Hay algunas voces que hablan sobre el posible final del ciclo político populista. Ramón González Férriz hablaba sobre ello hace unos días, sin ir más lejos, en una interesante columna donde ponía en relación el declive de Trump y el creciente malestar en muchos lugares de los debates identitarios y simbólicos del último lustro.

Es cierto que los vientos populistas están empezando a amainar. Salvini, en Italia, parece haber perdido fuelle; el Frente Nacional francés se ha estancado, la extrema derecha alemana está retrocediendo, y Trump está por ahora lejos en los sondeos. Incluso en España, el fervor identitario parece estar remitiendo, con Podemos perdido, el independentismo dividido, y Vox en segundo plano.

No soy amigo de hablar de grandes tendencias ideológicas compartidas entre varios países; la política británica y americana, que son las que mejor conozco fuera de España, funcionan cada una con unas dinámicas completamente distintas. Es posible, sin embargo, que todos los populismos ahí fuera sean de derechas o de izquierdas, estén sufriendo problemas similares. Es complicado, al fin y al cabo, convencer a los votantes que tu identidad nacional, la inmigración, el antifeminismo, el color de piel o los crímenes de la guerra civil son temas que merecen debate cuando hay una enfermedad letal ahí fuera matando a cientos de miles de personas por todo el planeta.

No obstante, y viendo cómo está siendo la campaña electoral en Estados Unidos, creo que la decadencia aparente del populismo tiene más que ver con los errores de los populistas que con una tendencia global o un retorno a la vieja política de clases. No hablo de errores de gestión o respuestas chapuceras a la pandemia, sino errores estratégicos de fondo, malinterpretando qué es lo que los votantes entendieron o quisieron entender en campañas electorales pasadas.

Mucha gente no recuerda que allá por el 2015-2016, en las primarias republicanas, Trump era el candidato moderado. La ortodoxia republicana era y es defender impuestos bajos, recortes en servicios sociales, desregulación y oponerse a cualquier intento de redistribución de renta en lo económico, y defender valores conservadores en lo social (pro-vida, pro-libertad religiosa, pro-asimilación cultural). El GOP además era mayoritariamente intervencionista en política exterior, y opuesto, pero con cierta ambivalencia, a la inmigración (sí a la legal, no a la ilegal).

Trump dio un giro radical a la mitad de ese programa. Mientras los republicanos ortodoxos (desde John Kasich a Ted Cruz) hablaban sobre los terrores del déficit y deuda, la necesidad de desmantelar la ley de sanidad de Obama, recortar la cobertura de salud para millones de personas y retrasar la edad de jubilación, él fue en dirección contraria. Trump iba a cambiar la ley de sanidad por una mejor que cubriría a más gente y garantizaba que no se iba a recortar la seguridad social o medicare en absoluto. Como buen republicano, prometía bajar impuestos, pero insistía que subiría los impuestos a gente como él, los ricos, mientras los recortaba a las clases medias.

Junto con estas promesas bien poco ortodoxas y muy centristas en el plano económico, Trump sí que era un candidato extremista en todo lo social. En la campaña abrazó con total devoción el programa completo de la derecha cristiana, aunque nunca había sido religioso.  En inmigración, habló sobre su oposición radical a cualquier nueva entrada al país. En temas sobre seguridad ciudadana, educación, igualdad de oportunidades y disparidades sociales, abrazó posiciones esencialmente racistas, sin ni siquiera ocultarlas bajo la tradicional retórica de responsabilidad individual para darles algo de respetabilidad.

Fue esta combinación de casi-izquierdismo en lo económico y extremismo en lo social lo que dio a Trump la victoria. Los sondeos han demostrado que en Estados Unidos hay tres grandes grupos ideológicos: progresistas puros (izquierda en lo económico y en lo social), conservadores puros (derecha/derecha) y esta combinación trumpiana de progresismo al hablar de dinero, conservadurismo en todo lo demás. El grupo de gente que es “centrista” en la definición periodística del término (“socially liberal, fiscally conservative) son un porcentaje minúsculo del electorado.

