Internacional

Obama, división de poderes y la leal oposición

26 Feb, 2015 - - @egocrata

Hay un  viejo chascarrillo en la muy demócrata Cámara de Representantes de Connecticut que dice que la oposición no son los miembros del partido republicano, si no la mayoría demócrata en el Senado. Dejando de lado lo inexplicable que un estado del tamaño de la provincia de Burgos y tres millones y medio de habitantes tenga un legislativo bicameral, la broma es realmente un reflejo bastante realista del funcionamiento de un sistema político bajo división de poderes. Por mucho que todo el mundo sea del mismo partido y en teoría jueguen en el mismo equipo, tarde o temprano se empezaran a echar los trastos a la cabeza merced de alguna disputa absurda.

El partido republicano estos días está disfrutando de una de estas peleas. Todo empezó el año pasado cuando Obama aprobó varias acciones ejecutivas sobre inmigración. Son cambios reglamentarios, no legales, centrados en las prioridades del gobierno federal a la hora de deportar inmigrantes (más información aquí).

Como era de esperar, los conservadores en el Congreso inmediatamente sufrieron un ataque de nervios y se lanzaron a acusar al presidente de dictador, forajido al margen de la ley, enemigo de la cultura americana e insinuar que realmente no ama a su país. Nada fuera de lo normal, por otra parte; hay un sector del partido republicano que lleva diciendo esto desde enero del 2009. En esta ocasión, ademas del habitual torrente de críticas, un sector de representantes del tea party exigieron a John Boehner que se negara a aprobar todas las partidas de gasto federales hasta que Obama no rescindiera su orden.  La exigencia llevó a una de las ya habituales pantomimas en la Cámara de Representantes donde Boehner empieza por ignorar a los rebeldes, intenta aprobar una ley, se da cuenta que no tiene los votos, da marcha atrás, y acaba ofreciendo un pegote en el último momento que evita un cierre del gobierno federal pero deja las cosas a medias.

El pegote, en este caso, era relativamente ingenioso. La política migratoria está en manos del Department of Homeland Security (DHS; literalmente, el departamento de seguridad de la patria), un monstruo burocrático que incluye la práctica totalidad* de las agencias de inteligencia, policiales y servicios de emergencia del gobierno federal. DHS contiene 187 agencias más o menos independientes, cubriendo desde el Servicio Secreto a los guardacostas; USCIS e ICE, los dos engendros kafkianos que tramitan inmigración, habitan en sus entrañas. Dado que cerrar todo el gobierno federal por una disputa sobre inmigración podía parecer algo excesivo, el Congreso aprobó presupuestos para el resto de la administración para el próximo año, pero sólo financió a DHS unas pocas semanas más. La idea, obviamente, era presentar a Obama un presupuesto sólo para DHS con legislación derogando su decreto migratorio, o de lo contrario lo cerrarían al dejarlo sin financiación.

El plan tenía un pequeño problema: era una castaña. Obama se plantó en diciembre diciendo que vetaría un presupuesto que retirara sus reformas sobre inmigración, y ha reafirmado su postura todo el mes de febrero. Si los republicanos quieren que DHS cierre, allá ellos; hasta que no le envíen un presupuesto «limpio», no lo dejará pasar.

Para Obama, es una de esas situaciones políticas en las que realmente no puede perder. Primero, los republicanos se han pasado dos meses hablando sobre todos los inmigrantes que el presidente debería estar deportando. Esto puede hacer feliz a las bases del GOP, es esencialmente ignorado por la mayoría de votantes y pero ha estado recibiendo cobertura obsesiva en Telemundo y Univisión, reforzando el voto latino para los demócratas. Segundo, Obama simplemente puede pedir a los republicanos que le envían una reforma migratoria si quieren hablar del tema, pero que con la seguridad nacional no se juega. En los medios, de forma casi uniforme, se echa la culpa del posible cierre de DHS al GOP. Tercero, los republicanos están tan divididos sobre el tema a estas alturas que no ha tenido que vetar nada.

La financiación para DHS se acaba el viernes. Si no se aprueban las cuentas, todos los empleados no esenciales del departamento deberán quedarse en casa, mientras que el resto seguirá teniendo que ir a trabajar sin cobrar hasta que el Congreso apruebe un presupuesto. Más del noventa por ciento del personal de DHS es considerado esencial, así que no es que Estados Unidos vaya a descender en el caos. Eso no quiere decir que dejar en ayuntas a los agentes de casi todas las agencias de seguridad del país por una una pataleta no sea una forma estupenda de hacer amigos y quedar como un partido de gobierno serio.

Los republicanos del Senado entienden esto perfectamente, así que tras dos meses de postureo han decidido rendirse. Presentarán dos leyes, una con financiación, la otra prohibiendo al presidente seguir adelante con sus decretos, y santas pascuas. La primera será aprobada a buen seguro con amplia mayoría y apoyo de los demócratas, que están en un rincón muertos de risa. La segunda será víctima de un filibuster y nunca saldrá de la cámara alta.

Los republicanos de la Cámara de Representantes… bueno digamos que están ligeramente cabreados. El sector montañés del partido ya anda hablando de la rendición de Mcconnell y sus colegas del Senado, proclamando resistir hasta el final y amenazando a John Boehner con echarle del cargo si claudica ante Obama del mismo modo. Aunque las preferencias de los republicanos a uno y otro lado del Capitolio son parecidas, las dos cámaras han acabado más preocupadas de enfrentarse entre ellas que no de aprobar legislación.

La división de poderes tiene estas cosas: una cantidad casi inagotable de peleas aparentemente absurdas entre instituciones y políticos, a menudo del mismo partido, por cosas a menudo completamente irrelevantes. El sistema político americano, tanto a nivel federal como estatal, dedica una cantidad ingente de ancho de banda parlamentario a resolver conflictos entre aliados. La abundancia de actores e instituciones independientes y con legitimidad democrática propia acaba por crear debates a menudo absurdos y bastante desagradables. La democracia, en general, nunca s un sistema de gobierno demasiado agradable estéticamente, pero en sistemas presidencialistas y bicamerales estrictos es aún más fea. El Congreso es frustrante a más no poder, en un día bueno, y directamente desesperante en un día malo, con políticos más preocupados en hacer que sea otro el que tome las decisiones impopulares o luchando para ponerse ellos la medalla antes de conceder un palmo de terreno.

La política, sin embargo, no sólo es una cuestión de estética; lo que queremos es tener instituciones que aprueben buenas leyes, que no sean bonitas y elegantes mientras hacen su trabajo. Medir y cuantificar esto es algo más complicado, y lo dejaremos para otros artículos.

Ah,. por cierto: sobre el lío con DHS, por cierto, es muy posible que el departamento cierre el viernes, y Boehner no sea capaz de sacar un voto adelante (quizás incluso con apoyo demócrata) hasta la semana que viene. Me voy de viaje este fin de semana, así que seguro que me voy a encontrar con un montón de agentes de la TSA de muy buen humor en el aeropuerto. Estupendo.

*: siguiendo las tradiciones americanas más arraigadas, hay varias agencias que son obviamente de seguridad e inteligencia pero que por un motivo u otro no han acabado en DHS. Las más relevantes son el FBI (Justicia), CIA (Estado) y NSA (Defensa).