Política

La fragmentación fragmentada: un repaso a los resultados de las elecciones municipales

25 May, 2015 - - @egocrata

Las elecciones municipales ayer en toda España dan para muchas historias, teorías y cábalas sobre el significado global de los resultados y qué moralejas podemos extraer.

Como decimos siempre, es bien poco aconsejable leer grandes mensajes o buscar explicaciones lógicas sin encuestas postelectorales decentes (nota: ¿cuándo veremos encuestas a pie de urna con preguntas demográficas decentes en España? De verdad, no es tan difícil), así que tomad estas notas como hipótesis, no como conclusiones formadas; eso vendrá luego. Empecemos.

a. «All politics is local».

Esta frase de Tip O’Neal es uno de los tópicos más manidos de la política americana, pero en este caso es completamente relevante. Todo en política es local, y más en unas municipales; la enorme variedad de candidatos, estrategias, situaciones económicas dispares y escándalos de corrupción hacen que cada votación sea un mundo.

Leer los resultados agregados, por lo tanto, es bastante absurdo, especialmente cuando la infraestructura de los tres partidos tradiciones (PP, PSOE, IU) está mucho más desarrollada y establecida que la de los recién llegados. Los resultados agregados de Podemos (y sus candidaturas asociadas) y Ciudadanos se ven mermados al presentar menos candidaturas; construir la infraestructura de un partido nacional es difícil, y algo que nadie realmente puede hacer en doce meses. El hecho que vayan a ser decisivos en tantos ayuntamientos es un éxito rotundo para ambos.

Esto no quiere decir que el resultado de cada municipio sea completamente independiente de una tendencia general. La cobertura mediática (y para que negarlo, la atención de los votantes) se ha concentrado en unas pocas ciudades clave, con muchos municipios pasando a segundo plano. Es posible que en una ciudad como Barcelona la gestión de Xavier Trias como alcalde tuviera más peso que la gestión de Artur Mas en la Generalitat; en Palencia, Salou o Benidorm, sin embargo, el voto de castigo al «partido matriz» puede haber tenido más peso. Con los datos que tenemos es imposible saber qué ha provocado cada resultado en cada municipio.

Esto no quiere decir, de todos modos, que no haya algo de información a extraer. Es posible asumir que, de media, los partidos presentan candidatos igual de competentes (hay 8.093 ayuntamientos), así que entre todas las particularidades

es probable que los totales den algunas pistas. Incluso si pudiéramos extraerlas, sin embargo, no podemos olvidar que las generales están (relativamente) lejos, vamos a tener varios meses de circo negociador donde se van a decir muchas tonterías, y entonces sí vamos a tener a los cuatro/cinco partidos relevantes con candidatos conocidos y listas en todas las provincias.

b. Los resultados del Partido Popular.

Un partido no pasa de un 37,5% al 27,3% en cuatro años sin haber hecho algo realmente mal. La pérdida en concejales (3.757) es menor de lo que sería esperable ante una debacle semejante, pero en este caso la implantación territorial del PP (y su presencia en miles de ayuntamientos pequeños a donde no llegan Ciudadanos y Podemos) les ha hecho un favor. En estas elecciones muchos candidatos del PP probablemente han sido víctimas de las siglas de sus papeletas; con tiempo, deberíamos coger los datos de paro por municipio y compararlos con la caída del voto del partido para verlo claro, pero intuyo que el partido ha tenido más peso que la competencia de muchos alcaldes.

De todas las derrotas, las más dolorosas son probablemente Madrid y Valencia. En el caso Valenciano, el PP ha perdido más de la mitad de los votos, una cifra increíble; es el partido más votado porque en la izquierda hay (para variar) cuatro partidos, y en la derecha sólo dos. La caída del PP en la Comunidad Valenciana ha sido bastante mayor que la media nacional (17 puntos), en parte por la mayor competencia local (Compromís es un partido mucho más establecido), en parte por la enorme cantidad de escándalos de corrupción acumulados.

El caso de Madrid probablemente será leído como la historia opuesta, una buena candidata hundida por su partido. Los datos, sin embargo, parecen indicar lo contrario: Aguirre ha perdido 15 puntos respecto las últimas municipales, la misma caída que el PP en su conjunto ha sufrido en el resto de la comunidad. El partido sigue siendo extraordinariamente fuerte en Madrid, en no poca medida gracias a la excelsa incompetencia del PSM (que ha sacado un patético 18% del voto, perdiendo seis puntos) y el crecimiento menor de lo esperado de Ciudadanos (en parte porque UPyD ha «desperdiciado» casi 80.000 votos), pero el batacazo ha sido mayor que en el resto del país. De nuevo, la corrupción seguramente ha pasado factura.

c. El Partido Socialista.

Para los socialistas, la palabra es alivio. El partido pierde menos de tres puntos y mil concejales respecto el 2011; aunque son las peores elecciones municipales en décadas, el PSOE parece haber tocado fondo. En unos comicios con competencia real y feroz desde el centro y la izquierda y con el recuerdo de los años de Zapatero aún fresco, un segundo puesto recortando diez puntos al PP no es un resultado especialmente malo. Los socialistas, por encima de todo, han conseguido ser casi siempre ser segundos, algo que comentaba Pablo es crucial a la hora de poder formar mayorías.

