Política

Fragmentación: causas y consecuencias de la división interna del movimiento independentista catalán

19 Nov, 2012 -

El movimiento independentista catalán tiene una larga tradición de división. Desde la época de Pilar Rahola y Àngel Colom (con el PI), hasta la campaña electoral actual en la que hay cuatro partidos independentistas competitivos en escena (CiU, ERC, SI, CUP), pasando por el nacimiento y muerte de Reagrupament. Desde el movimiento independentista esta división se percibe como debilitadora; desde el bando contrario, sustentándose en el famoso lema “divide y vencerás”, esta división se ve con mejores ojos. Como comentaba el viernes la Decana de la Facultad de Economia de la UB y activista independentista Elisenda Paluzie, el independentismo catalán seguramente se hubiera beneficiado de haber construido una coalición soberanista en estas elecciones que Mas ha llamado plebiscitarias. Por lo menos ahora nos estaríamos ahorrando discusiones estúpidas entre CUPaires y gente de Esquerra, o entre convergents y gente de SI. Y el independentismo no tendria el riesgo de desechar votos como ahora, si CUP y SI no entran.

De entrada podríamos pensar que la fragmentación es la consecuencia de choques de ego, batallitas internas, localismo, o quizás hasta de verdaderas divisiones ideológicas –irreconciliables- entre todas estas facciones (léase, partidos) del movimiento independentista. Otra hipótesis es que esta fragmentación no es nada más que el resultado de cálculos racionales de los líderes de estas formaciones. Fotini Christia (Profesora de Ciencia Política en MIT) ha publicado recientemente un libro sobre las causas de la fragmentación de los grupos armados en conflicto. Siguiendo su modelo (y salvando las diferencias en el tipo de fenómeno que analizamos) podemos asumir que los lideres políticos son instrumentalistas y que quieren maximizar su cuota de poder una vez se ha conseguido la victoria política. Y podemos esperar que éstos harán aquellas coaliciones que les permitan tanto maximizar sus probabilidades de ganar como minimizar la cuota de poder a compartir tras la victoria. Es decir, los políticos (igual que los líderes de grupos armados) realizan cálculos para conseguir una minimum winning coalition y por ello no sólo tienen incentivos para coaligarse sino también para dividirse.

En el caso de los grupos armados, esto explicaría, por ejemplo, las múltiples divisiones y alianzas que han hecho a lo largo del conflicto los “señores de la guerra” en Afghanistan. En el caso que aquí nos incumbe esta lógica del minimum winning coalition también podría explicar perfectamente por qué CiU rechazó una coalición con SI/ERC en estas elecciones. Confiados en que conseguirán la mayoría absoluta, prefieren no tener que compartir después cuota poder con estos socios. La paradoja es que hay unaprobabilidad más que razonable de que CiU no logre la mayoría absoluta y que, por lo tanto, tenga que realizar pactos post-electorales con estas formaciones, que le darían potencialmente menos poder que si hubieran pactado ex ante. Tambien hay una cierta probabilidad de que los nacionalistas catalanes no consigan la mayoria en el Parlament, con lo que el proceso soberanista se veria mermado. Pero si los Convergents son buenos olfateando sus perspectivas electorales podemos pensar que su estrategia de rechazar una coalición soberanista ha sido perfectamente racional. Y lo mismo aplica a ERC y SI, que fueron incapaces de llegar a un acuerdo para competir juntos en estas elecciones (en este caso, parece que SI puede haber realizado los calculos mal, ya que la probabilidad de que entren no es muy alta).

