Como comentaban nuestros amigos de Nada es Gratis, este año las noticias sobre educación abundan como las setas en otoño. Una también quiere estar a la moda, así que hoy os traigo un viejo debate motivado por una noticia que apareció en El Mundo hace unos días: deberes, ¿sí o no?

La situación en Galicia está como sigue: la ley prohibía expresamente a los profesores de Primaria mandar tareas para que los estudiantes las hicieran fuera del horario escolar (vamos, los deberes de toda la vida). Sin embargo, la Xunta acaba de revocar esta legislación.

Los deberes pueden tener efectos variopintos dependiendo de la dimensión considerada. Habrá quienes defiendan que crean traumas infantiles, otros que digan que son buenos para adquirir hábitos de estudio y esfuerzo, otros que piensen que son contraproducentes para la igualdad social y otros que opinen que los deberes hacen imposible la conciliación entre el trabajo fuera de casa y las tareas domésticas. En esta entrada no voy a entrar a valorar ninguna de estas consideraciones, sino que voy a limitarme a intentar exponer el efecto que tienen los deberes en el rendimiento académico.

Antes de empezar, un aviso para navegantes: la literatura existente a este respecto es escasa y focalizada en Estados Unidos. Una de las honrosas excepciones es el artículo de Falch y Rønning de 2012. Los autores analizan una muestra compuesta por estudiantes de 9 años que viven en los 16 países de la OCDE que participaron en el estudio TIMSS¹ en 2007 (lamentablemente, España no se encuentra entre ellos). El TIMSS es un examen internacional comparable que evalúa los conocimientos de los alumnos en matemáticas y ciencias. La nota obtenida en el TIMSS es la variable que buscamos entender, y para ello el análisis considera como variables explicativas la frecuencia con la que los profesores mandan deberes a los niños, la capacidad de los profesores, el género de los alumnos, el número de alumnos en clase, el número de libros en casa² y con qué frecuencia la lengua en la que se realiza el test se habla en el entorno familiar. La idea es testear cuáles de estas variables explicativas efectivamente tienen efecto en la nota del TIMSS, y en concreto, interesa ver si los deberes influyen positiva o negativamente.

A los profesores se les pregunta con qué frecuencia mandan deberes, y se les da a elegir entre 4 categorías: “en todas o casi todas las lecciones”, “aproximadamente en la mitad de las lecciones”, “en algunas lecciones”, y “en ninguna lección”. Ésta última es la categoría de referencia, y se usa para comparar el rendimiento de los estudiantes de las otras tres con respecto a los estudiantes que nunca tienen deberes.

En la estrategia de identificación, el artículo explota que los estudiantes de Primaria de la muestra tienen el mismo profesor para matemáticas y ciencias, pero que la diferencia entre los deberes mandados para matemáticas y ciencias es aleatoria. Así, al calcular la diferencia entre el rendimiento en matemáticas y en ciencias, se eliminan los “efectos fijos” de alumnos y profesores, y el análisis permite interpretaciones causales.

Los resultados se presentan para toda la muestra, y después se desagregan según el país y para algunas sub-muestras. El resultado global indica que los estudiantes que hacen deberes sacan más puntos que los que no los hacen, y estos resultados son estadísticamente significativos. En concreto, los que hacen los deberes para todas las lecciones sacan unos 3 puntos más con respecto a la categoría de referencia (los que nunca hacen deberes); los que los hacen para la mitad de las lecciones sacan 2 puntos más; y los que los hacen alguna vez, 1 punto más.

Sin embargo, este panorama cambia si hacemos en análisis por separado para cada país: los deberes tienen un efecto positivo y significativo en Australia, Austria y Estados Unidos, mientras que sorprende y mucho el efecto negativo³ y significativo que tienen en Suecia.

Los autores se preguntan por qué los efectos observados no son homogéneos entre países, y confirman una explicación que ya había sido avanzada por la literatura: las diferencias en los sistemas educativos de Primaria. Resulta que si los deberes se emplean como un sustituto del material que debía cubrirse en clase, los alumnos aprenden menos cuando los hacen; por el contrario, cuando son un complemento que refuerza lo aprendido, los alumnos obtienen mejores resultados académicos. Para testear esta hipótesis, se presenta el efecto de los deberes en la nota TIMSS como función del tiempo que se pasa en clase y en el que efectivamente el profe está enseñando (ya sabéis, hay que quitar esos minutos perdidos de mandar callar que hacen perder el hilo y esas cosas). Y sí, como esperábamos, la correlación es positiva.

En resumen, los deberes pueden usarse bien o mal. Se usan bien cuando ayudan a fijar lo aprendido en clase, y se usan mal cuando se intenta que los alumnos aprendan solos en casa lo que no se les ha enseñado en el cole⁴. Si se usan bien, los deberes tienen un efecto positivo y significativo en el rendimiento académico. Mi recomendación es que, ya que tenemos un cambio de política en Galicia, deberíamos aprovechar para medir y comprobar si los patrones internacionales también se cumplen en nuestras aulas.

 

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¹: Trends in International Mathematics and Science Study.

²: Los padres no participan en este estudio y por tanto no se tienen datos sobre su nivel educativo. Sin embargo, el número de libros en casa es una buena aproximación: los padres con mayor nivel educativo tienen en casa más libros que los padres con niveles educativos más bajos, y la literatura ha demostrado que los primeros se implican en media más en la educación de sus hijos que los segundos.

³: El efecto negativo significa que, cuantos más deberes hacen, peor nota sacan en el examen TIMSS.

⁴: Recordemos que hablamos de niños de 9 años. Esta historia en cursos más avanzados puede ser distinta.