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Género y aptitud numérica

23 Jun, 2015 - - @GuidoBCor

El porcentaje de hombres que eligen una carrera técnica es superior al de las mujeres. ¿Se debe quizá a que las chicas tengan aptitudes numéricas inferiores fruto de los distintos roles evolutivos?. A día de hoy a pesar de los avances en la investigación, muchos mitos y creencias erróneas siguen instauradas en la sociedad y en parte de la comunidad científica. Como señala Elizabeth Spelke (2005) algunas ideas pueden sonar creíbles pero que deben ser cuestionadas son: a) Los hombres tienen mayor aptitud matemática debido a sus habilidades espaciales, b) Los hombres desde su niñez están más centrados en objetos y c) la mayor variabilidad en las habilidades cognitivas de los hombres hace que haya más en los deciles superiores. Como veremos, estos argumentos construyen narrativas que suenan plausibles, sin embargo están lejos de tener una base empírica sólida. Si bien existen diferencias sexuales, estas no afectan a la aptitud matemática. Como veremos los factores relaciones con el contexto donde se desarrollan las capacidades matemáticas son un factor clave, tanto en la actualidad observando diferencias entre países como si observamos la serietemporal.

¿Cuál es el origen evolutivo de las capacidades que nos permiten usar números? Treinta mil años atrás los humanos usábamos trozos de huesos para representar cantidades. Veinticinco mil años más tarde las primeras formas de representación simbólica de cantidades –los números–, aparecen. Hoy día los niños aprenden conceptos matemáticos complejos (verbalización de cantidades, sustracción, adición, representación de números) en su infancia. Las matemáticas tardaron miles de años en desarrollarse y los niños tardan pocos años en adquirir un gran conocimiento de ellas. La habilidad básica para distinguir cantidades, por ejemplo, está presente en animales tan alejados de los humanos como los peces sin embargo no tenemos constancia de que ninguno de ellos sepa resolver una multiplicación. Según lo que sabemos de la evidencia experimental las habilidades para manejar cantidades se fundamenta en sistemas relacionados con seguir el recorrido de objetos y la discriminación de cantidades de manera intuitiva. Ambas capacidades surgieron por presiones evolutivas y hoy días los humanos las aprovechamos de distinta manera.

Con esto en mente podemos crear un relato de psicología evolucionista pop: los chicos evolucionarion para cazar y por eso sus aptitudes numéricas -relacionadas con la percepción espacial- son superiores y de ahí deriva su superioridad en matemáticas que los leva a tener más presencia en carreras técnicas. Nada más lejos de la realidad. Si bien existen dimorfismos sexuales (por ejemplo en navegación espacial), rotación mental y capacidades linguísticas, no se encuentra diferencias sexuales en los mecanismos básicos con los que opera la cognición numérica.

Y no solo eso, la habilidad matemática depende de muchos factores que interactúan más allá de los mecanismos básicos mencionados antes. El pensamiento matemático incluye la cognición numérica, pero no es el único factor. El pensamiento matemático, la capacidad de operar, trabajar con y representar números, es una amalgama de habilidades más sencillas como la percepción de la numerosidad pero, sin uso del lenguaje estas capacidades –si bien están presentes–, no pueden desarrollarse completamente. Al ser la aptitud matemática una habilidad compuesta de muchas otras habilidades, no es descabellado pensar que las diferencias sexuales pueden verse compensadas por las variabilidades de las distintas capacidades. En términos más planos: el déficit en una de estas habilidades se puede compensar con mayor capacidad en otra.

Otra idea que defiende la ventaja de hombres sobre mujeres en aptitud matemática es la hipótesis de Baron-Cohen es que los chicos se convierten en sistematizadores porque están enfocados a los objetos y al mecanicismo. Este enfoque temprano les llevaría a una mejor comprensión de los sistemas abstractos de las matemáticas. Sin embargo, si seguimos la evidencia empírica de esta hipótesis solo encontramos un trabajo de Connellan (2000).Existen algunos aspectos a comentar sobre este estudio. En psicología, por norma general no podemos sacar grandes conclusiones si no es a través de resultados, de revisiones y meta-análisis. Ya que a menudo es fácil sacar las conclusiones de contexto y ir más allá en las conclusiones de lo que los datos permiten. En el trabajo de Connelan se hace un salto argumental importante al pasar de fijación de la mirada en bebés a hablar de preferencia por objetos temprana en hombre. Cuando se usa este mismo paradigma experimental en adultos, no se encuentran diferencias.

Según la literatura, ni las capacidades de navegación espacial, ni las diferencias en la variabilidad de las habilidades cognitivas, ni la hipótesis de la sistematización de los hombres aportan pruebas que apoyen la idea de que existen diferencias en la aptitud matemática entre sexos que puedan explicar la diferencia entre matriculados en carreras técnicas. Desde el punto de vista de las habilidades básicas de la aptitud numérica no hay diferencias.

¿Y cuándo investigamos los resultados de estas habilidades cognitivas?. Al revisar un meta-análisis de las diferencias sexuales en la puntuación de PISA y TMMS vemos que dependen más del contexto donde se mide que del sexo en si. Ciertamente existe una considerable variabilidad entre naciones que explican diferencias sexuales en clave de diferencias entre el estatus social y el bienestar de las mujeres. Otros estudios más recientes (Lindberg, et al. 2010) sostienen la hipótesis de que no existen diferencias sexuales en compentencias matemáticas. Cabe destacar que desde que se tiene registro las diferencias en la medición del rendimiento general en matemáticas ha ido decrenciendo. Ya en un meta-análisis de Hyde (1990) se observa esta tendencia. Cuando incluimos trabajos más recientes como los anteriormente citados, podemos confirmarla. En otras palabras, sin un cambio sustancial en la biología humana estamos consiguiendo cambios importantes en los resultados de ambos sexos.

Cuando hablamos de un tema importante como la falta de mujeres en carreras técnicas, el debate debería dirigirse quizá hacia factores sociales, prejuicios de evaluadores, en la competitividad de las clases o en la motivación. Donde parece que no hace falta seguir dedicando esfuerzos es en las dudosas diferencias sexuales en las aptitudes matemáticas.