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El contraste entre las urnas y los sondeos

7 Jun, 2015 - - @kikollan

Esta semana pudimos comparar los sondeos con los resultados en las urnas. De esa comparación saco tres conclusiones. La primera, que la demoscopia no es nigromancia, sino un sensor aproximado pero útil del clima de opinión. La segunda, que las expectativas importan: aunque a veces desconfiemos de los sondeos, lo cierto es que medimos el éxito o el fracaso de los partidos en función de ellos. Y la tercera, que las sorpresas en unas elecciones no solo son posibles, sino habituales.

Al hilo de estas ideas hemos publicado dos artículos. El primero en El español, donde comparo los resultados y los sondeos de cuatro ciudades y cuatro comunidades autónomas. Mi idea era tener algo así como un “detector de sorpresas” imperfecto pero cuantitativo.

El segundo artículo lo publicó ayer El diario. En él, Jorge Galindo y yo reivindicamos la luz de las encuestas incluso en una elecciones en las que los sondeos no estuvieron bien del todo. Además aprovechamos para criticar la ley que prohibe difundir sondeos los últimos días antes de una votación. Una norma difícil de justificar. Porque si aceptamos que las encuestas son una forma de iluminarnos, no hay motivo para que los últimos días vivamos a oscuras.