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Política electoral valenciana: una guía básica

21 Ene, 2012 - - @jorgegalindo

Sí, soy valenciano, aunque ahora no ejerza por estar en el exilio, y tampoco hable demasiado de mi tierra aquí. Pero sí lo hago en otros sitios. A la gente de fuera suele sorprenderle la situación política la Comunitat, y algunos (varios) me preguntan tanto por Twitter como en los comentarios. Como digo, este tema lo he tratado en artículos de otros medios. Así que permítanme hacer un poco de refrito de enlaces para intentar ilustrar la política valenciana.

La primera pregunta que le surge a todo el mundo es por qué el PP arrasa sistemáticamente a pesar de los casos de corrupción y las, digamos, fundamentadas dudas sobre la calidad de su gestión. En este análisis sobre la evolución electoral de la Comunitat lo explico (también tengo una versión para la ciudad de Valencia). Cito:

Primero, el PP aprovechó la coyuntura existente entre 1991 y 1995: la crisis económica y de la marca PSOE, y la falta de un discurso identitario claro del PSPV. A esto se unió la alianza tácita primero y explícita después con la potencia emergente, Unió Valenciana, quienes, desde posiciones conservadoras y anticatalanistas, sí podían crear dicho discurso identitario. Y, por último, Eduardo Zaplana, un candidato carismático y aparentemente joven que parecía encarnar el futuro, frente a un Joan Lerma que arrastraba desgaste por el gobierno.

Después, a partir de 1995, absorbieron de facto a Unió Valenciana y a la parte menos radical de su discurso. Además, se aprovecharon enormemente de la expansión económica que se producía en España, centrada en los sectores de la construcción y el turismo, en detrimento de la industria. Puesto que en Madrid gobernaba Aznar desde 1996, llevar planes adelante no supuso problema alguno. Y, frente a esto, en el PSPV cristalizó la lucha interna en torno al eje identitario y a «familias» dentro de la organización, que se plasmó en las fallidas Primarias de 1998, cuando Joan Romero se vio forzado a dimitir como candidato y Secretario General.

A partir de aquí, se dibuja un escenario en el cual la derecha está unida y cohesionada, tanto en propuestas, como en organización política y en concentración del voto, frente a una izquierda que no es capaz de coordinarse en ninguna de las tres áreas.

Y ese escenario se mantiene hasta más o menos hoy. En este artículo de El País de mayo, preelectoral, decía:

Los populares valencianos tienen un proyecto para la Comunidad Valenciana. Es claro y reconocible, coherente con su discurso y sus medidas desde que llegaron al poder en 1995. El principal partido de la oposición está justo en las antípodas. Durante los últimos veinte años el PSPV se ha venido convirtiendo en un grupo que mira hacia adentro: no hay un liderazgo definido, proyectan constantemente una imagen de desunión interna, y ni tan solo han conseguido definir su postura respecto a la identidad valenciana. Los mensajes lanzados al exterior no están coordinados, no destilan un proyecto claro y definido para la región, sino que van a rebufo de la actualidad.

Sin embargo, este proyecto se está resquebrajando. En el análisis postelectoral en el mismo periódico apuntaba:

(…) es cierto que la derecha ha revalidado su mayoría absoluta incluso bajo la firme sospecha de la corrupción. También lo es que el PSPV se ha hundido por debajo de la barrera del 30%, perdiendo cinco escaños. De hecho, la caída socialista ha sido de 170.000 votos, ni más ni menos. Pero, y presten atención a esto, el PPCV ha perdido 70.000. Y es la primera vez que esto sucede: los populares no habían parado de crecer desde 1991. El asunto es importante: se han quedado en el 48,5%, dos puntos por debajo de su peor resultado en las encuestas.

