Es bastante posible que a estas alturas mis lectores ya hayan tenido suficiente del tema Megaupload, pero es que el hype de hoy en las redes sociales es tan divertido que no tiene desperdicio (y además tengo a varia gente preguntándome por Facebook, y con un artículo me ahorro responder varias veces): resulta que, al parecer, Megaupload ha sido cerrada víctima de una conspiración, ya que iba a reventar el mercado discográfico. ¿Cómo? Poniendo una tienda online en la que los artistas podrían subir su música para que fuese adquirida por todos cualquiera… siendo que los artistas se iban a llevar un 90% de los beneficios.

Alucinante, ¿eh?

Sí, tanto que solo lo han hecho cientos de bandas hasta ahora. Y aún diré más: con un 100%, ni más ni menos. Hoy en día el almacenamiento es baratísimo y hasta se adapta al número de archivos descargados (véase Amazon S3 o EC2, sin ir más lejos), sin que sea un coste fijo. Diseñar una web… bueno, WordPress es gratuito y no, no vale solo para montar blogs. No sé, cosas tan grandes como Radiohead o tan pequeñas como Obadiah Parker llevan años haciéndolo. Cualquiera puede poner su disco a descarga especificando un precio determinado (o su libro, o lo que sea) a poco que tenga un primo que sabe de informática, o ni eso, en una semana aprendes. ¿Ahora resulta que Megaupload iba a revolucionar el mercado y a fastidiar a las discográficas haciendo eso mismo? OK, algo como lo descrito en el artículo haría más sencillo y barato aún el proceso, pero en serio, la diferencia marginal no
sería tan grande, y se perdería con la nefasta imagen pública (reconozcámoslo, el universo Megaupload era como el porno: todos lo han usado alguna vez pero la imagen pública es negativa).

Hay un posible contraargumento a lo que digo: la idea de MegaBox (o como demonios se llamase) era la de una web centralizada donde poder buscar música sin tener que saltar de página en página. Bueno, hasta donde yo sé nada te impide autoproducir tu propio disco con tu propio sello discográfico (montar una SL en España son 3.600€, y es de los países caros, oiga), no sacarlo en formato físico sino solo en digital, ir a cualquiera de las tiendas de música online disponibles y disfrutar de los beneficios. [Y, como me recuerda un lector, ya hay servicios bastante cercanos (o idénticos casi) a lo que se proponía Megaupload. Ejemplo: Bandcamp, que yo uso ocasionalmente para descubrir música].

Claro, pero financiar la grabación y la promoción del disco es difícil si uno lo hace por sí mismo. Y he aquí donde vemos por qué las discográficas existen, aparte del obvio hecho de que aún hay mucha gente (mucha, aunque el número total baje cada año) que compra discos en formato CD. Una discográfica es un intermediario que conoce el mercado en que te estás metiendo como grupo, que lleva a otros como tú, y que es capaz de encontrar a quién, cómo y dónde ha de promocionarte. Y, a la vez, puede hacerse cargo del riesgo que supone incurrir en los costes de la grabación de tu disco (digamos que es más fiable ante el banco que tú).

Y esas son las razones por las que existen discográficas aún, intuyo. No digo que sean válidas: es probable que un grupo, o una «cooperativa de grupos» de un mismo estilo, puedan alcanzar resultados más eficientes tanto para conseguir estudios de grabación y financiarlos como para autopromocionarse. Digo que son esas, hoy por hoy, y ahí radica su poder de mercado. No en que unos tíos decidan o no poner disponible un servicio que lleva años al alcance de cualquiera con un mínimo de pericia digital.

Bola extra: parece que aún había más, y es que el 10% que no iba para los artistas que cobraban iba para…

La idea de MegaBox es que gracias a ese 10% que no va para los artistas se podría pagar a los que decidiesen poner su música gratis. Es decir, un equilibrio entre los que cobran por sus obras y ganan mucho y los que la ofrecen gratis obteniendo un pequeño premio a cambio.

Estupendo. ¿Y entonces qué demonios ganaba Megaupload con todo esto? ¿La alegre difusión de la cultura a través de su plataforma? Quizás es que pensaban cobrar una cuota fija a los artistas y grupos. En ese caso, cualquier posible ventaja frente a los usos arriba propuestos se minimizaba aún más.