Por otro lado, ¿cuáles son las potenciales consecuencias de la fragmentación? De entrada, como he comentado, desde el movimiento independentista se tiende a pensar que ésta es perjudicial para alcanzar al Estado propio y que la victoria de una coalición independentista lo habría hecho mucho más factible. A nivel intuitivo esto es así. De hecho, como apunté hace unos días aquí y aquí, la victoria en solitario de CiU no garantiza el proceso soberanista, a pesar de las promesas de Mas. Convergència i Unió no ha incluido independencia en su programa electoral, como resaltó hace unos días el líder de Unió Josep Antoni Duran i Lleida, y no está claro que el militante mediano de CiU quiera liderar un proceso independentista sujeto a muchas incertidumbres. Pero dentro de una lógica de negociación, una mayoría absoluta de CiU sí podría beneficiar la obtención de concesiones substanciales por parte del Estado como el Pacto Fiscal, al principal prioridad de los Convergents hasta hace dos meses. (Asumiendo, en este caso, que el gobierno central actúa de forma racional).

Como también apunté, una mayoría simple de CiU y una victoria de los partidos soberanistas en su conjunto puede ser el mejor escenario para el referéndum. Los convergents independentistas podrían realizar pasos adelante en el proceso soberanista con la excusa que ERC les está tirando del carro, y que les necesitan como socios. Y en este caso, podrían pasar varias cosas (no desarrollé anteriormente estos posible sub-escenarios, pero me lanzo ahora):

i) Se podría realizar el referéndum, que hubiera victoria del , España reconocerlo y conseguir la independencia (ergo, conflicto acabado);

ii) Se podría realizar el referéndum, que hubiera victoria del , España no reconocerlo, y entrar en un bucle de conflicto-negociaciones de final incierto;

iii) Se podría realizar el referéndum, y que hubiera victoria del no. Esto seguramente contendría el conflicto durante un tiempo (como ha pasado en Quebec);

iv) Que no hubiera referéndum, pero sí ciertas concesiones por parte del Estado.

Este último escenario es el más contra intuitivo. Y es que ante un movimiento independentista no cohesionado, ¿por qué haría concesiones el Estado central? Bueno, pues Kathleen Gallagher (Profesora de Ciencia Política en la Universidad de Maryland) ha mostrado que los movimientos de autodeterminación que están internamente fragmentados acaban consiguiendo más concesiones que los que están cohesionados. Esto es así porque el Estado utiliza las concesiones estratégicamente, para contentar unos sectores y debilitar a otros (en una lógica que ella denomina concede and rule, en oposición a la lógica divide and rule). Y como las concesiones no acaban el conflicto y se van acumulando, a la larga, los movimientos de autodeterminación van ganando terreno. Así, a pesar de una victoria fragmentada del independentismo, podríamos encontrarnos con un PP realizando concesiones a CiU, por ejemplo, a fin de debilitar a ERC. A pesar de que estas concesiones serían menos importantes a corto plazo que las que se conseguirían en el escenario de mayoría absoluta de CiU o en el de un movimiento independentista totalmente cohesionado, acumuladas en el tiempo podrían ser relevantes. Hay que tener en cuenta que a pesar de ello estas concesiones no acabarían con el conflicto porque, tal y como explica Gallagher, irían encaminadas a manipular el movimiento y no a resolver el conflicto latente. En este sentido, no creo que normativamente hablando sea este el escenario mas deseable.

En resumen, ni las causas ni las consecuencias de la fragmentación del movimiento independentista son obvias ni intuitivas. Por parte de los partidos del movimiento no es irracional fragmentarse. Y el movimiento fragmentado puede llegar a obtener mas que si estuviera totalmente cohesionado. Otro tema es la finalización del conflicto. En el escenario actual, parece que solamente el Pacto Fiscal o la Independencia llevaría a la fin del conflicto en Catalunya (y, de hecho, el Pacto Fiscal dejaría a un sector independentista descontento, así que tampoco quedaría la cosa resuelta al 100%). Pero si el gobierno central hace algunas concesiones mínimas para contentar a una parte del movimiento (por ejemplo, el ala moderada CiU), y esta parte del movimiento las acepta, el conflicto es probable que se enquiste y que sigamos oyendo hablar de derecho de autodeterminación y de independencia por muchos años más.