Y en las Generales volvió a pasar (postelectoral de noviembre en El País). No es solo Gürtel. Del preelectoral de noviembre para EP:

Los populares valencianos son identificados con el modelo económico basado en turismo, eventos y, sobre todo, construcción, lo cual les carga con una parte de la culpa de la crisis ante el electorado. Culpa que crece al mismo ritmo que aumenta la diferencia entre la tasa de paro nacional y autonómica. La relación con la dimisión de Camps y los problemas de corrupción es demasiado directa como para apoyar un crecimiento de votos, y fuerza al PPCV a una campaña de bajo perfil para evitar exponerse.

¿Por qué no cae más el PP? Por un lado, porque su base social está muy, muy consolidada. Están en todas partes: Ayuntamientos, agrupaciones festeras (muy importantes para el tejido social valenciano), de amas de casa, de vecinos, por supuesto en la propia Administración. Pero aún más importante es el hecho de que no hay alternativa. El PSPV, simplemente, no levanta cabeza desde hace una década y media. Del mismo análisis postelectoral de noviembre que enlazaba arriba:

¿Quién hará las veces de oposición? ¿Quién será el contrapeso para las medidas liberal-conservadoras? A buen seguro, un buen puñado de miembros del PSPV quieren que sea su partido, como resultaría lógico. Pero, siendo realistas, ni su situación interna ni su presencia institucional se lo van a permitir en los próximos años: poca representación parlamentaria y mediática, y un fuerte debate entre corrientes ideológicas. Así pues, quedan EUPV y Compromís. Ambos optarán por continuar su actual estrategia de mantener un pie en las instituciones y otro en la calle. Su discurso, radical sin ser extremo, parece haberles brindado unos buenos resultados electorales, si bien no excepcionales habida cuenta de que no han podido absorber ni la mitad de la pérdida del centro-izquierda socialista. Así las cosas, su situación es menos fuerte de lo que podría parecer, con varios apoyos «de prestado» y otros que no alcanzaron a conseguir.

Pero lo triste para la oposición es que el PPCV ni siquiera ha de preocuparse demasiado por responder a estas críticas, porque al venir de una izquierda lejana al centro, no afectan en ningún caso a su base de votos. Por tanto, podrá seguir adelante con su programa, con el horizonte electoral a cuatro años vista y cada vez menos afectados por la gestión del equipo de Camps.

De hecho, ahora mismo, Fabra está rehaciendo el equipo de gobierno de manera discreta, librándose de la gente de Camps y poniendo a los suyos (el último, nuevo Conseller de Economía, Máximo Buch, con perfil corporativo y MBA – cosa que no me gusta, por cierto). Mientras el PSPV sigue deshaciéndose: Alarte, actual ¿líder?, no tiene ni de lejos suficientes apoyos dentro del partido para mantenerse en la Secretaría General. Parece que van a haber al menos cuatro candidatos: el propio Alarte, Ximo Puig (ala más «nacionalista» y de Castellón, heredero de la tradición de Joan Lerma), Manolo Mata (abogado valenciano que mezcla la cercanía personal con guiños a la Verdadera Izquierda y un estilo más bien urbanita, dentro de lo que cabe en una tierra como la mía) y Francesc Romeu (funcionario de carrera, que busca sonar fresco y recuperar las bases de la socialdemocracia). Ninguno tiene una clara mayoría, por supuesto. Ninguno es un líder
nato (aunque Mata y Puig tienen comparativamente más carisma). Ninguno tiene un discurso bien construido y coherente con lo que les podría poner a competir con el PP (me da la impresión de que especialmente Romeu y Mata miran más hacia la izquierda, a Compromís, para buscar votos).

Mientras, pasa el tiempo, el PP se irá rehaciendo aún con los desgastes de los recortes. Si para dentro de cuatro años la situación económica ha mejorado, y la única oposición real ha estado en las calles y en Compromís/EUPV, el PSPV puede ser definitivamente un no-partido, y el PP seguirá entre el 40% y el 55% de los votos. Visto lo visto, este escenario es más probable que un resurgir socialista en un grupo coherente, con un discurso bien articulado, un argumentario sólido y una capacidad comunicativa original y potente basada en una estrategia decidida. De hecho, para acabar, les voy a ser sincero: solo de escribir esto último me entra la risa floja.