Economía

Por qué Apple debe perder la guerra

12 Jul, 2013 - - @egocrata

Karl Smith en Modeled Behavior tiene un artículo estupendo recordando una de las máximas de la innovación tecnológica y el crecimiento económico: las nuevas invenciones sólo tienen efectos realmente revolucionarios cuando caen en precio.

La idea es bastante sencilla: cuando una empresa innovadora entra en el mercado con un producto realmente bueno y muy por delante de sus competidores, suelen suceder dos cosas. Primero, la empresa (Apple, siendo el ejemplo de Smith en este caso) no tiene nadie que le haga sombra, así que puede poner precios elevados. Segundo, dado que son monopolistas de facto en un mercado que han inventado ellos, la empresa tiene unos beneficios excepcionales durante ese periodo de dominación. La empresa dominante no siempre tiene que ser la misma; lo importante, en este caso, es que mientras un sector está en la frontera de la tecnología, los beneficios y precios son altos.

Esto es estupendo si eres Steve Jobs o un accionista de Apple, pero es un arreglo bastante malo para el consumidor medio. En un mercado dominado por innovadores al límite de la frontera tecnológica, veremos márgenes de beneficios enormes, empresas intensivas en capital y salarios relativamente bajos. El sector de la telefonía móvil, sin embargo, va camino de perder estas características: un Samsung o Nokia de gama baja puede hacer ya un 90% de lo que hace un iPhone, pero a una cuarta parte del precio. Un mercado dominado con productos de este estilo tiene márgenes de beneficio mucho más pequeños uno de innovaciones solitarias; el dinero se gana con volumen de ventas, y eso equivale a bajos precios y producción extensiva (más mano de obra, más volumen), no intensiva.

Como señala Smith, tenemos una cantidad considerable de precedentes históricos en este sentido:

The expansion of the Middle Class in the 1950s and 60s came on the back of technologies, that were by then old hat. Tesla and Edison faught the War of the Currents in the 1880s and George Westinghouse got ridiculous rich backing Tesla. The bookish Rudolf Diesel published Theory and Construction of a Rational Heat Engine (to Replace All Steam Engines and Combustion Engines as They are Known) and Karl Benz got mega rich backing him. Alexander Graham Bell, by hook or if the stories are true – chiefly by crook – managed to keep most of AT&T (founded Bell Telephone Company, 1877) for himself.

Mass production of electric appliances, automobiles and ubiquitous telephone service were hallmarks of rising mid-century prosperity. The innovators of these technologies, however, were the insular tech geeks and moguls of the late 1800s and the parents of gilded-age trust fund playboys of the 1920s. Regular folks benefited when bruising supply chain operators like Maytag in 1950s or Samsung today drove down costs and rapidly expanded volume by insisting on cheaper, not better.

El plazo habitual para estas transiciones de juguete de ricos a tecnología de masas no es precisamente corto: en muchos casos hablamos de 30 ó 40 años. El Motorola DynaTAC, por cierto, llegó al mercado en 1984. La telefonía móvil está justo en la frontera de pasar de ser un lujo a un producto realmente de masas a nivel planetario.