Lo interesante de pensar sobre ele electorado de este modo es que en Estados Unidos (y en gran parte de occidente) hay más progresistas que conservadores en lo económico, pero también más conservadores sociales que liberales. Es decir, el votante mediano en la política americana es muy posible que caiga en algún lugar de este tercer cuadrante trumpiano, un sector del electorado que ni demócratas progresistas ni republicanos tradicionales parecían querer representar.

Trump fue tremendamente efectivo activando este voto en las elecciones (racista amante del gasto social, para decirlo de algún modo), pero ha sido muy, muy, muy torpe haciendo lo mismo una vez en el poder. En el bloque de políticas públicas que apasionan a Trump (básicamente inmigración y mantener a “esa gente” en su sitio), el presidente ha hecho todo lo que prometió durante la campaña. En materia económica, ha gobernado como un republicano ortodoxo que baja impuestos a los ricos, desregula todo lo que puede e intenta una y otra vez desmantelar la sanidad.

Mientras tanto, los demócratas se han olvidado de presentar candidatos superprogresistas en temas sociales y han escogido a Joe Biden, un viejo católico de Pennsylvania que habla sobre racismo estructural como Chiquito de la Calzada hablaría de ópera, es decir, como un idioma ajeno a su mundo.

Hay más progresistas económicos y moderados sociales que conservadores sociales y económicos ahí fuera, así que Trump anda por debajo en los sondeos, y ya estaba entre cinco y seis puntos por detrás incluso antes del COVID 19. Trump no está en problemas porque el votante americano se ha hartado de su racismo, su retórica antiinmigración o su capacidad para llenar los tribunales con jueces conservadores. Lo que le ha hundido, por encima de todo, es que lejos de ser el populista que prometía, ha acabado siendo una versión extrema y ruidosa del republicano tradicional.

Es posible que alguien ahí fuera, en el partido republicano, esté tomando notas y haya aprendido la lección: el partido tiene que ser menos conservador en lo económico si quiere aspirar a ganar. Este era el mensaje que Steve Bannon y Tucker Carlson, ambos observadores atentos e inteligentes de la opinión pública americana, llevaban diciendo desde las primarias. En el 2024 ó 2028, es posible los republicanos tengan a un populista de verdad como candidato a la presidencia (incluso que este sea Carlson). Quizás el momento populista no haya acabado, sino que está a la espera de que haya populistas mejores.

Bolas extra:


10 comentarios

  1. Sr.Yo dice:

    Estoy bastante de acuerdo, porque en lo que podría no estar, dependería de la definición que se haga de populismo. En general, no creo que exista tal cosa, más que nada porque si existiera entonces este sistema que tenemos lo es por definición. Pero ha estado muy bien recordar a qué sonaba Trump antes de ser elegido, y ha faltado decir que la campaña de Hillary fue incapaz absolutamente de neutralizarlo.

    Hay otro punto que no se dice. Antes de que el sistema entrase en una fase aguda de descomposición (provocada por los «chicos serios», mejor dicho, acelerada, porque los «populistas» lo que quieren es ralentizarla, en la práctica acelerándola también), las estecturas de poder eran firmes y quien detentaba el poder lo hacía con el rango de capacidades que el cargo tiene. Ahora esto no es así, la inestabilidad del sistema hace que cualquiera tenga que consumir una cantidad enorme de recursos y energía en mantenerse en el cargo, cualquiera puede caer en cualquier momento, no es sorprendente que sea Rusia o China quienes detenten liderazgos más sólidos, pero esto también va con ellos y lo saben perfectamente, obrando en consecuencia.

