Política

Las pérdidas políticas de la dualidad

11 Mar, 2014 - - @jorgegalindo

Que la clase obrera está dividida es algo que dista de ser nuevo. La brecha entre un núcleo de empleados fijos relativamente protegidos contra el riesgo de desempleo (insiders) y una periferia heterogénea de los trabajadores más expuestos al desempleo (y a la correspondiente pérdida de ingresos futuros) debido a su situación en el mercado laboral (outsiders) es una de las divisiones que más atención han captado en los últimos tiempos. La importancia económica de la segmentación laboral parece difícil de disputar. ¿Pero se traduce esto en actitudes políticas? ¿Apoyan insiders y outsiders a distintos partidos?

La respuesta estándar de la literatura académica actual es que sí. Los outsiders tendrían un interés mayor en incrementar los esfuerzos que el Estado dedica a los desempleados, ya sea mediante políticas activas de empleo y formación o a través de transferencias (prestaciones). Su querencia por regular los costes por despido sería menor dada la barrera que éstos suponen para la existencia de un correcto flujo de entrada al mercado laboral, y sobre todo a su core, los trabajos fijos. Los insiders, por su parte, preferirían seguir centrando su atención en los costes por despido y, dado su menor riesgo relativo de caer en desempleo, no estarían tan dispuestos a gastar impuestos en transferencias y ayudas a los parados. Esto encerraría un dilema para los partidos socialdemócratas clásicos, quieres deben escoger dentro de este marco entre favorecer las demandas de sus votantes supuestamente más fieles (insiders) y no ignorar las peticiones de un creciente número de outsiders. En la búsqueda de alternativas de estos últimos, partidos de ambos extremos del espectro se cruzarán para ofrecer lo que buscan. También lo harán liberales y conservadores, quienes estarán en disposición de ofrecer a los outsiders un acuerdo con los no-trabajadores (clase dirigente, autónomos, pequeños y grandes propietarios) por la liberalización y la eliminación de barreras en el mercado laboral.

Este argumento no está exento de críticas. Para empezar, cabe poner en duda que los outsiders tengan realmente interés en dejar de votar junto a los insiders, como una clase unida. Existen razones para pensar que será duro para cualquiera de los dos grupos dejar atrás el «pack» ideológico completo que ofrecen los partidos de izquierdas. Al fin y al cabo, las políticas no vienen sueltas como en una frutería, y uno no puede escoger mezclar determinadas cosas que le gustaría. De hecho, hay estudios bien recientes que nos permiten pensar que, efectivamente, los outsiders se van a sentir más interesados en permanecer dentro de los límites marcados por el «pack» de izquierdas, y votar a partidos ecosocialistas, verdes, nuevo socialismo, etcétera.

En realidad hay poco de nuevo en este razonamiento. Al fin y al cabo de lo que estamos hablando no es sino de una re-elaboración del viejo problema de conciencia de clase. Siguiendo a Przeworski como lo hacía aquí, un asalariado cualquiera se enfrenta al siguiente dilema: unir sus fuerzas con otros que son como él en ese aspecto (pero no en otros: religión, edad, gustos y actitudes sociales…) para renunciar a toda una serie de objetivos personales en pos de la promesa de un bien común. En este proceso se construye una visión compartida de cómo debería ser el mundo: una clase para sí que comparte una ideología (Marx no utilizaría esta palabra, pero dejemos eso de lado). También se forman coaliciones con grupos bien distintos entre sí. Todo ello se traduce en un acuerdo de mínimos en determinadas políticas por las que luchar, e idealmente en la creación de una plataforma electoral para defenderlas.

