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El último órdago de Grecia (I): la excusa democrática

2 Nov, 2011 - - @egocrata

El anuncio del gobierno griego anunciando que iban a convocar un referéndum sobre el último plan de rescate europeo me pareció, en un primer momento, una estupidez peligrosa. Que un estado que está viviendo de préstamos subvencionados de todo un continente tenga la jeta de pedir que el rescate sea en yate en vez de bote de remos es realmente singular. Si querían poner a todo el continente aún más histérico con su persistente incapacidad para gobernarse ellos solitos, han encontrado como hacerlo. Es realmente impresionante.

Según ha pasado el día (y a pesar de mi incesante sarcasmo en Twitter – hoy se prestaba a ello), sin embargo, en cambiado un poco de opinión. Sólo un poco. La cosa, como de costumbre, es más complicada de lo que parece.

1. Grecia podría estar mucho peor:

En contra de lo que puede parecer, Alemania lleva dos años tratando a Grecia con guantes de seda. Como decía Kantor ayer en los comentarios, cuando un gobierno cualquiera se pone a hacer el tonto y flirtear con un impago de deuda soberano, sus vecinos no se dedican a pedirle por favor que no lo haga. Lo más habitual es un embargo comercial con todas las letras, y congelación de todos los activos del país y sus ciudadanos en el exterior, incluyendo barcos, cuentas bancarias, negocios y demás. Si al estado se le ocurre ejercer su capacidad soberena de declarar un impago, todo lo que tiene en el exterior es embargado y listos, y cualquier grifo de crédito futuro será horrorosamente caro.

Los países de la eurozona no han tratado a Grecia de esta manera primero porque eso a un amigo no se le hace, y segundo porque reconocer que un impago está en camino hubiera sido contraproducente. Pero hay que recordar que la paliza que se están llevando los griegos es suave comparada con la que se llevaron los argentinos o rusos. Si realmente tienen ganas de juerga y tienen tentaciones de impago, se van a divertir muchísimo.

2. Grecia lleva años ejerciendo democracia – el referéndum no es algo nuevo:

Ha habido no pocas voces clamando que el referéndum es la primera vez en toda la crisis que la ciudadanía griega podrá decidir su destino. Oponerse al referéndum sería entonces oponerse a la misma idea de democracia.

Es un argumento falaz por un motivo muy sencillo: los griegos están donde están después de haber elegido a cretinos profesionales de forma sistemática durante más de veinte años. Fueron los griegos los que decidieron tirar la casa por la ventana organizando unos juegos olímpicos, al fin y al cabo. Y fueron los griegos los que decidieron pagar todo lo que construían con toneladas de deuda, mientras en el todo el país no pagaba impuestos ni Dios. Nadie obligó al país vivir de su tarjeta crédito; por mucho que fuera irresponsable prestarles dinero, el resto de europeos (con alguna excepción) no se metieron en orgías de deuda con el mismo gusto.

Grecia era y es una democracia. Cuando el gobierno heleno se comprometía a devolver deudas, lo hacía en nombre de sus ciudadanos. Por mucho que ahora se exclamen, los griegos han metido a su país democráticamente en un pitifosio espantoso. Por mucho que el pueblo soberano vote que no es culpa suya y que no cumplirán lo prometido, el problema seguirá ahí, digan lo que digan.

Esto no quiere decir, sin embargo, que el referéndum sea una mala idea, o que tenga nada que ver con la democracia. Como comentaba Kantor ayer, es una arma negociadora que incluso puede que funcione. En el artículo siguiente veremos por qué.