    Cuando el sistema funciona bien, todas las correas de transmisión funcionan debidamente, quien saca los pies del plato el propio sistema corrige, además automáticamete. Esto ya no es así, y no volverá a ser así en lo que dure este sistema. Gente que era marginal, o que estaba en escalofones subordinados, muy subordinados, está incrementando sus cuotas de poder o directamente asaltándolo. Esto lo hemos visto ya en la desintegración de la URSS, si bien en general lo mejor del PCUS se ha brujuleado para asaltar los restos del naufragio, en las tres repúblicas bálticas de pandereta (o en Georgia, o en Azerbaiyán) han tomado el poder, ayudados por Occidente, naturalmente, una caterva de vamos a dejarlo en frikies, que en su puta vida jamás llegaron a imaginarse verse donde están. No es ya incompetencia, es delirancia. Por supuesto que esto obedece a razones internas y externas, por la parte geopolítica no es nuevo, aunque yo diría que la intensidad (del subnormalismo) es inédita desde la segunda guerra mundial.

    Por supuesto no se puede comparar un monstruo con 19 agencias de inteligencia todas ellas con presupuesto de un estado pequeño (o mediano), hablo de EEUU y no me refiero a sus estados, con un país como Italia o siquiera RU.

    Intentando ser más explícito, tomemos el caso que nos afecta, el catalán. Para empezar, no es el caso catalán, es la n-ésima versión del caso de siempre, el español. No es identitario, el apoyo al independentismo es considerable en población castellanoparlante de catalana de primera generación, por definirlo de algún modo, igual que hay llamémosles catalanes de pura cepa que no lo apoyan, niego la mayor del identitarismo, eso sí se da pero en el otro lado, el «unionismo», pero pura y simplemente porque como Hillary Clinton, no tiene argumentos, básicamente porque no le convienen. De llamarle algo, no es populismo lo que le cuadra, en todo caso idealismo, y no bebe de ideales fascistoides ni de grandezas pretéritas reales o no, sino de un proyecto ilusionante y ante todo, democrático. Al menos, como Trump, antes de ir a votar. Dicho todo lo cual, si tú lo que tienes en tu país es una sensación de hartazgo infinito con España-Madrid-El Bernabeu y su palco y toda una estructura totalmente corrupta que además presenta serios problemas de viabilidad por sí misma, con unos antecedentes penales de poner los pelos de punta, no sé qué se quiere decir, ser independentista será de todo menos populista. A mayores, que el presidente del gobierno, sea el tipo que haya lanzado una campaña incendiaria contra Cataluña, no vamos a entrar en pormenores sobre el individuo, y decida como toda solución que no hay bastante leña en el fuego, tampoco es que lo vea como muy populista, precisamente.

    Luego se pide un referéndum, que a día de hoy sigue sin entenderse su ilegalidad (será ilegal en todo caso la independencia, no el referéndum que además ni siquiera puede ser vinculante), además para que se pierda formalmente la opción independentista, y se niega de nuevo con cálculos nauseabundamente electorales porque sigue sin haber llamarada como Dios manda. Es que en Canadá y el RU convocaron los referéndums para perderlos.

    De verdad, quién es el populista aquí. AP/CP/PP lleva haciendo burda demagogia desde 1977 y es un partido sistémico. No, no puedo estar de acuerdo. Y lo demás lo mismo. Salvini no es más impresentable que Berlusconi, lo es bastante menos, ni Berlusconi es ni la mitad de corrupto que otros de nombre infausto que le precedieron, Macron es un babas al lado de Sarkozy, y éste una nenita al lado del impresentable de Mitterrand, y ni digamos ya Giscard d’Estaing, que según Bokassa el caníbal (literal, no figurado) era él, y no me tomaría esto a la ligera, la Merkel es una monjita al lado del cafre de Kohl, y así sucesivamente. Se dice que Thatcher no hubiera osado hacer las burradas de BoJo, lo dudo mucho porque las hizo mucho más gordas.

    Yo no veo populismo, lo que veo es desorientación generalizada. Y el día que se abandone por otra cosa, iremos a escenarios de mucha más violencia y represión, y más descomposición.

  2. Fulano dice:

    ¿Qué interés tiene Trump en bloquear un nuevo plan de estímulo? ¡Si él es el principal beneficiado!

