Política

El círculo vicioso de los recortes en ciencia e investigación

4 Jul, 2013 - - @jorgegalindo

Ayer saltaba esta noticia a la palestra. El mensaje de fondo es claro: el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, probablemente la institución más capaz en lo que a ciencia se refiere en nuestro país, agoniza. Llevamos ya unos meses, por no decir años, con recortes sistemáticos en ciencia y tecnología. Aparte de la triste historia de hoy podemos recordar aquella iniciativa temprana contra los recortes en ciencia, el supuesto necesario rescate del CSIC, este pequeño ridículo, o esta visión desde dentro, además de las quejas desde Universidades varias. Sobre la importancia de la investigación y la ciencia básica para el presente y el futuro de un país se ha escrito mucho. La pregunta que hoy me rondaba la cabeza al leer la noticia sobre el CSIC es que, si es tan importante y si todos lo sabemos, por qué se recorta.

La verdad, no hay que ir demasiado lejos para encontrar respuestas. En una frase, recortar en ciencia es políticamente barato. Esto se debe principalmente a tres razones: el peso específico de la ciencia en España, la capacidad de articulación de los afectados, y los efectos difusos de dichos recortes. Voy a intentar resumir mi punto de vista sobre todos ellos de manera muy breve. Tómese esta nota como un primer intento, tímido y aventurado, de esbozar la economía política de los recortes a la ciencia* en España, con escasos datos y muchas intuiciones.

Los científicos en cualquier país son pocos, pero en España son aún menos. No me refiero a que tengamos menos investigadores en total, pero sí a que tenemos menos que ejercen como tal. Hasta ahora, y salvo las bajadas de salarios, la mayoría de recortes en ciencia han afectado a los que investigan de verdad. Me refiero a que cabe recordar que el sistema universitario español es un desastre endogámico en el que tenemos a un montón de profesores que son supuestos investigadores pero que en realidad centran sus esfuerzos en otros aspectos, o en áreas de la investigación poco o nada relevantes a nivel mundial, porque los mecanismos de selección en la universidad española así se lo permiten. No es a estos, con su asiento asegurado y pocas perspectivas de futuro, a quienes más afectarán los recortes, sino a quienes realmente dependen de fondos para lanzar proyectos día a día o año a año. A quienes necesitan ese dinero para lanzar becas y ofrecer a sus investigadores contratos temporales de investigación por proyecto.

Respecto a este último punto, cabe destacar por tanto que recortes en financiación afectan y mucho a los jóvenes que comienzan su carrera investigadora. A pesar de lograr coordinarse para ganar algo de voz en los medios y hacer alguna que otra manifestación, el mencionado colectivo no parece ser lo suficientemente amplio ni articulado como para poder lograr estructurar acciones de presión coordinadas. Es decir, no son un lobby relevante, lo cual podría compensar su pequeño peso relativo en términos de población o relevancia económica (la investigación en España es una parte del PIB bastante menor que en otros países OCDE).

Pero es que cabe preguntarse si, aunque se lograse constituir tal grupo de presión, el efecto sería realmente mayor. Recortar en ciencia seguiría saliendo muy barato porque el peso específico social y económico de la ciencia en España no es elevado. Es cierto que el CIS refleja que los profesores universitarios son una profesión altamente valorada en nuestra sociedad, pero de nuevo esto no se corresponde con los científicos e investigadores por el mentado problema del sistema universitario arriba mencionado. Intuyo que el investigador del CSIC tipo no es un profesor universitario que imparte saber y valores a los jóvenes en la cabeza de los ciudadanos, sino un chaval con bata blanca.  Además, la mayoría de investigadores del CSIC no dan clases. Son mejores investigadores que en la universidad y el entorno es más competitivo (lo cual, por supuesto, no quita para que el CSIC no sufra también de males de endogamia o burocracia excesiva). Lamentablemente, no he visto que el CIS haya preguntado nunca directamente ni por los científicos o investigadores ni por las Universidades o centros de investigación en sus barómentros, al menos no en los recientes. Esto de por sí, por cierto, ya da una idea del valor que otorgamos en España a la ciencia.

Y es que recortar sigue siendo barato porque los efectos de una disminución de inversión en investigación no se ven hasta al cabo de bastante o mucho tiempo, y son difusos y difíciles de medir. Mientras que quitar recursos a la sanidad o a la educación tiene un efecto inmediato y palpable (aunque ambos también tienen efectos a largo plazo), la investigación es un «y si». Más allá de las frases del tipo «un país que no innova está muerto» o cifras abstractas de la aportación de X euros de inversión al crecimiento del PIB en Y décadas, poco más pueden poner sobre la mesa los defensores de la ciencia.

Esto, a su vez, es un problema que viene de los propios recortes. Los recursos a la ciencia española habían venido aumentando desde hace un par de décadas, lo cual mejoró la posición de los investigadores patrios dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero al llegar la crisis las opciones ante las que se encontraba el Gobierno (tanto este como el anterior) eran las siguientes. Por un lado, frenar la fuente de recursos o no. Por otro, emprender las reformas estructurales que hasta ese momento no se habían hecho en profundidad aprovechando el contexto de crisis. Y el Ejecutivo decidió la vía política de menor resistencia, esto es, no reformar (para no ir contra los intereses establecidos entre profesores y Departamentos poco productivos) y recortar en ciencia antes que en otras cosas. Esta situación es la peor posible para el sector, porque dado que su mejora provenía del incremento de recursos, frenar el flujo equivale a pausar la evolución de un sector que ya estaba atrasado con respecto a nuestro entorno, que sigue creciendo.

En definitiva, lo que está decidiendo el Gobierno no es si recortar o no, sino dónde recortar. Con poca relevancia relativa tanto objetiva como subjetiva, efectos difusos a largo plazo, escasa capacidad para hacerse oír, los investigadores son una diana fácil y tentadora para un Ejecutivo cortoplacista. La tragedia de todo esto está clara: la ciencia española no es lo suficientemente fuerte y potente por la falta de recursos y reformas estructurales, y es esa misma falta de recursos y la actual situación de anquilosamiento la que permite recortar más, ahondando en ambas. He aquí el círculo vicioso.

 

*He buscado y no encontrado literatura académica al respecto. Cualquier sugerencia en los comentarios será bienvenida.