Los líderes de eurozona tendrán sus defectillos, pero nadie puede negar que son creativos. La idea griega de convocar un referéndum para aprobar su plan de ajuste precisamente ahora, después de pasarse dos años recibiendo órdenes de Bruselas (y pasando de ellas olímpicamente) es realmente algo que no se me había ocurrido.

Es también una idea singularmente estúpida. El ataque de pánico en los mercados hoy lo dice todo: si los acuerdos de la eurozona, ya de por sí lentos, torpes e ineficientes, tienen que verse sujetos a posibles vetos vía referéndum en aquellos países que son una de las fuentes del problema, cualquier rescate es aún menos creíble de lo que era hasta ahora. Si a esto le sumamos que el acuerdo de la semana pasada (otra chapuza) ya estaba cayéndose a pedazos uno tiene un cuadro perfecto para otra reunión de ministros de la eurozona.

Sí, sé de sobras que el proceso de toma de decisiones de la zona euro no es “democrático” (algo que es bastante falso, pero vamos) y que los griegos se están comiendo un plan de ajuste tras otro, pero hay cosas que simplemente no se votan de este modo. Un referéndum ahora es como tener a los pasajeros de un barco en medio de una tormenta votando democráticamente si quieren que el capitán gire a babor o siga recto a ver qué encuentran. Es como si gente viajando en un avión en llamas decidiera votar sobre si es necesario aterrizar ahora o seguir hasta el destino final. Hay situaciones de emergencia, increíblemente complejas, que tienen que ser resueltas ahora mismo por expertos de forma urgente. Los ciudadanos griegos tuvieron su oportunidad durante los veinte años anteriores, cuando se divertieron vaciando extintores, ignorando la previsión meteorológica y gobernando su país como cretinos con un entusiasmo encomiable.

Lo más patético, por descontado, es que si los griegos decidieran democráticamente que no quieren aceptar el rescate de la eurozona se comerán cantidades ingentes de austeridad de todos modos. Si el país se negara a cumplir con lo que le pide la UE y declarara suspensión de pagos de forma unilateral, se quedarían sin financiación de inmediato: un tercio del presupuesto del país desaparecería, todos sus bancos de irían a la mierda y acabarían saliendo del euro con corralitos, sin sistema bancario y sin poder financiarse durante años. A largo plazo saldrían del túnel (Argentina, ahora mismo, no está del todo mal) pero el leñazo en los próximos años les dejaría con unos niveles de renta de país en desarrollo.

El único consuelo de toda esta pantomima es que a lo mejor acaba por hacer verdad eso de “cuanto peor, mejor” y obliga a Alemania y al BCE a hacer lo correcto. A saber, hacer que el Banco Central ejerza como tal y entre a muerte y a saco imprimiendo billetes como un cosaco. No que tenga demasiadas esperanzas, ciertamente. Pero estamos hablando de una eurozona que se está quedando sin opciones rápido.