    • Alatriste dice:

      A estas alturas ya como que le da igual porque los efectos del estímulo no se notarían hasta después de las elecciones. Trump hasta puede creer que le conviene dar una imagen de dureza no acordando nada sobre nada con los malvados demócratas… y luego ¿Quién puede saber lo que pasa por la mente del césar Nerón? Desde que alguna de las provisiones negociadas afecten a sus empresas a que se hayan atrevido a acordar algo sin su aprobación, razones válidas (para él) puede haber muchas.

  3. Alatriste dice:

    No me gusta demasiado lo que voy a hacer, pero me temo que no queda mas remedio que abordar de entrada qué es el populismo, empezando por preguntarse si es una estrategia o una ideología… y yo diría que es una estrategia, basada en

    – ondear muy alto y muy fuerte unas banderas, da igual si son de la Nación, con mayúsculas, o del colectivo LGBT, el caso es que el participante se sienta parte de algo grande en todos los sentidos de la palabra, del «pueblo» (y nótese que significados tan distintos tiene la palabra «pueblo» según la usen unos u otros populistas)

    – el liderazgo personal; si un populismo no cuenta con un líder carismático que arrastre a las masas sus posibilidades de éxito son mas que dudosas

    – ser muy claro y radical en algunos puntos pero mantener un alto y saludable grado de ambigüedad en otros, sobre todo en economía, algo que puede llamarse tanto pragmatismo y flexibilidad, como hipocresía y cinismo.

    – por encima de todo, presentarse como algo nuevo, rompedor y distinto, opuesto a la vieja política cínica y corrupta(TM) ; no es casual que desde los populismos de los 30 hasta los de hoy haya un evidente aire de espectáculo, de «performance» en la política populista, incluyendo la necesidad de mantener un flujo de novedades, el aburrimiento es burgués por definición

    De esta lista pueden deducirse los dos problemas que le veo a la estrategia populista, uno que su atractivo depende en buena parte de que cada uno vea en él lo que quiere ver, atractivo que pierde en cuanto toca poder, y otro que es una escalera muy alta pero muy frágil: el populista tiene que hacerse con el poder rapidamente, si no o se «aburguesa» integrándose en el sistema o suele hundirse, es casi imposible que participe en la vida política pero mantenga la imagen de «no ser como los otros».

    Por eso no es nada extraño que anden de capa caída. Extrajeron su fuerza de la crisis que empezó en 2008, ya ha pasado demasiado tiempo… pero eso no quiere decir que la insatisfacción de los votantes haya pasado, la volatilidad y la polarización siguen ahí (y respecto a la crisis del coronovirus, no creo que hayamos pasado de «el fin del principio»)

  4. Sr.Yo dice:

    Es un debate interesante, y vale la pena entrar a fondo en la definición. Si uno se pasea por varios diccionarios, en varias lenguas, de hecho «populismo» es un palabro inventado -todas son inventadas-, no es un neologismo porque lleva mucho tiempo en circulación, ni tampoco es exactamente un cultismo porque la lengua origen sospecho que es el inglés, pero es una palabra que se dice casi exactamente igual en todas las lenguas, desde luego las occidentales, detalles fonético-ortográficos aparte. Y esto es raro, porque que p.ej. en alemán se diga Populismus cuando las directrices gramaticales luteranas los llevan a cagarse un Wasserstoff en vez de un Hydrogenium, es decir, que no digan Volksinberufunggehen (por Populismus) indica que el palabro tiene una elasticidad poco usual.

    Las definiciones, las etiquetas, tienen que tener una utilidad. Y, sí, utilidades hay muchas: un expletivo es útil (joder), y hasta un insulto gratuito, pero realmente no son etiquetas. ¿El populismo categoriza algún tipo de fenómeno social? Sigo creyendo que no. Es un término borroso y vago que se suele aplicar a fenómenos que nos da por opinar que son fraudulentos y a mayores poco serios (la Le Pen se ríe poco, así que es ese aspecto es seria, y a veces hasta circunspecta), si tal vamos a centrarnos en casos próximos, y bien conocidos.

