caro prestar dinero si el tipo de interés que estás ofreciendo es muy bajo: estás sacrificando consumo en el presente por muy poco beneficio futuro. Dicho en otras palabras, si un gobierno es capaz de vender promesas a intereses bajos esas promeas, esa deuda pública, es carísima para los inversores, ya que tiene un retorno muy pequeño. Al hablar de bonos del tesoro, por tanto, el precio sube cuando los tipos de interés bajan,  y baja cuando los tipos de interés suben.

Volvamos, por tanto, a simple oferta y demanda. Si un país (digamos Grecia) tiene montones de deuda, es bastante natural que el precio de todas esas promesas se desplome, y que los tipos de interés suban. Si además dicho país ha sido tradicionalmente incapaz de controlarse, es bastante natural que haya muy poca gente que se trague eso que devolverán todo el dinero, así que el precio bajará aún más. Sólo la gente amante del riesgo o adicta a comprar cachivaches en el todo a cien se acercará al tenderete, así, y los gobernantes acabarán sacando ofertas dos por uno y tostadora gratis a todo aquel que les quiera comprar algo.

Por si no os habéis dado  cuenta, en este escenario no hay «ataques» especulatorios, demonios malvados o banqueros extorsionando campesinos. Lo que tenemos son unas rebajas alocadas después que un fabricante ha producido demasiados juguetes. El problema de un estado como Grecia, Portugal o Irlanda es que han hecho demasiadas promesas y que nadie quiere comprarlas, no otra cosa. Los banqueros e inversores no persiguen a los países en crisis, sino que tratan de huir de ellos de forma desesperada: se han dado cuenta que hay demasiada gente con la misma promesa que ellos, así que es posible que esta ya no valga nada.

Esto es muy básico, pero es necesario tenerlo en mente estos días: en la eurozona hay demasiada deuda en según que sitios, con muy pocos compradores (Grecia, Italia, España, etcétera), y muy poca deuda en otros, con mucha gente desesperada por comprar esas promesas a prueba de bombas (Alemania). Cualquier arreglo institucional debe conseguir que o bién la deuda de los países del primer grupo disminuya, o que esta tenga más gente dispuesta a comprarla al ser vista como más segura. En esencia, es un problema muy sencillo. Arreglarlo, sin embargo, es un poco más rebuscado.

Pero eso es para el siguiente artículo. Sigamos, pues.

Nota al margen: la prensa española, por cierto, mete la pata en esto constantemente. Este artículo en El País es un horror; leído de forma literal sería incomprensible.