Política

Ángeles, demonios y fraude fiscal

6 Feb, 2015 - - @egocrata

Se veía venir: Juan Carlos Monedero, uno de los líderes de Podemos, debe dinero a Hacienda. El extraño artilugio de crear una sociedad interpuesta para cobrar contratos de asesoría realmente era  el  burdo apaño fiscal para pagar menos impuestos que parecía ser. Monedero lo ha reconocido y ha dicho que pagará lo que debe. Si en su partido son consecuentes con las ideas que defienden, perderá su cargo dentro de la formación y pondrá punto final a su carrera política.

Más que hacer leña de un árbol caído, sin embargo (no que no tenga ganas) toda esta historia es una muestra que  la retórica sobre la casta, la vieja política, la corrupción del bipartidismo, PPSOE y demás histerismos no se sostiene. En los últimos meses Podemos, junto a amplios sectores de la vieja izquierda, se ha hartado de hablar sobre como España se divide en casta, unas élites que viven por encima de la sociedad y que viven de espaldas a la sociedad, y el pueblo, que es bueno, honesto y necesita unos líderes auténticos y honestos que le representen. “Qué buen vasallo si tuviera buen señor“; el Cantar de Mío Cid aplicado a la política actual.

En la retórica de los líderes de Podemos el problema de España es que falta democracia. La casta no forma parte del pueblo, y no los representan. La forma de arreglar los problemas del país, por tanto, es hacer que la representación política funcione, hacer que el pueblo vote, y hacer que los nuevos líderes sean gente del pueblo. Podemos es pueblo y no es casta, así que basta con votar a gente honesta como ellos para que las élites extractivas desaparezcan y las cosas se arreglen. La fuente de nuestros problemas son las personas, y todo esto sólo se puede arreglar votando.

La cuestión es, las cosas no son tan sencillas. No tengo ni idea si Monedero es buena o mala persona, pero sé que como todo el mundo responde a incentivos. Su decisión de intentar ahorrarse un dinerito en impuestos creando un empresa fantasma para ello es fruto de un cálculo racional donde sopesó el coste de hacer las cosas bien, el coste de montar un chiringuito interpuesto y el riesgo que le cazaran, y decidió (erróneamente, como hemos visto) que valía la pena intentar el chanchullo. Dejando de lado el pequeño detalle que ver un político de izquierdas que pide aumentar el gasto público intentar sablar 130.000 euros a Hacienda es ligeramente cínico, lo que debería preocuparnos no es tanto la honestidad de Monedero como la existencia de una trampa legal tan escandalosamente obvia ahí fuera, lista para ser utilizada para el fraude. Si incluso un paladín del pueblo tenía un incentivo lo bastante fuerte como para probar suerte, imaginad lo que haríamos el resto.

En realidad los problemas de España no nacen de que estemos gobernados por malas personas. La casta, élites extractivas o como le queramos llamar no son gente que viene de otro planeta; el PP ni el PSOE no están habitados por hombres serpiente. El origen de la corrupción, y de muchos de nuestros males, no tiene nada que ver con fallos en la representación política o la distancia entre políticos y votantes, sino de una serie de leyes, instituciones, impuestos y arreglos burocráticos que generan unos incentivos tremendos para caer en la deshonestidad. Monedero intenta evitar pagar 130.000 euros a Hacienda en parte porque quiere, en parte porque puede; si el sistema tributario no tuviera esta clase de trampas, el tipo no habría tenido nunca la tentación de hacerlo.

En la inmensa mayoría de casos de corrupción en España (casi todos de escala mucho mayor que este triste episodio) lo que vemos son personas en puestos de poder que tienen ante sí enormes posibilidades de enriquecerse, a veces sacando ventajas políticas o apoyos para sus campañas si deciden saltarse la ley o aplicarla de forma arbitraria. La mayoría de políticos son gente honesta, y deciden no hacerlo. Una minoría se enfrenta a esa elección, y cae en la trampa.

La corrupción en España no tiene nada que ver con la casta o la calidad humana de nuestros políticos. La corrupción en España nace porque tenemos unas instituciones que colocan a políticos (y contribuyentes como Monedero) en situaciones donde pedir comisiones, dar concesiones a tus amigotes, montar sociedades interpuestas, recalificar terrenos para tu familia, colocar a medio partido o crear contabilidades paralelas es extraordinariamente fácil y horriblemente tentador.

Esto no se soluciona con más democracia y rompiendo con el bipartidismo reinante, ni votando a la gente de Podemos porque son más virtuosos y mejores personas.  La realidad es que uno no puede tener un sistema político y unas instituciones de gobierno basadas en la idea que tus gobernantes son ángeles capaces de resistir la tentación; siempre alguno se va a colar que en cuando le den la oportunidad robará todo lo que no esté clavado en el suelo.  La solución es aprobar reformas institucionales reales, sacando a los políticos de decisiones técnicas, reformando los concursos públicos, cerrando agujeros en el sistema fiscal, sacando las competencias de urbanismo de los ayuntamientos (y liberalizándolo en serio) y creando instituciones de control reales y eficaces.

En todos los casos, el punto de partida deberá ser una profunda desconfianza hacia los políticos. A menudo, de hecho, estaremos hablando de quitar poder a los políticos y dar poder a los tecnócratas – no más democracia, sino menos (sí, siempre enlazamos el mismo artículo de Lapuente). El punto central será siempre que la mejor manera de evitar la corrupción será eliminar las tentaciones en la vida de los políticos, no el voluntarismo ingenuo de que esta vez seremos capaces de escoger  hombres virtuosos.

El porcentaje de cretinos deshonestos es bastante uniforme en todas partes, tanto dentro de España como fuera. Lo que cambian son los incentivos, no la materia prima.

……

Dos notas finales: primero, en cualquier país medio decente el reconocimiento por parte de un político de haber ni siquiera intentando evadir impuestos es motivo más que suficiente como para dar por acabada su carrera. Un político en una democracia está pidiendo la confianza de los votantes para gestionar el dinero de todos. El hecho de no querer pagar lo que le toca a él le invalida para tener un cargo público.

Segundo, en cualquier país medio decente un partido político cuyos dirigentes hayan cobrado dinero de otros países debería dar explicaciones muy claras y muy detalladas sobre qué estaba haciendo y por qué. No es algo que necesariamente le descartaría, pero cualquier cosa que no sea transparencia inmediata, completa y extrema sería considerado como algo inaceptable. La financiación de los partidos es un tema extraordinariamente serio, y quién paga el sueldo de tus políticos también. Si Podemos quiere que me los tome en serio cuando hablan de combatir la corrupción y cambiar las cosas, harían bien de empezar a portarse como un partido político de adultos.