Política

Consejos para gente corrupta

15 Jul, 2013 - - @egocrata

Es perfectamente posible que Bárcenas y la cúpula del PP sobrevivan a los escándalos recientes sin una sentencia judicial en contra. Los casos de corrupción son, en el mejor de los casos, muy difíciles de probar; en un sistema tan garantista como el español (y sus generosos plazos de prescripción de delitos) a menudo es casi imposible. Una trama de corrupción u organización deshonesta medio competente, si van con cuidado, es una objetivo muy escurridizo para jueces y fiscales. A poco que tomen precauciones y no rompan una cierta disciplina, pueden cometer barbaridades sin cometer ninguna ilegalidad flagrante. Vale la pena repasar cómo, y por qué.

1. Nunca dejar nada escrito.

La documentación es el peor enemigo de cualquier político deshonesto; si andan haciendo tonterías, el primer paso es asegurarse que nunca hay nada escrito. Esto quiere decir que cualquier comunicación será siempre en persona o por teléfono, nunca por correo electrónico o SMS. Si alguien tiene que hacer apuntes contables de alguna clase, siempre serán vagos, en plan chapucero y sin detallar el por qué de todos esos números.

2. El jefe nunca habla directamente.

Intermediarios, intermediarios, intermediarios. Cualquier transacción, por minúscula que sea, será vía subalternos, nunca directamente con el jefe (real o ficticio – más luego) de la organización. Siempre habrá una distancia, una capa de aislamiento entre delito y dirección; si se hacen promesas a cambio de pagos (de viva voz, nunca por escrito) siempre serán en boca de gente que no tiene capacidad teórica de cambiar nada. Si las cosas salen mal, la dirección siempre debe poder decir que el recaudador era un rainmaker: alguien que promete que lloverá a cambio de dinero, pero sin poder real.

3. Se hablará lo menos posible

Si la trama corrupta es medio decente, de hecho, nunca nadie prometerá nada; todo el intercambio será implícito. Los implicados podrán señalar sus intenciones de forma perfectamente legal (pidiendo permisos de obra, etcétera), habrá un reparto previo sobre quién se presenta con todo el mundo respetando su turno, y los contratos fluirán en la dirección adecuada. Demostrar que sucede algo es casi imposible. La primera regla del club de la corrupción es que nadie habla del club de la corrupción, etcétera.

4. Mirlos blancos*

En organizaciones corruptas más o menos establecidas siempre hay una casta de políticos que son «preservados» y mantenidos fuera del sistema: los tipos que harán carrera. La idea es que incluso en una maquinaria horriblemente corrupta es necesario que los candidatos y líderes estén fuera del sistema, sin verlo ni conocer su funcionamiento. La maquinaria del partido estará toda feliz extrayendo rentas y ganando elecciones dejando a los políticos «protegidos» en paz y dejando que vayan subiendo, y estos a cambio se mantienen alegremente ignorantes de lo que hacen entre bastidores. La idea, como de costumbre, es tener un lado presentable para proteger la organización en caso de problemas; dado que el partido tiene que ganar elecciones, es también más fácil hacerlo si no manchamos al jefe paseándole con narcotraficantes de vez en cuando.

5. El poder en la sombra

En una trama de corrupción decente el jefe real del tinglado no va a ser un cargo electo. En las mejores maquinarias, de hecho, el líder ni siquiera tendrá un cargo orgánico medianamente visible dentro del partido, sino será un burócrata menor. Todo el mundo dentro de la organización será perfectamente consciente que el tipo es mucho más relevante de lo que parece, y todo el mundo sabrá que si alguien quiere algo primero tienen que hablar con él, pero nunca tendrá poderes formales reales sobre nada especialmente relevante.  De este modo si hay acusaciones de corrupción siempre se podrá decir que estamos hablando de un humilde tesorero sin poder real, o el jefe informal de una facción del partido sin cargos públicos. La barrera mágica de la presunción de inocencia («hubo donación, pero no puedes demostrar que fuera a cambio de nada«) protegerá a todos los implicados.

6. Nadie nunca evadirá impuestos

Todo el mundo se acuerda de Al Capone, y cómo lo cazaron. Hay muchos abogados que trabajan muy duro en descubrir formas de blanquear dinero. Todo lo recaudado será reciclado de forma profesional, eficiente y discreta.

7. Solidaridad de grupo

Cualquier trama tendrá un pacto implícito: cuando alguien es cazado con las manos en la masa, se le deja caer, pero no se le deja solo. El implicado sabe que puede acabar comiéndose el marrón, pero el resto del grupo no se ensañará con él echándole mierda encima, y se cuidará de echarle una mano cuando pase la tormenta.

Seguir estas reglas no es demasiado complicado. Una organización medio decente puede tener un sistema así sin demasiado esfuerzo. Estas reglas además tienen la ventaja adicional de ser un equilibrio estable; todo el mundo tiene incentivos para mantener el sistema. Para un juez o fiscal romper estas instituciones es muy complicado, y demostrar intención o acuerdos intencionales entre las partes lo es aún más, si estos saben ser discretos. Incluso con una organización llena de cretinos integrales presumiendo de contactos y riqueza constantemente como era Gürtel los jueces están sudando tinta; en el caso Bárcenas, con una pieza clave del tinglado cantando con entusiasmo es la palabra de un tesorero acosado contra el resto del partido, algo resultón pero insuficiente en un juicio. Demostrar corrupción política es muy difícil; el trabajo del juez Ruz arrastrando implicados poco a poco a dar más detalles es admirable.

Esto no quiere decir que esté todo perdido. En Estados Unidos, allá por los años sesenta, el gobierno federal se hartó que líderes mafiosos pudieran irse de rositas proclamando su ignorancia de todas las locuras de sus asociados, así que aprobaron la ley RICO (Racketeer Influenced and Corrupt Organizations Act), una de esas extrañas criaturas jurídicas simples, elegantes y efectivas que el Congreso se inventa de vez en cuando. Bajo RICO un miembro de una organización criminal no necesita haber cometido un crimen para ser condenado por racketeering (intraducible: ofrecer servicios para solucionar un problema de forma fraudulenta) , basta con que la organización haya cometido dos delitos de forma continuada durante los últimos diez años. Sí, es una ley draconiana, pero tiene la enorme ventaja de dar «herramientas de negociación» al fiscal ante cualquier matado; la ley ha funcionado excepcionalmente bien.

Por desgracia, España no tiene nada equivalente a RICO más allá de «colaboración con banda armada» o blanqueo de dinero; no sería una mala reforma para pedir. Pero ese es otro tema.

Lo importante, y central, es que la corrupción es increíblemente difícil de perseguir penalmente, en parte pero no exclusivamente porque nuestras leyes no son ideales para hacerlo. Es por eso que insisto tan a menudo que me importa poco si Camps, Pujol Ferrusola o familia son condenados en un tribunal; en España (y en todos los sitios: es un crimen complicado de perseguir en todos lados) es perfectamente posible hacer cosas completamente deshonestas sin ser condenable. No basta no ser un criminal para ser un político aceptable; el listón debe estar mucho más alto.

*: sí, me he inventado el término. En inglés hay una expresión específica para esta clase de gente, pero no recuerdo qué pájaro utilizan…