La izquierda en general, y la izquierda española en particular, tienen una cierta tendencia a vivir demasiado a la defensiva. Una vez conseguidos ciertos derechos o instituciones que representan una mejora social, los progresistas a veces quedamos tan prendados de la belleza del arreglo que no queremos tocar ni una coma, no sea que detrás de la reforma haya una conspiración del malvado capital.

Al hablar del mercado laboral en España, las dosis de inmovilismo ludita llegan a niveles preocupantes. No hace demasiado enlazamos por aquí (creo que vía Twitter) la propuesta de los cien, una reforma del mercado laboral relativamente moderada para solucionar algunos de los peores problemas que hacen que España destruya tanto empleo. No es una reforma perfecta (¡la mía me gusta más!) pero es un buen punto de partida para algo que debería ser obvio: el sistema actual no funciona, destruye empleo a espuertas y no ha hecho nada para aumentar la productividad (talón de Aquiles de la economía española), así que necesita cambios urgentes.

Ayer Ignacio Escolar, que a veces parece ser el inmovilista en jefe de la izquierda, señalaba una crítica de Alberto Recio a esta propuesta de reforma. La crítica es larga, y va un poco de un lado a otro, pero tiene varios elementos significativos.

El primero, un conspiracionismo digno del peón negro más entusiasta. Los malvados de turno son un contubernio de analistas del Banco de España, entidad pública dedicada al capitalismo militante (¿?), Fedea, ese foco del capital financiado por cajas de ahorro públicas (¿?) y (mi preferido) un grupo de iluminati académico llamado «los minesotos» que están infiltrando todos los focos de poder en España y quieren supongo dominar el mundo. Una teoría es buena o mala, una propuesta es buena o mala, pero matar al mensajero acusándole de formar parte del malvado colectivo neoliberal mundial y los gnomos de Zurich no es debatir, es berrear por las esquinas.

Más allá de eso, decir que el origen de la crisis no es el mercado laboral no es un argumento válido para criticar la propuesta. Cierto, el desastre financiero fue el detonante, pero el hecho que España esté destruyendo más empleo que nadie no es una cosa de bancos. Otros países están pasando por la misma recesión (y con sistemas financieros muchísimo peores; la banca española ha dado pocos problemas, ya que estaba relativamente bien regulada), pero sólo España está viendo un desempleo que se acerca al 20 por ciento. Reformar los bancos no creará empleo o reducirá la precariedad.

El modelo productivo español (y su burbujismo inmobiliario entusiasta) nace por una combinación de factores. El mercado laboral es una parte de esa mezcla de instituciones, y el principal motivo que el paro crezca. Cierto, sin los tipos de interés negativos que el Banco Central Europeo nos brindó tantos años no habríamos visto una crisis tan fuerte. Si el comercio internacional no hubiera producido los desequilibrios en los movimientos de capitales que dejaron a China y Arabia Saudí con más dinero del que podían (o querían gastar), la crisis hubiera sido mucho menor. Si los bancos americanos y británicos no hubieran hecho el mandril, no tendríamos este desastre.

Pero el hecho que España se obsesionara de forma tan obsesiva en construir casas no es culpa de estos factores, sino de la estructura de oportunidades de la economía española. El mercado laboral español es muy malo aumentando la productividad de sus trabajadores. Crear empresas es caro, difícil y poco eficiente, mientras que construir casas es relativamente fácil (los ayuntamientos se mueren de ganas de hacerse ricos dando licencias de obra) y no necesita nada extraordinario en cuanto a formación técnica de los trabajadores. En España era mucho más fácil y rentable hacer casas, ya que hacer otra cosa deja al empresario enfrentándose a un mercado laboral muy torpe para planificar nada a largo plazo.

Si no cambiamos cómo contratamos (y despedimos, y protegemos) a los trabajadores, las únicas empresas realmente rentables en España son las que viven del corto plazo. Sin I+D, sin empleo a largo plazo, sin incentivos para aumentar la productividad, sin trabajadores valiosos que vale la pena mantener en la empresa cuando las cosas van mal.

Las críticas sustantivas la verdad no lo son tanto. Es cierto que el problema no son los sindicatos, pero no he oído a casi nadie decir que la reforma de la negociación colectiva es el tema más urgente. Es cierto que quien crea empleo fijo es la administración, pero eso es derivado de la crisis; son los únicos que contratan en masa en recesión. Los empleos femeninos que crean el resto de nuevos trabajos son normalmente trabajo muy cualificados (enfermería, educación, servicios sociales), precisamente la clase de empleos que no tienen nada que ver con la crisis. Cuando habla que el problema no es la rigidez, no entiende la crítica del sistema actual que muchos lanzamos; el problema es la asimetria e inflexibilidad del sistema, no el hecho que todo el mundo no tenga un empleo basura.

La propuesta de los cien (y la mía) de hecho mantiene indemnizaciones por despido. En mi caso, incluso crea un nuevo impuesto, algo que es lo menos neoliberal que uno puede imaginar. Me parece obvio que el sistema actual está roto; es hora de pensar en cómo reformarlo de forma que proteja a los trabajadores y no se cebe en los más débiles como hace el modelo actual.