Si en un momento dado se introduce una nueva línea divisoria dentro de esta ‘clase para sí’, quienes se encuentran a ambos lados de la línea se debatirán entre permanecer unidos o irse, por su cuenta o con otros. Esto es lo que se espera de los outsiders en la literatura estándar sobre dualidad: que deserten de la clase obrera. Lo que han identificado los citados estudios recientes, a los que yo añado evidencia empírica aquí (pdf), es que esta deserción no será ni mucho menos total. De hecho, no será tal porque los outsiders van a tender a votar a la ‘nueva izquierda’ (ecosocialistas, coaliciones de éstos con antiguos comunistas, partidos verdes, etcétera). No parecen estar, pues, dispuestos a abandonar todo el ‘pack’ de clase que ha costado tantos años construir. En la tabla siguiente ofrezco una serie de resultados que he obtenido intentando medir con qué familias de partidos es más probable que insiders y outsiders se identifiquen. He empleado esta encuesta bianual, probablemente la más extendida y sólida en Europa, y he incluido varios países de Europa occidental (aquellos que aparecían en todas las encuestas: Bélgica, Suiza, Dinamarca, Alemania, España, Finlandia, Reino Unido, Irlanda, Holanda, Noruega, Portugal, Suecia; también he hecho pruebas añadiendo a Grecia, Francia, Italia y Austria para algunos años y los resultados tienden a persistir). Para quien esté interesado en los detalles técnicos toda la información se encuentra en el PDF. Pero basta con saber que el número que se da se refiere a las probabilidades de que un individuo se identifique con una determinada facción condicional a que sea insider/outsider versus las probabilidades de que lo haga sin serlo. Por ejemplo, en la casilla superior derecha, el número es 1.62. Eso quiere decir que un outsider tiene 1.62 veces más probabilidades de apoye a un partido de la nueva izquierda que alguien que no lo sea. Si el número está por debajo de 1 la probabilidad es obviamente menor, y la casilla aparece en rojo en lugar de en verde. Los asteriscos y la presencia de algún color indican la certeza estadística de la relación. Las casillas en blanco presentan relaciones tenues, es decir: no está claro si podemos decir que una determinada posición en el mercado laboral, en esa encuesta, favorece o no el apoyar a un partido de la familia en cuestión.

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Es importante destacar que todos estos resultados se dan independientemente de edad, nivel de renta, tipo de ocupación, país, género, nivel de religiosidad, pertenencia a sindicato, y otros controles. Más importante es el hecho de que también se dan independientemente de la ideología del individuo. Es decir: dos personas con las mismas características socioeconómicas, pero uno siendo trabajador permanente y el otro temporal, podrían decirse el uno al otro que «tú y yo estamos de acuerdo en muchas cosas, los dos somos un 3 en una escala ideológica de 1 a 10, pero dada nuestra posición diferente en el mercado laboral vamos a apoyar a partidos distintos.» El resultado más generalizado es que ninguna facción es capaz de atraer al mismo tiempo a ambos grupos. Además, parece existir una barrera invisible más allá de los partidos social-liberales que evita que los outsiders sean proclives a la derecha. Más aún, ni siquiera parecen más desafectos que la media. De hecho, tienden a identificarse con partidos más a menudo. Los insiders, por contra, no parecen sentir particular aprecio por ninguna familia de partidos, y sí una cierta inclinación por no identificarse con ninguno.

Los resultados apuntan en la siguiente dirección: quizás son los insiders y no los outsiders quienes están diseminando más su voto, y a quienes la izquierda en general ha dejado de apelar de manera exclusiva.

Siguiendo el esquema teórico sobre la conciencia de clase elaborado más arriba, para que esto sea cierto necesitamos al menos observar indicios de que las preferencias en determinadas políticas cambian según la posición en la división insider/outsider. Más aún: necesitamos observar que esto sucede independientemente del autoposicionamiento ideológico. Existe una literatura específica dedicada a mostrar que, efectivamente, el riesgo de desempleo afecta positivamente a los deseos de redistribución de los individuos. Yo añado un grano de evidencia en ese sentido, y añado la dimensión de igualdad de oportunidades. En la tabla siguiente se ofrece el mismo tipo de datos que arriba, pero ahora relacionados con apoyar o no apoyar la idea de igualdad a través de redistribución (izquierda) o de oportunidades (derecha).

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La diferencia entre insiders y outsiders es clara. Lo más sorprendente de estos resultados es que, recordemos, en cada dato no comparamos la probabilidad de uno (insiders) contra otro (outsiders) grupo, sino de uno contra todo el resto de la población. Controlando por todo lo demás, los insiders son menos proclives a favorecer redistribución e igualdad de oportunidades que el resto de los ciudadanos con edad de trabajar.

Todos estos resultados son muy provisionales y han de ser tomados como tal. Se trata de lo que se llama en el mundillo académico working paper, es decir, un artículo en su primera versión que no ha sido enviado a ninguna publicación académica y que se saca al aire para recibir críticas y comentarios. Lo cual hace muy probable su modificación a lo largo del tiempo. De hecho, es es un motivo (egoísta, sí) que me lleva a airearlo aquí: recibir críticas. El otro motivo es poner sobre la mesa que quizás, solo quizás, mientras la socialdemocracia clásica ha perdido (salvedad del último resultado) a los outsiders, toda la izquierda podría estar perdiendo a los insiders. Habría una triste paradoja: los menos perdedores económicos de la división de la clase obrera podrían ser quienes más dispuestos estarían a dejar de luchar por ella. Eso es algo que, de ser cierto, debería preocuparnos.