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La tragedia de Toulouse y la teoría de la conspiración

22 Mar, 2012 - - @jorgegalindo

Ahora que, al parecer, se ha confirmado que el autor de los asesinatos en Toulouse es de origen argelino y afirma tener motivos relacionados con la religión, ya he comenzado a leer en más de un comentario y más de tres sobre si todo esto no será una oscura maniobra de Sarkozy y su entorno para ganar unas elecciones que tenía perdidas. Una teoría de la conspiración más, cuyo marco teórico (por decir algo) suele referirse a la ‘doctrina del shock‘ de Naomi Klein.

La verdad, no puede calificarse de irracional pensar en tal situación. Al fin y al cabo, Sarkozy, en el Gobierno y a la derecha en un país que tiene claros conflictos con la inmigración magrebí relacionados con la religión musulmana, tiene todos los incentivos del mundo para provocar una situación como la que se vive en Toulouse (consideraciones éticas y morales aparte) antes de unas elecciones que, como decimos, se le presentan cuesta arriba.

Bien. Cada vez que esta idea aparezca en nuestra mente, o en alguna conversación, un truco útil es recurrir a las siguientes dos preguntas:

1. ¿Cuánta gente tendría que verse involucrada en la conspiración para que ésta funcionase? En el caso que nos ocupa, al menos hablaríamos del Presidente, el Ministro del Interior (y probablemente el Primer Ministro), el círculo cercano de asesores de ambos, el Jefe de la Gendarmerie, el comisario jefe en el área afectada, el encargado del caso, todos sus hombres, el supuesto acusado (que, a estas alturas de la madrugada, se estaría jugando el tipo por Sarkozy acorralado en un piso), su círculo cercano… Y más. Coordinar y alinear los intereses de todas esas personas es lo que debería conseguir una supuesta conspiración. Además de todo ello, una vez conseguido eso, hacer que ninguno de ellos cuente absolutamente nada a nadie de su entorno, bajo ningún concepto.

Suena difícil, ¿verdad? Este es el principal problema con los argumentos de conspiración: la coordinación y capacidad de silencio que exigen es tan grande que es altísimamente improbable. Más en una democracia, donde el poder está más repartido y los intereses dentro de las élites, más contrapuestos.

2. ¿Cuál es el coste para el supuesto beneficiario último de la conspiración en caso de que sea descubierta? Para Sarkozy, no solo la Presidencia que intenta revalidar, sino toda su reputación, política o no, la de buena parte de su partido, y consecuencias judiciales inimaginables.

Si (1) es grande, el riesgo de incurrir en (2) es alto.

Es sencillo. No es que las conspiraciones sean ilógicas o imposibles. Es que requieren de situaciones en las que solo sea necesario involucrar a muy pocas personas y cuyos intereses estén perfectamente alineados, lo cual genera los incentivos a cooperar para evitar un coste potencialmente alto. Estas situaciones, no hace falta decirlo, son tremendamente poco habituales. No parece que la tragedia de Francia vaya a ser una excepción. Quien pretenda insinuar lo contrario, que responda de una manera distinta a las dos preguntas anteriores.