    ¿Albert Rivera y su chiringo eran populistas? Mucha gente diría que no. De entrada, no eran nada nuevo, un revival del lerrouxismo que acabó exactamente igual que ellos (nacionalismo español patán y agresivo, a la par que faltón y provocador, y nulos proyectos de nada excepto vivir como Dios, y sus antecesores el estraperlo), de hecho, un tipo que coge el pesebre que le da de comer con 50 y tantos diputados y lo deja como lo deja, qué no haría siendo ministro o algo peor. ¿Un populista es un inepto temerario? Esto parece una contradicción, porque el tipo lo que hacía era defender unos intereses muy concretos bajo cierto disfraz, pero esos intereses ya estaban perfectamente defendidos por muchos otros (casi todos) partidos. ¿Demagogo, mejor? No creo que vayamos a ninguna parte.

    Vamos ahora a otro charco: la izquierda abertzale. No hace falta forzar mucho la verborrea para adelantar que la etiqueta de populismo también cabe aquí, ya que con o sin lucha armada hay que tener mucha fe para pensar que vas a montar un chiringo marxista-leninista en pleno cuasicorazón de la OTAN (lo de «derrotar a España», eso como va en otra categoría porque España es otro objeto alucinante en sí mismo lo dejamos). ¿Son las FARC un movimiento populista? ¿Si el populista tiene pipas y las usa, ya no es populista? Es que muchos seguidores de Trump dan más que miedo. Sin embargo la IA nunca tuvo ningún líder, era un claustro colegiado y además en general tenía alergia a los líderes. Y es que un líder es un arma de doble filo, que se lo digan a C’s.

    O sea que tendríamos que restringir populismo a un tipo de comportamiento que tampoco es útil como categoría, porque la unificación (que no re-), o absorción, de Alemania por Kohl y sus cafres fue populismo puro (criminal e incompetente y aún lo estamos pagando, españoles incluidos), Polonia como país de pandereta que es es el populismo hecho república y el Brexit, que es literalmente tirarte por el terraplén dando vueltas de campana, pues populismo, ¿no?

    Yo creo que esto es como lo de oportunismo. Una etiqueta que es inútil o por imprecisa, o por obvia. Quizá sea simplemente mejor decir honesto o deshonesto. Trump es deshonesto. Salvini es deshonesto. Rivera es deshonesto. La tropa polaca es oligofrénica. Pero claro, entonces la Hillary es deshonesta, y Biden también lo es. Sin embargo, creo que el grado de deshonestidad de Biden es mucho menor que el de Trump, tal y como se mide en su unidad del SI «cenas de Hitler»*

    (*) Cuenta Speer en sus memorias, si no recuerdo mal, que en una cena de capitostes nazis presidida por el Guía, alguien preguntó en voz alta y jocosamente «¿Hay algún tratado internacional que hayamos firmado con el que no nos hayamos limpiado el culo?», y esto es un hecho notable porque al Guía ni le gustaba el lenguaje soez ni lo toleraba en su presencia (excepto cuando él se veía forzado, naturalmente), supongo que porque Stalin era el síndrome de Tourette, pues bueno, creo que fue Himmler el que dijo «ninguno», y todos los comensales se descojonaron de risa.

    Mira, esto vale como definición de Volksinberefunggehen.

    • Alatriste dice:

      Un par de comentarios:

      – Respecto a Lerroux y su Partido Radical (una parte de la historia reciente demasiado olvidada en mi opinión) yo diría que es un error palmario compararlo con Ciudadanos; sé que los procesistas suelen hacerlo, sí, pero los primeros pasos de Lerroux son los de un radical izquierdista, republicano, colectivista y anticlerical furibundo («Jóvenes bárbaros de hoy: entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura; destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres para virilizar la especie. Romped los archivos de la propiedad y haced hogueras con sus papeles para purificar la infame organización social. Penetrad en sus humildes corazones y levantad legiones de proletarios, de manera que el mundo tiemble ante sus nuevos jueces. No os detengáis ante los altares ni ante las tumbas… Luchad, matad, morid»)

      En otras palabras sería más un Iglesias o un Monedero, solo que más radical, nunca un Rivera. Eso sí, de una izquierda «jacobina» radical y centralista al mismo tiempo, especie muy francesa que de momento no está de moda en España… pero tampoco teníamos partidos como Vox.