Esto no quiere decir, por supuesto, que el resultado en las municipales sea para lanzar las campanas al vuelo. En los municipios con alta visibilidad donde el PSOE se enfrentaba a candidatos competentes en la izquierda (como Madrid, Valencia y Barcelona) el partido ha naufragado horriblemente. En Madrid ha perdido nueve puntos, cayendo a tercera posición; en Valencia ocho, quedando cuartos, en Barcelona trece, quedando quintos. Cuando los socialistas tienen competidores creíbles, su capacidad de mantener sus apoyos cae vertiginosamente. Es ciertos que en ninguno de estos casos tenían un buen candidato, pero eso dice más de la incapacidad del partido para seleccionar élites que otra cosa (véase la sucesión de Belloch en Zaragoza, con el PSOE perdiendo la alcaldía y cayendo al tercer puesto).

De cara a las generales, los socialistas van a las urnas con un candidato conocido, pero que nunca ha sido cabeza de lista en unas elecciones. Extrapolar de estas municipales un posible buen resultado en otoño sería pecar de optimismo.

d. Podemos.

La gente de Podemos me caería mucho mejor si se hubieran presentado en todo el país con las mismas siglas, aunque sólo sea para poder sumar concejales fácilmente. Aunque entiendo la estrategia seguida (especialmente comparada con Ciudadanos, cuyos resultados parecen peores de lo que son realmente por este motivo), es difícil ver el grado de implantación territorial del partido.

A falta de agregados, hay dos grandes victorias, Madrid y Barcelona. En Madrid han combinado una campaña estupenda, la patética incomparecencia del PSOE y la implosión de IU para ganar la alcaldía a todos los efectos. Que un partido que esencialmente no existía hace un año gane las elecciones en la capital es un logro tremendo, y casi por sí sola justifica la decisión de no presentarse directamente a las municipales.

Digo casi justifica, obviamente, porque Podemos ha conseguido un éxito aún mayor en Barcelona. Es cierto que Barcelona en Comú sólo ha sacado un 25% de los votos, pero en un consistorio con siete partidos ha bastado para ser la lista más votada. Pablo Iglesias y su equipo tuvieron el buen sentido de imponer un candidato propio y dar su apoyo decidido a un aliado natural como era Ada Colau, y han acertado plenamente.

Estoy seguro que Podemos ha fracasado en alguna parte en las municipales. Es más, mirando capitales de provincia al azar seguramente encontraría alguna lista de Podemos que la ha pifiado sonoramente (Sevilla, por ejemplo, donde IU les «robó» la marca) o donde no ha podido contra una alternativa no-PSOE creíble (Valencia). Da igual. El partido ha decidido concentrar sus esfuerzos en varios ayuntamientos claves, buscando un golpe de efecto, y lo ha conseguido.

Por supuesto, en las generales no van a poder permitirse el lujo de buscar circunscripciones vulnerables y maximizar la visibilidad de sus éxitos. El premio, en este caso, es único, y sólo basta quedar primero (o segundo, como líder de la izquierda) para aspirar a la Moncloa. De estas municipales a eso hay un salto enorme, y los resultados autonómicos parecen indicar que Podemos no lo tiene fácil.

e. Ciudadanos. 

Es curioso como un partido que sale de la nada en una municipales, se presenta en un montón de sitios por primera vez y llega al 6,5% de los votos puede dar la sensación de haber fracasado, pero las expectativas de Ciudadanos eran enormes.

El resultado final es «bueno», aunque sin demasiados aspavientos; el partido parece haber capturado un buen número de votantes populares ahí donde se presentaba con una presencia decente, pero la misma dispersión del voto ha hecho que no parezca gran cosa. Rivera estaba jugando unas elecciones locales en clave nacional, y eso les ha bastado para sacar un resultado aceptable, pero no para llegar demasiado lejos. A medio plazo, es posible que construir unas bases a nivel nacional sea buena idea, pero eso es difícil verlo ahora.

El partido, ahí donde ha presentado candidatos y ha tenido cierta visibilidad, ha hecho daño al PP. Su problema, sin embargo, es parecido al de Podemos: en las generales no basta con hacer daño, sino que hace falta ser primero de su bloque para llegar a la Moncloa. Los resultados en estas elecciones dan para socio de coalición, no presidente del gobierno.

f. Los olvidados: Izquierda Unida, UPyD 

Para Izquierda Unida las municipales tienen un cierto aire absurdo. El partido se ha dejado casi un tercio de sus votos. Dado que el punto de partida era un resultado ya de por sí flojo el 2011, el hecho que no se hayan hundido completamente no sirve de consuelo ante el volumen de las pérdidas. No son un partido testimonial aún (han ganado en 121 municipios), pero la línea descendente es clara.

De UPyD, a menos hablemos, mejor. Básicamente han desaparecido.

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Lo interesante ahora será la política de pactos. Pero sobre eso y las municipales en Cataluña ( con un mapa hiperfragmentado) hablaremos con más calma en otro artículo.