mercado laboral

El embarazo como «problema»

3 Oct, 2014 - - @jorgegalindo

La Presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica de Oriol, ha despertado un sinfín de (a mi juicio, merecidas) críticas al hilo de las siguientes declaraciones:

«Prefiero a una mujer después de los 45 años o antes de los 25, porque como se quede embarazada nos encontramos con el problema.»

Más allá de los juicios éticos o de valorar el estilo comunicativo de Oriol, lo que me interesa de esta cita es lo bien que resume el dilema ante el que se encuentran muchos empresarios en España. Imaginemos que en nuestra empresa queremos cubrir un puesto de trabajo y tenemos a dos candidatos finalistas con idénticas calificaciones. Uno es un hombre y el otro es una mujer, ambos de 31 años. Por las características del puesto (responsabilidad implícita, compromiso deseable con el proyecto) preferiríamos tener a alguien con un contrato fijo. Si debemos elegir entre ‘atarnos’ con un contrato indefinido a un hombre o a una mujer en torno a la edad en que se suelen tener hijos, vamos a preferir al hombre. Como resulta muy difícil demostrar que estemos discriminando por esta razón (a no ser que lo hagamos sistemáticamente en una gran empresa, y ni así es sencillo), podremos hacerlo a pesar de que la ley no nos lo permita.

En caso de que la mujer esté más cualificada, es probable que consideremos contratarla en régimen de obra y servicio o cualquier otro formato temporal para dejarnos una ‘vía de escape’. No solo eso: es también probable que ella prefiera tener un contrato flexible, o a tiempo parcial, dado que lo habitual es que las cargas del trabajo reproductivo no estén equitativamente repartidas.

Como vemos, la discriminación está imbricada en el sistema. Es necesario cambiar algunas reglas del juego para corregirla. Hay dos vías complementarias de ataque: por un lado, un contrato único indefinido impide el mal uso de los contratos temporales como ‘vías de escape’ o utilización del trabajo como commodity. Por otro, y quizás más importante, haría falta invertir en una red amplia que garantice plazas de educación infantil a precios asequibles (o con un formato progresivo). Pero también me parece imprescindible equiparar los permisos pagados de paternidad y maternidad, de manera que el empresario sepa que se va a enfrentar a la misma probabilidad de pérdida temporal de trabajador (y que ésta la paga en gran medida el Estado a través de sus contribuciones y las de los propios empleados). Esta equiparación ha de realizarse de manera que al menos una gran parte del tiempo no sea transferible entre los progenitores.

He aquí un punto polémico, ya que no son pocos quienes argumentan a favor de la libertad de elección y en contra de la imposición estatal. Sin embargo, me parece un aspecto fundamental si lo que queremos es evitar que las mujeres sigan soportando una mayor carga del trabajo reproductivo. De lo que se trata precisamente es de que el Estado intervenga en una relación desigual en la cual las mujeres tienden a «seleccionarse a sí mismas» para salirse del mercado laboral y encargarse del cuidado del hogar y de los niños en una proporción superior a los hombres. Aunque parezca que las mujeres tienen libertad para escoger a qué dedican su tiempo, resulta difícil argumentar que así es en realidad mientras la distribución media de tiempo dedicado al trabajo reproductivo y no reproductivo de los miembros de ambos sexos no sea aproximadamente la misma.

Con una serie de reformas como las expuestas, ni de Oriol ni nadie se verá obligado a realizar actos de discriminación de dudosa catadura moral y legal. No se tendrá que hablar del embarazo como un «problema» en lugar de como una opción. O incluso como una bendición para un país que tiene un perfil demográfico cada vez más envejecido. Menos aún a comentar dichos actos en voz alta, en una rueda de prensa.