Economía

La fractura del precio del gas

12 Mar, 2014 - y - @kikollan,

Artículo escrito por Jorge Alonso y Kiko Llaneras. (Disclaimer: Jorge Alonso trabaja como auditor y controller para una empresa en la industria energética.)

De un tiempo a esta parte la energía ha recuperado protagonismo en la escena mediática, y temas como la factura de la luz, la pobreza energética, o la búsqueda de nuevos yacimientos están llenado páginas de opinión. Entre todos esos asuntos destaca la controversia alrededor del fracking y la extracción de gas pizarra o shale gas.

El fracking es una tecnología que permite liberar el gas pizarra del subsuelo, que se perfeccionó durante la década pasada, y que ha servido para multiplicar la eficiencia del proceso de extracción y reducir sus costes. La consecuencia de esa innovación ha sido que, paulatinamente, la extracción de gas pizarra ha comenzado a resultar rentable en yacimientos que antes no lo eran. Sin embargo la técnica no está exenta de críticas. Por un lado, se trata de una método agresivo que muchos rechazan por razones mediambientales: sus detractores la consideran un peligro por la posible contaminación del subsuelo, por el riesgo de inducción de terremotos, y por la cantidad de agua y recursos naturales que consume. A eso se añade que la técnica viene a favorecer la extracción de gas, un combustible que genera menores emisiones de CO2 que otros recursos fósiles como el carbón o el petróleo, pero que sigue siendo una fuente no renovable.

Pero más allá de la controversia, lo que queremos mostrar hoy es que el surgir del fracking es un fenómeno relevante y que altera el panorama energético mundial. Primero, porque actualmente el gas supone alrededor del 25% de la energía consumida en el mundo, especialmente en los países más desarrollados (BP, Statistical Review 2013). Y segundo, porque el fracking ha provocado una divergencia enorme en el precio del gas en los diferentes mercados, con las consecuencias económicas y geopolíticas que de eso se derivan.

El gráfico que sigue ilustra esa divergencia:

Figura Nota: los precios se expresan en dólares por millón de BTU, una unidad térmica que permite comparar diferentes calidades de combustibles de manera homogénea. El Henry Hub es el precio de referencia en EEUU, el NBP es el de Reino Unido y generalmente el que marca la referencia en el resto de Europa, mientras que el LNG es el referente en el mercado Japones y en general en la región Asia-Pacífico.

La serie muestra los precios del gas en los tres mercados principales: EEUU, Reino Unido y Japón. Se observa que las cotizaciones del gas evolucionaron de la mano hasta 2008, año del comienzo de la crisis. Entonces la recesión provocó una drástica caída de las cotizaciones en los tres mercados. Lo curioso es lo que sucede a continuación. Mientras que los precios en Reino Unido y Japón recuperan y superan los precios previos a la crisis —especialmente en Japón donde el incidente en la central nuclear de Fukushima hizo subir el precio del resto de las fuentes energéticas—, en EEUU no sólo no se ha producido una recuperación de los precios pre-crisis, sino que éstos han descendido claramente. Y eso a pesar de que la recuperación económica norteamericana está siendo más rápida que la europea.

Los precios del gas en EEUU, Europa y Asía divergen.

Y esa divergencia se explica, seguramente, por la revolución que ha supuesto la extracción de gas pizarra. Las nuevas técnicas de fracking han hecho que EEUU multiplique su capacidad de producir gas. Eso, unido a las barreras tecnológicas y políticas que dificultan exportar el gas fuera de EEUU, está provocando que el precio del Henry Hub se mantenga muy bajo, mientras que en el resto del mundo los precios muestran un aumento sostenido.

A corto plazo parece difícil que la situación vaya a cambiar. Construir las instalaciones necesarias para licuar y transportar el gas fuera de EEUU llevaría tiempo, y además existe una considerable oposición política a retirar las restricciones a la exportación de hidrocarburos en EEUU, por motivos de proteccionismo energético.

Parece inevitable que esa divergencia en el precio de una energía primaria tenga consecuencias, no sólo en la política energética mundial, sino también en la competitividad de la economía norteamericana frente a las europeas o asiáticas. Si en los Estados Unidos ya hay muchas voces abogando por la vuelta de las fábricas al país, la idea de contar con unos costes energéticos hasta ocho veces más bajos que en China o Japón será sin duda otro aliciente para ello. Por otro lado, a medida que EEUU logre alcanzar el equilibrio de su balanza energética, es posible que veamos cambiar sus prioridades en política internacional; si la primera potencia mundial fuese energéticamente autosuficiente, a un precio más bajo que el resto de países, sin duda habrá consecuencias. Mientras tanto, en Europa el precio del gas se manifiesta como un elemento capaz de condicionar la política internacional, tal y como parece intuirse a raíz de los recientes sucesos en Ucrania.

En definitiva, el debate sobre el fracking es importante por cuestiones medioambientales, pero también por sus implicaciones políticas y económicas.