      – Y respecto a la izquierda abertzale, no estoy de acuerdo. Ninguno de los terrorismos de los 70 y los 80, ni ETA, ni las Brigadas Rojas, ni el IRA, etc, ni los movimientos que los apoyaban pueden definirse así a menos que digamos que populista es lo mismo que radical.

      El terrorismo es otra estrategia, incompatible con el populismo. El populismo busca arrastrar a las masas a la victoria en las urnas, el terrorismo parte de la base de que las elecciones son un farsa; el populismo depende de un hiperliderazgo personal, los movimientos terroristas rarísima vez tienen un liderazgo identificable, y menos aún un líder carismático; el populismo depende de los medios de comunicación de masas que difunden sus mensajes y la imagen de su líder, el terrorismo solo necesita la sección de sucesos… y desde luego el terrorismo no se presenta como regenerador, ni como nuevo y fresco, al contrario, el terrorista es portador de la venganza, heredero de causas viejas.

      Aunque sea analogía peligrosa, el populista se imagina como Robin Hood, el carismático objetor fiscal y líder de un movimiento popular que ayuda a los pobres; el terrorista se imagina como un nuevo Zorro, el solitario vengador enmascarado que juzga y castiga a los oligarcas opresores.

      Sigh… por eso no me gustaba por donde iba, porque ibamos a acabar discutiendo de filosofía y no de la situación de los movimientos populistas en octubre de 2020. Pero al menos creo que está siendo interesante.

      • Sr.Yo dice:

        No, de filosofía no. No, por favor. Vamos a ver, yo lo que cuestiono es si las etiquetas sirven o no sirven, una taxonomía debe tener utilidad, siempre va a tener un grado de arbitrariedad, pero supongo que se puede concluir que si tiene utilidad, siquiera provisional, sirve. Si no, no sirve, para nada.

        Por ejemplo, yo cuestiono que la IA sea radical. Es otro adjetivo que les encanta, pero es igualmente gratuito. Radical es lo propio de la raíz, y alguien o algo radical debería ser alguien o algo que intenta llegar al meollo, a la raíz de la cuestión. Es un término que deliberadamente se confunde con fundamentalista, o cualquiera de sus variaciones. Einstein, Darwin, Newton, fueron radicales. En los campos en que destacaron y donde sus aportaciones son celebradas. No veo ninguna radicalidad en eso que se ha llamado terrorismo, que tampoco es tal cosa, para colocar esa etiqueta hay mucho mejores candidatos.

        Quizá necesitemos Bertolt Brechts, sobre todo en este país que durante 40 y tantos años las editoras colaron un poema de Martin Niemöller como suyo, para flipe y alucine de la literatura teutona.

        Respecto al lerrouxismo, también Rivera cuando empezaba sonaba a otra cosa, como Trump. Puedo estar de acuerdo con muchas cosas, pero que el lerrouxismo era de izquierdas por ahí no paso, como todo, una cosa es lo que la gente dice y tal vez quiera o no quiera creer de sí, otra lo que otra gente pueda ver, o querer o no querer ver, y otra la realidad. La comparación con el padre Pablo te la admito porque en el fondo es otro cantamañanas, pero todo esto son variaciones de la teórica de Manuel Goreiro, «cuando se vende algo, se están vendiendo dos cosas: una, la que el comprador cree que está comprando, y la que realmente el vendedor está vendiendo». Como sea, lerrouxismo y ciudadanismo acabaron exactamente igual, tuvieron más o menos los mismos padrinos, y puestos a darle calidad al circo, muy poca gente sabe que Ramón Franco, el hermanísimo (no, no era Nicolás), el que se cayó desde un bombardero fascista o algo así, fue diputado de ERC.

