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Lactancia, inteligencia y cuentos chinos

5 Dic, 2016 - , y -

En los últimos tiempos un número creciente de trabajos ha puesto en duda de forma indirecta o directa muchos de los beneficios para la salud y el desarrollo infantil que se venían atribuyendo a la lactancia materna. Las investigaciones más recientes ya han desmontado, por ejemplo, la idea de que contribuya a prevenir la diabetes y la obesidad infantil. El consenso entre los profesionales de la salud más actualizados empieza a cuestionar también que la lactancia materna sea un factor de protección contra estas afecciones, ya que la gran mayoría de los estudios previos no habían tenido en cuenta el sesgo de selección de los datos.

En un post anterior abordamos este tema; lo desarrollamos aquí con mayor detalle. El sesgo de selección se produce cuando la asociación observada entre un comportamiento individual (X) y algún resultado de interés (Y) no se debe a un vínculo causal entre ambos, sino a la existencia de un tercer factor (Z) que haría que los individuos que tienen esa característica Z sean más proclives tanto a hacer X como a obtener resultados Y. En el caso que nos ocupa, la asociación entre lactancia y resultados de salud o desarrollo infantil quedaría explicada por las características de las familias que optan por la lactancia (generalmente, en nuestro entorno, hogares con más recursos o más información). En resumen, serían estas características, y no la leche en sí, las que estarían causando la mejor salud de sus hijos.

Otros beneficios como la protección ante infecciones en bebés nacidos a término, se han revelado, en el mejor de los casos, como muy modestos, y de una magnitud que, al menos en el primer mundo, difícilmente serviría para justificar una política de fomento de la lactancia materna universal. Ante este continuo goteo  de evidencia sobre la inconsistencia de muchos de los beneficios de optar por la lactancia materna frente a sus alternativas, cabe preguntarse por las razones que hacen que el énfasis en las ventajas de la lactancia haya encontrado un eco tan transversal entre los padres y madres de las sociedades más ricas.

Una de las razones puede estar en la creencia de que la lactancia tiene efectos positivos en el largo plazo en aspectos muy valorados en países de renta alta, donde el riesgo de infecciones o desnutrición es menor que en los de renta baja y sus consecuencias más fácilmente tratables. Por ejemplo, en un artículo de revisión de la literatura científica sobre los efectos de la lactancia materna publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet este mismo año, se afirma que los niños y adolescentes que durante los primeros meses de vida fueron alimentados con leche materna puntúan más alto en pruebas de inteligencia y tienen mejores resultados educativos. Una revisión más específica sobre la correlación entre lactancia materna y rendimiento también puede encontrase en este artículo de Acta Paediatrica. Los estudios observacionales que se revisan en el primero de estos artículos sugieren que la magnitud de este efecto medio sería de 3.4 puntos de cociente de inteligencia cuando se controla por factores como la estimulación en el hogar. El efecto positivo de la lactancia materna se ha descrito incluso en los salarios en la edad adulta (ver aquí). El énfasis en la lactancia materna sería en este caso un ejemplo más de las estrategias parentales de maximización del éxito de sus hijos. En una sociedad altamente competitiva no hay beneficio pequeño, ni coste alto, si puede suponer una ventaja comparativa de los hijos propios con respecto a sus pares. Pero, ¿puede la leche materna mejorar las capacidades cognitivas de los hijos?

En la actualidad existe la sospecha de que, como ocurre con  algunos resultados en salud infantil, la correlación entre lactancia materna y ventaja educativa también sea espuria: podría deberse a que los niños que han recibido (más) lactancia materna nacieran sobre todo en el tipo de hogares que, en general, ofrecen a sus hijos ventajas educativas. Hay dos formas de abordar empíricamente esta cuestión:

  1. En primer lugar se podría hacer aleatorio el acceso a la lactancia materna entre hogares.
  2. También se podría evaluar la correlación en un contexto cultural diferente en el que el acceso a la lactancia materna no esté fuertemente normativizado. Por ejemplo, uno en el que los padres que puedan transmitir más ventajas educativas por otras vías a sus hijos no sean quienes más se inclinen por la lactancia materna.

Mientras la primera estrategia implica dificultades tanto éticas como prácticas, la segunda es bastante más factible. China es un caso de estudio interesante por dos razones. La primera es que cuenta con infraestructuras estadísticas de calidad razonable para el estudio de los procesos individuales que determinan el éxito escolar (mejores, por cierto, que las que existen en España). En segundo lugar, porque, a diferencia de lo que ocurre en países occidentales, aunque la lactancia materna está muy extendida entre todo tipo de madres, no son las más educadas quienes optan en mayor medida por la lactancia materna (véase Figura 1).

Figura 1. Porcentaje de madres que NO optan por la lactancia materna en China por nivel educativo de la madre

fig1

Fuente: elaboración propia a partir del Panel de Hogares de China.

 Exploremos a continuación la relación entre lactancia y resultados educativos en un contexto menos afectado por sesgos de selección. Si la lactancia materna realmente mejora los resultados educativos de los niños, deberíamos verlo con más claridad en un contexto como el chino. Que las madres cuya posición social puede favorecer el rendimiento de sus hijos sean, en términos relativos, las que más optan por la lactancia artificial, es un contexto mucho mejor para evaluar el efecto neto de la lactancia materna sobre el rendimiento que cualquier país rico en el que ventaja social y lactancia materna sean factores más íntimamente unidos.

La línea roja que se dibuja en los dos paneles de la Figura 2 representa el rendimiento medio en la muestra de estudiantes chinos que utilizamos aquí. Situarse por encima o por debajo de ella implica más o menos ventaja educativa respectivamente. Como se puede ver en el gráfico, no existe ningún fundamento empírico para atribuir a la lactancia materna beneficios en el medio plazo sobre el rendimiento escolar. Ninguna de las duraciones de la lactancia materna que se han analizado implica rendimientos por encima de la media ni en matemáticas ni en lengua china. Además, el rendimiento de los menores no parece diferir en función del periodo de adherencia a la lactancia materna que sus madres han declarado.

Figura 2. Efecto de la lactancia materna sobre las notas en matemáticas y lengua china en estudiantes de 10 a 15 años

fig2

Estimado a partir de un modelo con efectos fijos de provincia que controla por el sexo y edad del menor, la educación de la madre, haber nacido en una zona urbana o rural. Las puntuaciones en las pruebas de lengua china y matemáticas han sido estandarizadas por edad (los rangos en los ejes verticales recogen el 90% de los casos). La línea roja en cada panel refleja la nota media de la muestra.

Nuestra investigación no es la primera en arrojar dudas sobre la relación entre lactancia materna y resultados cognitivos (aquí y aquí). Sin embargo, la idea de que la relación entre ambas variables sigue siendo causal muy extendida, quizá porque con frecuencia su discusión genera reacciones muy viscerales. Con este post nos gustaría contribuir a una conversación  pública (aún pendiente) más sosegada y más pegada a los datos.