        A ver, que hay mucho: AfD debe ser un partido que aceptas como populista, no tiene liderazgo personal, es un poco como la IA, no es el único caso. No tiene liderazgo ni menos aún hiperliderazgo. Tampoco es muy el estilo de la Le Pen, aunque ella es una lideresa clara. No creo que la presencia o ausencia de líderes defina nada más allá de la catadura del ático de la sede central y la de pirañas que ronden por ahí. El Führer era un hiperlíder, como lo era Churchill, Roosevelt o Stalin, cada uno en su idiosincrasia, la falta súbita de cualquiera de ellos no hubiera modificado nada significativo. Para dar un golpe de Estado hay que tener un sustituto y tener la seguridad de que se va a producir la sustitución, el sustituto ni tiene por qué ser un equivalente.

        Respecto a que la lucha armada no cree en las elecciones, mejor lucha armada que terrorismo, hay que diferenciar en que si no cree por coyuntura o de forma estructural. Porque si no cree de forma estructural, ellos mismos se están cerrando las puertas a todo, y ahí tienes al Sinn Féin gobernando en el Ulster británico y a punto de hacerlo en la república.

        Con todo esto creo que nos vamos acercando al meollo de la cuestión que con mi verborrea florida me da que lo oculto más que visibilizarlo: si se aceptan las reglas, o se cuestionan, y en el segundo caso, hasta dónde llega el cuestionamiento. Y cuestionar reglas no es lo mismo que hacer trampas, son cosas muy distintas. Las trampas las haces aceptando las reglas, simplemente las puteas, pero en el fondo no te molestan. Y lo que llamamos populismo, o terrorismo, o -ismo, en general tiende a cuestionar las reglas, y de frente, es decir, de forma muy llamativa, vamos a decir.

        Trump se caga en las leyes, al final recula pero se jiña verbalmente. Se ha cargado el pacto con Irán. No es que EEUU no haga cosas como éstas, lleva haciéndolas de toda la vida, pero a lo chulesco y descarado no, pero no nos engañemos, esto es porque se sienten, y están, débiles. BoJo va a cargarse un poquito, sólo la puntita, la ley internacional, porque la partida con Barnier va como el culo, Salvini se limpia el ano con los compromisos internacionales, las leyes nacionales y lo que haga falta. No se rompen las reglas porque realmente sea necesario, se rompen para hacer ver que se pueden romper porque existen unos derechos deben ser emanados de los Cielos que te autorizan a romperlas en estas circunstancias tan extraordinarias.

        Es decir, desorientación generalizada. Los nazis al principio también estaban desorientados, sabían bien lo que querían pero no cómo lograrlo. Lo peor vino cuando lo tuvieron claro.

        Monedero es tonto pero del culo.

  5. Máximo dice:

    Enhorabuena a SrYo y Alatriste.
    Interesantísimo

  6. Aurora dice:

    Echo en falta más fuentes, dónde podemos leer las fuentes originales de todo lo que aquí resumes?

  7. J.E dice:

    Pregunta seria: ¿el Partido Republicano permitiría un populista *de verdad*?. Esto es, si Trump llegó con un programa económico y ha terminado aplicando otro es posible que esté aplicando el único programa económico que el partido republicano le permite ejercer. Tampoco es que crea que Trump tuviera un programa económico concienzudo: si hubiera sido más inteligente, podría haber intentado jugar a dos bazas, pero al final optó por convertirse en ese republicano ruidoso del que habla Roger porque seguramente ha sido lo que le ha resultado más fácil.

    En un nivel más profundo: ¿hasta que punto la derecha tradicional permitiría un programa económico populista?. Desde mi punto de vista (subjetivo, prejuicioso y parcial) el programa social de la derecha es un medio para aplicar el programa económico de la derecha con el apoyo de la gente que va a salir perdiendo en el apaño. El orden de los factores es importante, y mucho: la derecha actual es conservadora para poder bajar impuestos, no a la inversa.

    Un movimiento populista como el descrito trataría de ser progresista en lo económico para poder ser conservador en lo social y creo que va radicalmente contra la agenda de los que controlan las derechas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *